Archivo mensual: abril 2009

John Fogerty en Murcia, quién lo iba a decir

Gracias a las maravillas de las nuevas tecnologías, ayer salieron a la venta las entradas para los conciertos de John Fogerty en España, y mañana las tendré en casa. Así que ya tengo un buen plan para este verano. Montaré en la “jargoneta” a la familia y nos iremos al festival de jazz de San Javier (Murcia), si la gripe porcina no lo impide.

Ser aficionado a la buena música en Cantabria implica ser aficionado a los viajes, porque la oferta de buenos conciertos no es que sea escasa, sino que es lamentablemente inexistente ( ha habido notables excepciones, pero no estoy por la labor de esperar otro Año Santo para ver algo digno de mención). Tengo que decir que en este aspecto nuestros vecinos vascos nos dan sopas con honda, pero bueno, si aquí no llega ni el AVE, menos van a venir los Rolling Stones.

Si nada lo impide, cumpliré un sueño que tenía descartado, porque este ilustre músico californiano, que cuando toque por primera vez en España tendrá 64 años, nunca se había dejado caer por lugares más o menos accesibles.

Algunos de los que estáis leyendo esto os preguntaréis quién es el tal Fogerty. Espero que si os digo que fue el alma mater de los Creedence Clearwater Revival, una de las bandas de rock más importantes de la historia, lancéis un sonoro “¡Ah, ya !”. Si no es así, lo siento mucho por vosotros.

En todo caso, incluso aquellos que no sabéis de quién estoy escribiendo, seguro que habéis movido las “patucas” en más de una ocasión con algunos de sus éxitos, porque la música de “Los cridens” (que es como se conocen en los ambientes ejpañoles) es universal, y no recuerdo ninguna gran película ambientada en el Vietnam que no haya utilizado parte de su sonido en la banda sonora, desde Apocalypse Now hasta Forrest Gump.

La carrera de los Creedence fue tan corta como intensa, pues publicaron sólo siete Lp’s entre 1968 y 1972, pero su fama fue y es universal, y en EEUU son una auténtica institución. Tras la separación, la carrera individual de los miembros no tuvo la misma repercusión, aunque Fogerty ha seguido sacando trabajos, de forma más o menos irregular, y de enorme calidad.

Su música, es básicamente rock’n roll, pero con una enorme influencia del swamp blues (música tradicional de la zona de Baton Rouge en Louisiana), y del country. Música sencilla (aparentemente), pero rebosante de talento y ejecutada con una precisión y un sentimiento que ya quisieran muchos de los que se consideran virtuosos.

En un momento en que la peña estaba prácticamente colgada de tripis y escuchando a bandas como Grateful Dead (psicodelia pura, que, como ocurre con las modas, ha envejecido fatal), los Creedence eran considerados por los ignorantes como una especie de paletos horteras, con sus melodías simples, sus arreglos musicales desnudos de efectos y sus camisas de leñador.

Pero en el arte no hay mejor criba que la del tiempo, y la música de los Creedence, sincera y directa, llena de referencias tradicionales, se conserva fresca como si se hubiera grabado ayer, mientras que la de muchos de sus coetáneos (especialmente progresivos y psicodélicos) huele a formol que tira para atrás. Eso sin contar que mientras los “modelnos psicodélicos” andaban cantando sus paseos por nubes de mermelada, Fogerty lanzaba duras diatribas contra la guerra de Vietnam y las responsabilidades de los políticos de su país en la muerte de tantos jóvenes de las clases menos favorecidas.

Los Creedence forman parte esencial de la banda sonora de mi vida. Desde que tuve su primer disco -regalo de mi doceavo cumpleaños- comprado por quien era entoces el marido de mi hermana Ana, Xesús Vázquez, (gracias sinceras, Chuchi, no lo olvido), en el Drugstore de Santander-, me han acompañado siempre, y hoy es el día que, con mi hijo o con mi grupo, todavía disfruto haciendo caseras versiones de sus enormes temas: Born on the Bayou, Green River, Fortunate Son…y tantos otros.

Así que si nada lo impide (cruzo los dedos), este verano podré escuchar en directo la voz increible, áspera como la lija, y la extraordinaria guitarra de uno de esos talentos que nacen muy de tarde en tarde. Sólo de pensarlo me entra una agradable y excitante sensación de ansiedad.

Ahí os van dos buenos ejemplos. La versión original de Fortunate Son, y una versión reciente (de un concierto de Fogerty de hace escasos años) de la enorme Born on the bayou. Si no os gusta debéis hacéroslo mirar, aunque mal arreglo tiene.

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Como mola ser de izquierdas

Ayer tuvimos sesión maratoniana en el Parlamento; de ésas que te hacen “sufrir las hemorroides en silencio”. No entraré a comentar los temas que se trataron, porque de ello hay cumplida cuenta en los medios de comunicación. De lo que sí me apetece hablar es de lo cómodos que se ve a los regionalistas, que acaban de descubrir el pensamiento de izquierdas. Incluso Revilla se ha manifestado como admirador de Che Guevara, al que supongo que ha descubierto a raiz de la película de Steven Soderbergh, dado lo reciente del alumbramiento. Tiene que dar mucho gusto eso de ser de izquierdas, no saberlo, y de repente, ¡zás!, descubrirlo. ¡Pero si yo era de izquierdas de toda la vida, coño, y ni me había dado cuenta!.

Hubo un tiempo (hace mucho, por cierto) en que el pensamiento de izquierdas estaba bastante elaborado. Ya sabéis, el materialismo dialéctico y tal. Una cosa compleja, oye, que había que leer un montón. Era un coñazo, pero se ligaba bastante. 

Gracias a Dios o al destino, de un tiempo a esta parte (básicamente desde el XXVIII congreso del PSOE de 1979, cuando Felipe González dijo aquello de “hay que ser socialista antes que marxista”, ante la estupefacción de los que nos habíamos leído “El Capital” sin anestesia), el pensamiento de izquierdas es mucho más llevadero.

Es algo más ligerillo y tiene sus ventajas. Es como jugar en casa con un arbitro indisimuladamente casero, ya que en “Ejpaña” ser de izquierdas otorga, en si mismo, una placentera “superioridad moral”. Tanto da que seas un probado filántropo, como que seas el mismísimo Robaperas, si eres de izquierdas ya tienes todo a favor.

Al contrario, ser de derechas es una putada. Si eres de derechas estás bajo sospecha y te verás apelando a la presunción de inocencia cada dos por tres, lo que es una lata y te pone siempre en una posición de sospechoso habitual que muchos no llevan nada bien (otros lo hemos superado, aunque con ayuda de psicólogos, evidentemente).

Sigamos con esta tésis: los Revillistas (también llamados regionalistas) no tienen un pensamiento político muy elaborado, para qué nos vamos a engañar. De hecho se resume en algo así como “yo quiero más que nadie a Cantabria, porque lo digo yo y punto”. Es un pensamiento “abierto”, por decir algo, ya que se puede apuntar cualquiera, y de hecho se apunta cualquiera. A partir de tal premisa, lo mismo da que se te vea la camisa de falange o que se te asome la hoz y el martillo, o que lo que se te vea  seael interés, como a Andrés.

Como todos los organismos evolucionan, (que dijo Darwin), hacia la complejidad (que eso lo digo yo, aunque no sea muy ciéntifico), este pensamiento regionalista primigenio, es decir, de estado protozoico, se ha visto enriquecido recientemente gracias a la unión espiritual (y material) con los socialistas.

¿Tiene ventajas intelectuales tal unión?, me pregunto y os pregunto. Pues evidentemente sí, os contesto.

La primera y evidente ventaja es que, a diferencia de aquellos regionalistas de derechas (es decir, los de ahora, antes de “La Revelación” del año 2003), éstos nuevos regionalistas de izquierdas (que como dije son los mismos aunque con amnesia selectiva), tienen esa “superioridad moral” que da ser de izquierdas, y eso, nos guste o no, pues como que es un alivio, y mola bastante.

La segunda ventaja, es que el nuevo regionalismo tiene, gracias a esta fusión ideológica, una sin par complejidad, que supera ampliamente la simplicidad originaria. Así, el regionalista de izquierdas no es ya sólo un individuo que “quiere más a Cantabria que nadie porque lo dice él y punto”, sino que, además, sabe que la culpa de los problemas económicos, sociales y hasta deportivos que aquejan a nuestra sociedad, tienen su origen en “la guerra de Irak”, asumiendo así el eje central del pensamiento político de la izquierda (que desde que no lee a Marx se ha quitado de encima un problema).

Queriendo a Cantabria más que nadie y teniendo la certeza de que la culpa de la gripe porcina o de que suba el pan es de la guerra de Irak, han conformado un corpus de pensamiento político breve, pero que da muchísima envidia.

Es un corpus más bien anoréxico, pero tiene el encanto de lo sencillo y es muy resultón. Además evita tener que acometer análisis más o menos tediosos, y uno no está ya para perder el tiempo con los de las subprime, los mercados financieros o la crisis de demanda.

Un buen exponente de lo que digo fue la intervención de la Diputada regionalista de izquierdas, Alodia Blanco, que nos demostró en su intervención en el Pleno, que la culpa de la situación actual de crisis y paro, es de “sus políticas neocón y de la guerra de Irak”. El “sus”, dicho con mucho énfasis, iba dirigido a la bancada popular.

Lo dicho, ¿para qué entrar a más análisis ni profundidades, estando clara la cosa como el agua cristalina?. Si hubiese sido una Diputada socialista podría haber añadido, “y culpa también de Franco”, pero los regionalistas de izquierdas no son tan de izquierdas, y no se meten en esos berenjenales no se vaya a enfadar la familia.

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Hay que desterrar a los mentirosos

Es mucho más agradable escribir sobre cualquier tema, más o menos intrascedente, al que se pueda aplicar un gramo de ironía, que sobre lo que voy a escribir, pero las cosas son como son.

Hoy se ha publicado la Encuesta de Población Activa y sus datos son escalofriantes. Si las cosas no cambian en los próximos meses la situación puede tornarse de emergencia nacional, porque una caída de estas características, producida en un periodo de tiempo tan corto, no creo que tenga precedentes.

Estamos en abril y hemos superado ya los cuatro millones de parados, y nuestra tasa de paro está ya en un 17,36%. Justo el doble que la media de todos los países europeos que, sin embargo, padecen la misma coyuntura económica que nosotros.

Cantabria no va mejor, ni mucho menos. Supera (en términos positivos) la media en tasa de paro, lógicamente, si tenemos en cuenta que hay regiones como Andalucía con una tasa del 24%, Canarias con un 26%, o Extremadura con un 21%.

La destrucción de empleo es enorme, porque la tasa de actividad apenas ha variado al alza.

En nuestra región estamos cerca de un 100% de variación interanual, es decir, en un sólo año hemos duplicado el número de parados. Yo algo así nunca lo había visto.

Cierto es que hemos tenido tasas de paro superiores (con el gobierno socialista de González llegamos a más del 23%). Lo inédito, lo absolutamente aterrador, es que en sólo un año de crisis económica hemos liquidado un camino de convergencia que había costado prácticamente catorce años. No se crea empleo con la misma facilidad con que se destruye, desgraciadamente.

Ayer en la Presentación del Anuario de Cantabria, Revilla volvió por sus fueros, y dijo lo que tantas veces le hemos escuchado: “aquí lo que sobran son los agoreros”. Es decir, los que predicen desdichas sin fundamento.

Sé que lo ha dicho por nuestro Partido, eso es evidente. Lo que ocurre es que aquí ha habido dos comportamientos, y ninguno podría ser calificado de “agorero”. Ha habido quien ha mentido (y sigue mintiendo) hasta la náusea. Quien ha negado la evidencia, quien ha insultado al que predecía con acierto lo que venía, quien se ha agarrado y sigue agarrándose a cualquier falsedad con tal de seguir engañando; y, por otro lado, quien ha dicho la verdad, porque era evidente, porque se pronosticaba por decenas de informes, y porque los indicadores eran implacables. Aquí no hay agoreros, lo que hay es políticos que mienten y políticos que dicen la verdad.

No se puede tratar a los ciudadanos como a idiotas, ni como a niños (de hecho, los idiotas tratan a los niños como si fueran idiotas, y no niños)

Los ciudadanos son la parte esencial del problema y, sobre todo, las víctimas de la situación, por tanto merecen y deben saber la verdad. Y quien tiene responsabilidades públicas tiene además la obligación ineludible de decir la verdad, aunque sea , esta vez sí, una verdad incómoda.

Yo no voy al médico a que me engañe, y menos aún podré curarme si ,en vez de darme un diagnóstico duro, pero fiable, me dice que tengo un resfriado. Sólo se engaña a los terminales, y ni siquiera todos ellos quieren ser engañados. No creo (y desde luego espero) que la situación económica sea terminal, que es lo único que podría justificar a duras penas un engaño.

Zapatero, Revilla, Gorostiaga, Agudo y compañía, llevan un año entero mintiéndonos. Nos han dicho de todo menos la verdad. Y ya, de paso, han insultado al que ha cumplido con su deber moral y su responsabilidad política, es decir, a quien ha dicho las cosas como son.

Lo malo de las mentiras es que necesitan sustentarse en los comportamientos, y ahí viene lo grave: si digo que no pasa nada, lo demuestro no haciendo nada especial. Por lo que nos encontramos con una forma de gobernar y unos presupuestos que son el sostén de esa mentira. Seguimos despilfarrando, seguimos siendo cicateros con las políticas de empleo, seguimos a lo nuestro, en definitiva, porque aquí no pasa nada. ¿Cómo vamos a tomar medidas contra lo que no ocurre?.

A mi no me gusta desterrar a nadie, pero si hay que desterrar a alguien es a los mentirosos. A los Zapatero, Agudo, Revilla, Gorostiaga y compañía. Pero es un destierro simbólico y enormemente oportuno: un destierro de las tareas de gobierno.

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¡Por fin tengo mi viñeta!

la verdad es que me ha hecho ilusión. Por fin tengo mi viñeta, publicada hoy en el Digital cántabro “El Faro de Cantabria”. Así que no me puedo resistir a contribuir ,modestamente a su difusión.

ho22-04-09

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Díganme, amables colaboradores, ¿tengo yo esa barriguilla? (me temo que sí),  lo digo porque, si no encuentro palabras de ánimo, hoy mismo recupero mi dieta, abandono las cervezas, el chocolate, las galletas…en fin, abandono la alegría de vivir (al menos hasta el verano)…y empiezo a buscar la portería, que por algo se empieza.

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En respuesta a la tesis de la mala suerte

Entrada remitida por un buen amigo y colaborador.

Autor: Un fan de Isabel Coixet.

Estoy tentado de suscribir tu tesis sobre la mala suerte, porque es cierto que este gobierno y su presidente se parecen cada vez más a una película de Jacques Tati (por no mencionar ya a Rowan Atkinson). Pero cuando me acuerdo de las últimas elecciones tengo que terminar por descartar la suerte como factor decisivo. Sin llegar al grado de crueldad de los que sostienen eso de “a disfrutar de lo votado”, tampoco cabe engañarse.

Es cierto que hace falta una reflexión muy seria, sin prejuicios y poniendo la responsabilidad por delante de todo lo demás en lo que se refiere al mercado laboral. De hecho, debería haberse hecho hace mucho tiempo. Durante la última década hemos apostado por un mercado laboral basado en la baja cualificación y productividad, asistido en una gran parte por una política de inmigración voluntariamente ciega (o por lo menos, tuerta). En su momento algunos intentaron abrir ese debate, pero rápidamente se echaron atrás ante el recurso fácil a la acusación de xenofobia y racismo. Ahora ya es tarde.

El debate no sólo debería centrarse en lo más obvio del mercado laboral: las modalidades de contratación, indemnización por despido, negociación colectiva, etc. Debería ir mucho más allá y empezar por revisar los propios cimientos del sistema educativo que ha convertido la expresión “generación LOGSE” casi en un sinónimo de analfabetos funcionales. Seguir por cómo se trabaja (y no sólo cuánto) y buscar fórmulas para potenciar la movilidad geográfica o la conciliación de la vida familiar, entre otras muchas cosas. Y sí, llegar a la madre del cordero, que es en lo que todo el mundo está pensando. Por mi parte, creo que la propuesta que acaba de lanzar un grupo de expertos—establecer una única modalidad contractual por término indefinido y cuya indemnización sea creciente según aumente la antigüedad del trabajador en el puesto—va en la buena dirección. Lo que supone, en la práctica, mayores garantías para el empleador en las fases iniciales, en las que el riesgo de no amortizar la inversión es más evidente, y para el trabajador en cuanto a su consolidación en el puesto a medida que desarrolla sus capacidades y experiencia y esto se refleja en la indemnización que merece. Debería tratarse de unificar la maraña legal que existe en torno a la contratación laboral, con infinidad de modalidades—por no hablar de subvenciones y programas dirigidos a colectivos muy concretos—que en la práctica no hacen sino interferir unos en otros y potenciar una rotación exagerada y a la larga antieconómica en los puestos de trabajo. Origen éste del diferencial de temporalidad bochornoso que nuestro país presenta con respecto a otros de la UE. Pero tampoco cabe engañarse. O crearse expectativas desmedidas con respecto a los efectos mágicos de las reformas en el mercado de trabajo.

Hay un hecho básico: por muy flexible que sea el marco legal y muy barata la indemnización por despido, un empresario no va a contratar a nadie que no necesite. Ahí está el caso chino, que en el último semestre ha producido más de 8 millones de desempleados pese a tener un sistema en absoluto proteccionista del empleo. El problema económico que se nos plantea ahora mismo, y que es de una gravedad desconocida hasta el momento en la economía española, no viene sólo por el lado de la oferta de factores de producción: tierra, trabajo y capital. La reforma del mercado del suelo ya se acometió en 1998 y, desde mi punto de vista, sólo dio como resultado un alivio provisional—en muchos casos más que un alivio: una euforia—en las haciendas locales, pero no evitó la burbuja inmobiliaria. Ahora mismo es ya un aspecto pasado a un muy segundo plano. Y junto con la del trabajo, otra reforma que me parece aún más necesaria: la del capital y los mercados financieros, que literalmente se nos están viniendo abajo. Es decir, no estamos ante una crisis exclusiva o principalmente por el lado de la oferta, sino de la demanda: una crisis de modelo productivo. Durante décadas nos hemos especializados en automoción, servicios ligados al turismo o al consumo interno y, especialmente, en el ladrillo. ¡Tres en raya! A eso sí que le llamo yo mala suerte. Porque se nos ha hundido el modelo productivo y no tenemos un recambio: ¿a qué nos vamos a dedicar los españoles, qué vamos a producir? Incidir sólo en reformas que actúen por el lado de la oferta y no de la demanda nos puede llevar a la paradójica situación de la crisis de 1866: llenamos un país de líneas ferroviarias hasta para ir a comprar el pan y luego resultó que nadie pensó en producir mercancías que transportar en esos ferrocarriles. Ejpaña berlanguesca.

De todas formas, tampoco hay que dramatizar nuestra situación. En el gobierno nacional podemos tener a ZP que, vale, a lo mejor la economía no es su fuerte. Pero aquí tenemos a Ángel Agudo, lo cual es una garantía frente a situaciones como la que desvela hoy “El Economista”: ayer Miguel Ángel Fernández Ordóñez desveló “confidencialmente” (qué jachondo el tío) a algunos diputados que había siete cajas de ahorro que necesitaban una urgente reestructuración y a las cuales, ante la gravedad de la situación, el Banco de España pedía informes diarios sobre los movimientos de sus depósitos. Se trata de Caja Duero, Cajasur, Caja Rioja, Caja España, Caja de Ahorros del Meditérraneo (CAM), Caixa Catalunya y… Caja Cantabria. Fuente de la noticia: http://www.eleconomista.es/empresas-finanzas/noticias/1184690/04/09/El-gobernador-desliza-una-lista-de-siete-cajas-que-deben-ser-reestructuradas.html

En otras circunstancias estaría más que alarmado, pero teniendo al inefable consejero Agudo y su tropa al frente de nuestras finanzas regionales (“Señor Agudo: míreme a la cara”) me puedo arrebujar en el sillón en medio de una calma beatífica. ¿A que te quedas más tranquilo?

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Mala suerte

No se puede negar que la situación es complicada, muy complicada. Pero es que hemos tenido mala suerte. Cualquier gobierno, incluso el mejor imaginable, tendría ante sí un reto especialmente difícil; pero es verdadera mala suerte que, justo cuando estamos en manos del Presidente más incompetente y cerril de la democracia, se nos venga encima una crisis espeluznante.

Mucho me temo que las clases de economía que Jordi Sevilla le iba a dar en “un par de tardes” son insuficientes para salir de ésta.

De momento, la táctica de Zapatero y su gobierno se limita a dar patadón a seguir. Como los malos jugadores de futbol, se quitan los problemas de encima por el nada sutil método del pelotazo a donde vaya. Y ese pelotazo metafórico consiste en generar déficit a la espera de que las cosas vayan a mejor. Lo malo es que la ley de Murphy dice que lo que puede empeorar inexorablemente acaba empeorando, y ese axioma se cumple siempre.

Hay muchas voces cualificadas que hablan de la necesidad de un gran debate nacional sobre reformas en el mercado de trabajo. El Gobernador del Banco de España, Aznar, y, ahora el propio Jordi Sevilla (sorprendente incorporación a este postulado) hablan de que, cuando las cosas están como están, es necesaria la reflexión y el cambio de políticas.

Inmediatamente surgirán los demagogos con las habituales consignas panfletarias: ¡qué viene la derecha con el despido libre!. A ese mensaje se unen indefectiblemente los grandes sindicatos, que tienen una buena parte de responsabilidad en hurtar a la sociedad un debate que no es sólo necesario, sino que es urgente porque la situación, si no cambia en los próximos meses, va a ser de auténtica emergencia nacional.

Algo ocurre en nuestra regulación laboral si, con una caída del PIB similar a la del conjunto de los países desarrollados, mandamos más de 6.000 trabajadores al paro diariamente. Puesto que sólo ocurre en España, el problema es intrínseco a nuestro modelo.

Hay dos formas de abordar esta situación: la sensata, que es plantear del debate, analizar el conjunto de los factores y acordar de forma responsable aquellas medidas que nos permitan corregir la situación, por complejas que sean, por duras que parezcan y por impopulares que resulten; o la insensata, que es seguir gastando el dinero de la hucha, hasta que en la hucha no quede nada, y negar a una sociedad madura un debate sin tabúes y sin condicionantes.

La única política social posible y viable es el mantenimiento del empleo. No nos engañemos, todo el sistema se cimenta en el mantenimiento de determinados niveles de empleo, empezando por el conjunto de los sistemas de protección social, pensiones incluídas. Lo demás -el gasto en base al déficit- tiene una inquietante fecha de caducidad.

Los socialistas son incapaces de reconocer que la actual política de mantener (e incluso incrementar) prestaciones a toda costa, y de proteger el empleo por real decreto, puede llevarnos al colapso. Ojalá no sea así. Pero prefieren mantenerse en sus axiomas, porque son tan egoistas que no están dispuestos a pagar ningún precio político, aún a riesgo de hacernos caminar hacia no se sabe dónde.

Esta situación podría habernos cogido con un gobierno valiente y sensato, pero nos ha sobrevenido con el socialismo de Zapatero. Eso es lo que yo llamo “mala suerte”.

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Privatizando

Hoy hemos tenido Pleno en el Parlamento. La sesión ha sido bastante tranquila hasta que ha llegado el tema conflictivo del día, que era una serie de preguntas de María José Sáez de Buruaga en torno a la privatización del archivo de Valdecilla. En el Pleno (y fuera del Parlamento) había una nutrida concurrencia de trabajadores de Valdecilla bastante mosqueados con el tema. No es para menos.

Es bastante indignante el doble lenguaje de los socialistas en este tipo de asuntos. Han conseguido, a fuerza de años, hacer calar el mensaje de que nuestro Partido es el “aficionado” a privatizar lo público, cuando es justo lo contrario. No hay más que ver la debilidad que tienen por crear una administración paralela, entre empresas públicas (públicas, pero que gestionan como si fueran privadas, porque no dan información a nadie) y externalizaciones.

La última de Agudo, por ejemplo, ilustra bien lo que digo. Crea un Instituto Cántabro de Finanzas, lo dota de más diez personas en plantilla, con muy generosos sueldos (desconozco qué proceso han seguido para dotarlos de personal, yo, al menos, no he visto oferta de empleo por ningún lado), y ¡subcontrata! a un despacho de abogados la redacción de un “borrador de estatutos” por unos 40.000 euros (escribo de memoria, pero era una cantidad similar).

La pregunta que le surge a cualquiera es si no es capaz nadie de elaborar algo tan elemental entre ese personal de supuesta “alta cualificación” y el resto de los departamentos de la administración, servicios jurídicos incluídos. La respuesta es que sí, claro que los hay. De hecho siempre se hacía con personal de la casa.

Así que ahora tenemos una administración con sus funcionarios y una empresa pública con sus lumbreras, pero se subcontrata una asesoría para hacer un tema absolutamente básico. En fin. No es excepcional, este gobierno ha convertido estas prácticas en algo habitual, y lo pagamos entre todos. Luego no nos extrañemos de que no haya dinero para planes de empleo.

A la salida del Pleno una trabajadora, de las que se concentraba allí,  increpó al Consejero Sota, pero con bastante educación. Se limitó a decirle que si no le daba vergüenza ser socialista y privatizar un servicio público. Al nuevo Consejero no le gustó nada que le tocasen las narices, y menos aún que yo le dijera que tenían mucha cara. Pero es que tienen mucha cara, ¿qué otra cosa podría decir?

La semana pasada el mismo Sota nos dijo en Comisión que no daba información de las cuentas de Sodercan porque podía haber asientos contables que afectaban a terceras personas y por la protección de datos y tal y cual. Inconcebible. Pero hoy nos presentan la “externalización” del servicio de archivo de historias clínicas de Valdecilla, que en vez de estar en manos de personal estatutario, ahora está en manos de una empresa privada.

Si hay algo sagrado y privado es la historia clínica de cada ciudadano, sus hábitos (sobre todo los malos), sus enfermedades, todo eso está ahí. No me apetece nada que se gestione desde la empresa privada.

Es una demostración más de la total incongruencia en que se mueve este gobierno. No dan cuentas al Parlamento del dinero público por confidencialidad, pero ponen lo más confidencial que pueda existir en manos de una empresa privada. Lo siento, amigo Sota, pero es que de verdad que tenéis mucha cara.

No debería extrañarse el Consejero de que la trabajadora no entendiera que éso de privatizar servicios públicos no es muy socialista; y yo, por mi parte de lo que me extraño es de que alguien, a estas alturas de la película, se extrañe de que los socialistas hagan estas cosas.

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