Archivo mensual: febrero 2011

Gorostiaga tenía razón.

Cantabria es una región de cine, qué razón tenía Gorostiaga.

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Don Tristán nos ha descubierto, ¡me cago en la leche!

Que la oposición (PP) critique la gestión del gobierno regional de PRC-PSOE en políticas de empleo, al conocerse que el número de parados en Cantabria alcanza cotas nunca antes vistas, podría parecer algo normal. Pero nada más lejos de la realidad; al menos de la extraña y delirante realidad en la que vive nuestro nunca bien ponderado Director General de Trabajo y Empleo, Tristán Martínez.

Si ustedes han tenido el valor de leer y, sobre todo, la capacidad de entender, la tribuna que el citado Alto Cargo del Gobierno ha publicado hoy mismo en El Mundo de Cantabria, habrán comprobado que detrás de las críticas, aparentemente normales y comprensibles del PP, se esconde una conspiración que asola al Universo, como si de una reedición de la consabida lucha entre las fuerzas del bien y del mal se tratase, con la mala fortuna de que a él, que según nos afirma: “NO ES PARTE DEL PROBLEMA”, le ha pillado de por medio.

Según la tesis de la conspiración de Don Tristán, lo que subyace tras esta crítica a su gestión es un nuevo ataque de un ente terrorífico y maléfico que denomina “El Poder” (con mayúsculas).

“El Poder” es, según la cosmogónica visión del Director General del Gobierno, un ente que recuerda sospechosamente a Spectra, la famosa organización que buscaba con ahínco la destrucción del mundo y contra la que se afanaba, entre Martini y Martini, James Bond.

Como todo ente maligno que se precie, El Poder tiene un ejército de esbirros, conocidos como “los hijos del Poder”, y si hemos de creer a Don Tristán, yo soy uno de ellos y muchos de ustedes también, aunque no lo sepan.

Los hijos del Poder no criticamos al Director de Trabajo porque se le dispare el paro y no sepa cómo atajar el problema. Eso es sólo en apariencia. Los hijos del Poder queremos, según el Alto Cargo del gobierno socialista, sojuzgar a los hombres con arteras artimañas, como por ejemplo, dar créditos hipotecarios y esclavizarles de por vida. Si ustedes pensaban que eso quien lo hace es el Banco o la Caja de Ahorros, no van desencaminados, pues todas esas instituciones son tapaderas del Poder, para las que los “hijos del Poder” trabajamos sin descanso por puro placer (para eso somos perversos) y también  porque no nos queda otra, ya que los hijos del Poder, aunque parezca inconcebible, también tenemos que pagar una hipoteca. No sólo somos malos, sino también idiotas. Más que “Spectra” parecemos “Kaos”, la organización de malos gilipollas contra la que luchaba el Superagente 86.

El Poder es de derechas, eso está claro, como todo lo malo. No en vano otro izquierdista visionario, Fernando Trueba, nos acaba de anunciar que todas las dictaduras son de derechas, porque de izquierdas no pueden ser, ya que la izquierda, ungida por un toque divino, encarna todo lo bueno del mundo. Nada hay malo en la izquierda, pues lo que en ella es malo deja de serlo y se convierte, por arte de magia, en algo de derechas. Por mucho que Mao, Castro, Stalin o Pol Pot se pretendieran marxistas, son más de derechas que Franco, según el nuevo pensamiento de la izquierda divina. Así da gusto, es muchísimo mejor que hacer autocrítica.

Siguiendo con el escrito onírico de Don Tristán, nos cuenta en su sesudo y lírico artículo que los hijos del Poder no soportamos que los buenos (es decir, él y los suyos) hayan alcanzado el poder (con minúsculas), ni que estén intentando liberar al mundo del yugo fascista, y desnuda su alma al descubrirnos lo difícil que ha sido resistir y no caer en la fácil tentación de rendirse y creer que él pudiera tener algo de responsabilidad en lo mal que van las cosas. “YO NO SOY PARTE DEL PROBLEMA”, nos dice, así, con mayúsculas, con absoluta certeza. Toda una revelación.

La culpa no es mía, ni remotamente aunque lo parezca,- nos recuerda-,es del Poder, y de los hijos del Poder que trabajan sin descanso para que todo vaya mal y así desalojar a los buenos del gobierno. El Poder aprieta, cierra empresas para que la gente vaya al paro, esté descontenta y a Don Tristán le salgan mal las cifras de desempleados. El poder controla el capital y nos ahoga con sus préstamos envenenados, el Poder mueve a sus ejércitos (los hijos del Poder) para que con sus críticas infundadas generen malestar, señalando con el dedo a los buenos, como él, que NO SON PARTE DEL PROBLEMA.

Me encanta la nueva izquierda maniquea y un pelín ridícula, que no es culpable de nada cuando no gobierna, ni tampoco cuando gobierna. Esa izquierda que te sube la edad de jubilación o te recorta las pensiones por el bien de todos y del sistema, no como la derechona de los hijos del Poder, que cuando hace cosas de esas,no las hace por necesidad y porque “es progresista”, sino para joder a la gente, que es su designio divino.

Me encanta esta nueva izquierda que cuando rescata a la banca, con el dinero de todos, lo hace para garantizar la viabilidad del sistema financiero, no como los hijos del Poder, que si hiciéramos algo así, sin duda sería para esquilmar a los trabajadores y llevarles a la ruina, que es algo que nos pone, ¡para qué negarlo!.

Si al llegar a este punto piensan que se me ha ido la olla, y qué me he pasado de cachondeo, les pido disculpas y que no me juzguen sin antes leer la Tribuna de Don Tristán (El Mundo en Cantabria del 10 de febrero de 2011), porque lo mío es broma, pero lo suyo, lamentablemente, no lo es.

Saber que estas conspiraciones y otras cosas similares llenan los pensamientos de nuestros gobernantes es muy preocupante.

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