Como mola ser de izquierdas

Ayer tuvimos sesión maratoniana en el Parlamento; de ésas que te hacen “sufrir las hemorroides en silencio”. No entraré a comentar los temas que se trataron, porque de ello hay cumplida cuenta en los medios de comunicación. De lo que sí me apetece hablar es de lo cómodos que se ve a los regionalistas, que acaban de descubrir el pensamiento de izquierdas. Incluso Revilla se ha manifestado como admirador de Che Guevara, al que supongo que ha descubierto a raiz de la película de Steven Soderbergh, dado lo reciente del alumbramiento. Tiene que dar mucho gusto eso de ser de izquierdas, no saberlo, y de repente, ¡zás!, descubrirlo. ¡Pero si yo era de izquierdas de toda la vida, coño, y ni me había dado cuenta!.

Hubo un tiempo (hace mucho, por cierto) en que el pensamiento de izquierdas estaba bastante elaborado. Ya sabéis, el materialismo dialéctico y tal. Una cosa compleja, oye, que había que leer un montón. Era un coñazo, pero se ligaba bastante. 

Gracias a Dios o al destino, de un tiempo a esta parte (básicamente desde el XXVIII congreso del PSOE de 1979, cuando Felipe González dijo aquello de “hay que ser socialista antes que marxista”, ante la estupefacción de los que nos habíamos leído “El Capital” sin anestesia), el pensamiento de izquierdas es mucho más llevadero.

Es algo más ligerillo y tiene sus ventajas. Es como jugar en casa con un arbitro indisimuladamente casero, ya que en “Ejpaña” ser de izquierdas otorga, en si mismo, una placentera “superioridad moral”. Tanto da que seas un probado filántropo, como que seas el mismísimo Robaperas, si eres de izquierdas ya tienes todo a favor.

Al contrario, ser de derechas es una putada. Si eres de derechas estás bajo sospecha y te verás apelando a la presunción de inocencia cada dos por tres, lo que es una lata y te pone siempre en una posición de sospechoso habitual que muchos no llevan nada bien (otros lo hemos superado, aunque con ayuda de psicólogos, evidentemente).

Sigamos con esta tésis: los Revillistas (también llamados regionalistas) no tienen un pensamiento político muy elaborado, para qué nos vamos a engañar. De hecho se resume en algo así como “yo quiero más que nadie a Cantabria, porque lo digo yo y punto”. Es un pensamiento “abierto”, por decir algo, ya que se puede apuntar cualquiera, y de hecho se apunta cualquiera. A partir de tal premisa, lo mismo da que se te vea la camisa de falange o que se te asome la hoz y el martillo, o que lo que se te vea  seael interés, como a Andrés.

Como todos los organismos evolucionan, (que dijo Darwin), hacia la complejidad (que eso lo digo yo, aunque no sea muy ciéntifico), este pensamiento regionalista primigenio, es decir, de estado protozoico, se ha visto enriquecido recientemente gracias a la unión espiritual (y material) con los socialistas.

¿Tiene ventajas intelectuales tal unión?, me pregunto y os pregunto. Pues evidentemente sí, os contesto.

La primera y evidente ventaja es que, a diferencia de aquellos regionalistas de derechas (es decir, los de ahora, antes de “La Revelación” del año 2003), éstos nuevos regionalistas de izquierdas (que como dije son los mismos aunque con amnesia selectiva), tienen esa “superioridad moral” que da ser de izquierdas, y eso, nos guste o no, pues como que es un alivio, y mola bastante.

La segunda ventaja, es que el nuevo regionalismo tiene, gracias a esta fusión ideológica, una sin par complejidad, que supera ampliamente la simplicidad originaria. Así, el regionalista de izquierdas no es ya sólo un individuo que “quiere más a Cantabria que nadie porque lo dice él y punto”, sino que, además, sabe que la culpa de los problemas económicos, sociales y hasta deportivos que aquejan a nuestra sociedad, tienen su origen en “la guerra de Irak”, asumiendo así el eje central del pensamiento político de la izquierda (que desde que no lee a Marx se ha quitado de encima un problema).

Queriendo a Cantabria más que nadie y teniendo la certeza de que la culpa de la gripe porcina o de que suba el pan es de la guerra de Irak, han conformado un corpus de pensamiento político breve, pero que da muchísima envidia.

Es un corpus más bien anoréxico, pero tiene el encanto de lo sencillo y es muy resultón. Además evita tener que acometer análisis más o menos tediosos, y uno no está ya para perder el tiempo con los de las subprime, los mercados financieros o la crisis de demanda.

Un buen exponente de lo que digo fue la intervención de la Diputada regionalista de izquierdas, Alodia Blanco, que nos demostró en su intervención en el Pleno, que la culpa de la situación actual de crisis y paro, es de “sus políticas neocón y de la guerra de Irak”. El “sus”, dicho con mucho énfasis, iba dirigido a la bancada popular.

Lo dicho, ¿para qué entrar a más análisis ni profundidades, estando clara la cosa como el agua cristalina?. Si hubiese sido una Diputada socialista podría haber añadido, “y culpa también de Franco”, pero los regionalistas de izquierdas no son tan de izquierdas, y no se meten en esos berenjenales no se vaya a enfadar la familia.

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