Privatizando

Hoy hemos tenido Pleno en el Parlamento. La sesión ha sido bastante tranquila hasta que ha llegado el tema conflictivo del día, que era una serie de preguntas de María José Sáez de Buruaga en torno a la privatización del archivo de Valdecilla. En el Pleno (y fuera del Parlamento) había una nutrida concurrencia de trabajadores de Valdecilla bastante mosqueados con el tema. No es para menos.

Es bastante indignante el doble lenguaje de los socialistas en este tipo de asuntos. Han conseguido, a fuerza de años, hacer calar el mensaje de que nuestro Partido es el “aficionado” a privatizar lo público, cuando es justo lo contrario. No hay más que ver la debilidad que tienen por crear una administración paralela, entre empresas públicas (públicas, pero que gestionan como si fueran privadas, porque no dan información a nadie) y externalizaciones.

La última de Agudo, por ejemplo, ilustra bien lo que digo. Crea un Instituto Cántabro de Finanzas, lo dota de más diez personas en plantilla, con muy generosos sueldos (desconozco qué proceso han seguido para dotarlos de personal, yo, al menos, no he visto oferta de empleo por ningún lado), y ¡subcontrata! a un despacho de abogados la redacción de un “borrador de estatutos” por unos 40.000 euros (escribo de memoria, pero era una cantidad similar).

La pregunta que le surge a cualquiera es si no es capaz nadie de elaborar algo tan elemental entre ese personal de supuesta “alta cualificación” y el resto de los departamentos de la administración, servicios jurídicos incluídos. La respuesta es que sí, claro que los hay. De hecho siempre se hacía con personal de la casa.

Así que ahora tenemos una administración con sus funcionarios y una empresa pública con sus lumbreras, pero se subcontrata una asesoría para hacer un tema absolutamente básico. En fin. No es excepcional, este gobierno ha convertido estas prácticas en algo habitual, y lo pagamos entre todos. Luego no nos extrañemos de que no haya dinero para planes de empleo.

A la salida del Pleno una trabajadora, de las que se concentraba allí,  increpó al Consejero Sota, pero con bastante educación. Se limitó a decirle que si no le daba vergüenza ser socialista y privatizar un servicio público. Al nuevo Consejero no le gustó nada que le tocasen las narices, y menos aún que yo le dijera que tenían mucha cara. Pero es que tienen mucha cara, ¿qué otra cosa podría decir?

La semana pasada el mismo Sota nos dijo en Comisión que no daba información de las cuentas de Sodercan porque podía haber asientos contables que afectaban a terceras personas y por la protección de datos y tal y cual. Inconcebible. Pero hoy nos presentan la “externalización” del servicio de archivo de historias clínicas de Valdecilla, que en vez de estar en manos de personal estatutario, ahora está en manos de una empresa privada.

Si hay algo sagrado y privado es la historia clínica de cada ciudadano, sus hábitos (sobre todo los malos), sus enfermedades, todo eso está ahí. No me apetece nada que se gestione desde la empresa privada.

Es una demostración más de la total incongruencia en que se mueve este gobierno. No dan cuentas al Parlamento del dinero público por confidencialidad, pero ponen lo más confidencial que pueda existir en manos de una empresa privada. Lo siento, amigo Sota, pero es que de verdad que tenéis mucha cara.

No debería extrañarse el Consejero de que la trabajadora no entendiera que éso de privatizar servicios públicos no es muy socialista; y yo, por mi parte de lo que me extraño es de que alguien, a estas alturas de la película, se extrañe de que los socialistas hagan estas cosas.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Privatizando

  1. Un fan de Isabel Coixet

    La sorpresa de esa buena señora a estas alturas sobre el divorcio socialista entre palabras y hechos sólo viene a demostrar, nuevamente, una cosa: que en Ferraz funciona la máquina de imagen más perfecta que “estepaís” ha visto. Si en algo son maestros los socialistas es en el manejo de la imagen (mucho más que en el manejo de la economía, desde luego). Porque ellos han elegido ser una caja de resonancia ideológicamente neutra: es decir, recogen el sonido del aire que en cada momento suena más fuerte y lo amplifican, sin que eso suponga compromiso alguno que les impida actuar en sentido contrario cuando cambia la dirección del viento. No se trata solamente de oportunismo político, del que nuestro PRC va también sobrado, sino de haber sido unos verdaderos pioneros en eso que tan de moda está hoy en día: la política-espectáculo o política-ficción. Básicamente consiste en lograr que el espectador confunda los términos de forma y fondo, haciendo que el segundo plano pase a ser el relevante y el primero quede como trasfondo. Cortinas de humo, operaciones de maquillaje, grandilocuencia… vamos, lo que en otros tiempos cualquier paisano reconocía perfectamente como un charlatán vendedor de crecepelo.

    Nadie con un poco de “memoria histórica” (de la no selectiva) puede dejar de reconocer que el PSOE ha sido el partido privatizador por excelencia: ¡si liquidó el INI enterito! No quedó en pie tabique de la magna obra económica de nuestro invicto Caudillo que no se calzara el bulldozer socialista. Lo que el PP hizo a su llegada al poder no fue sino vender los ladrillos que quedaron por el suelo. Y llevarse la fama, claro, porque la lana ya estaba bien almacenada en la bodeguiya desde 1982. Idéntica operación con la reforma laboral de 1993, pese a que el “decretazo Aznar” de 2001 ha pasado a ser en el ideario colectivo la imagen misma de la agresión contra los trabajadores. O la política fiscal regresiva del PP, en tanto la actual progresía zapateril reinante rebaja la tributación a los altos ejecutivos de banca, sus grandes accionistas y familias en rentas de capital percibidas de sus propias entidades del 43% al 18%.

    Todas las posturas políticas son sostenibles, incluso las más incorrectas. Sólo es necesaria la coherencia entre la palabra y el hecho para que las mejores intenciones no queden en los peores resultados. Aunque hay que reconocer que la incoherencia es más barata y da mejores resultados. Que se lo digan a éstos.

    En esa gran película de Sean Penn que es “The assassination of Richard Nixon”, cuando el presidente del Watergate aparece en pantalla, su jefe le dice al pobre diablo que tiene contratado como comercial: “¿Sabes quién es ése? Ganó las elecciones de 1968 prometiendo que nos sacaría de Vietnam y envió más tropas. En 1972 se volvió a presentar con la misma promesa y volvió a ganar. Nos vendió dos veces la misma mentira. ¿Sabes quién es? El mejor vendedor que existe.” ¿Acabarán trabajando a comisión por cada moto vendida?

    Saludos, Eduardo. Un placer leerte por fin el blogosfera.

    • evdesec

      Un placer es tener comentarios de este nivel en mi blog. Un abrazo, y te animo a que “no me abandones” (Yo nunca lo haría) y sigas participando en este foro. Espero tus críticas de cine, porque aspiro a que en este blog se trate de muchas más cosas que de política, y también de política, como no.

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