Hay que desterrar a los mentirosos

Es mucho más agradable escribir sobre cualquier tema, más o menos intrascedente, al que se pueda aplicar un gramo de ironía, que sobre lo que voy a escribir, pero las cosas son como son.

Hoy se ha publicado la Encuesta de Población Activa y sus datos son escalofriantes. Si las cosas no cambian en los próximos meses la situación puede tornarse de emergencia nacional, porque una caída de estas características, producida en un periodo de tiempo tan corto, no creo que tenga precedentes.

Estamos en abril y hemos superado ya los cuatro millones de parados, y nuestra tasa de paro está ya en un 17,36%. Justo el doble que la media de todos los países europeos que, sin embargo, padecen la misma coyuntura económica que nosotros.

Cantabria no va mejor, ni mucho menos. Supera (en términos positivos) la media en tasa de paro, lógicamente, si tenemos en cuenta que hay regiones como Andalucía con una tasa del 24%, Canarias con un 26%, o Extremadura con un 21%.

La destrucción de empleo es enorme, porque la tasa de actividad apenas ha variado al alza.

En nuestra región estamos cerca de un 100% de variación interanual, es decir, en un sólo año hemos duplicado el número de parados. Yo algo así nunca lo había visto.

Cierto es que hemos tenido tasas de paro superiores (con el gobierno socialista de González llegamos a más del 23%). Lo inédito, lo absolutamente aterrador, es que en sólo un año de crisis económica hemos liquidado un camino de convergencia que había costado prácticamente catorce años. No se crea empleo con la misma facilidad con que se destruye, desgraciadamente.

Ayer en la Presentación del Anuario de Cantabria, Revilla volvió por sus fueros, y dijo lo que tantas veces le hemos escuchado: “aquí lo que sobran son los agoreros”. Es decir, los que predicen desdichas sin fundamento.

Sé que lo ha dicho por nuestro Partido, eso es evidente. Lo que ocurre es que aquí ha habido dos comportamientos, y ninguno podría ser calificado de “agorero”. Ha habido quien ha mentido (y sigue mintiendo) hasta la náusea. Quien ha negado la evidencia, quien ha insultado al que predecía con acierto lo que venía, quien se ha agarrado y sigue agarrándose a cualquier falsedad con tal de seguir engañando; y, por otro lado, quien ha dicho la verdad, porque era evidente, porque se pronosticaba por decenas de informes, y porque los indicadores eran implacables. Aquí no hay agoreros, lo que hay es políticos que mienten y políticos que dicen la verdad.

No se puede tratar a los ciudadanos como a idiotas, ni como a niños (de hecho, los idiotas tratan a los niños como si fueran idiotas, y no niños)

Los ciudadanos son la parte esencial del problema y, sobre todo, las víctimas de la situación, por tanto merecen y deben saber la verdad. Y quien tiene responsabilidades públicas tiene además la obligación ineludible de decir la verdad, aunque sea , esta vez sí, una verdad incómoda.

Yo no voy al médico a que me engañe, y menos aún podré curarme si ,en vez de darme un diagnóstico duro, pero fiable, me dice que tengo un resfriado. Sólo se engaña a los terminales, y ni siquiera todos ellos quieren ser engañados. No creo (y desde luego espero) que la situación económica sea terminal, que es lo único que podría justificar a duras penas un engaño.

Zapatero, Revilla, Gorostiaga, Agudo y compañía, llevan un año entero mintiéndonos. Nos han dicho de todo menos la verdad. Y ya, de paso, han insultado al que ha cumplido con su deber moral y su responsabilidad política, es decir, a quien ha dicho las cosas como son.

Lo malo de las mentiras es que necesitan sustentarse en los comportamientos, y ahí viene lo grave: si digo que no pasa nada, lo demuestro no haciendo nada especial. Por lo que nos encontramos con una forma de gobernar y unos presupuestos que son el sostén de esa mentira. Seguimos despilfarrando, seguimos siendo cicateros con las políticas de empleo, seguimos a lo nuestro, en definitiva, porque aquí no pasa nada. ¿Cómo vamos a tomar medidas contra lo que no ocurre?.

A mi no me gusta desterrar a nadie, pero si hay que desterrar a alguien es a los mentirosos. A los Zapatero, Agudo, Revilla, Gorostiaga y compañía. Pero es un destierro simbólico y enormemente oportuno: un destierro de las tareas de gobierno.

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