Archivo mensual: septiembre 2010

Antagonistas

Este domingo en Tele Bahía emitieron una interesante entrevista a mi profesor y amigo, Miguel Ángel García Guinea. Había estado con él y su familia el sábado anterior, en el pueblo, donde tantas veces nos reunimos para charlar, y me comentó que no estaba muy contento por el resultado, pues creía haber estado algo confuso.

Para variar no estoy de acuerdo con esa valoración, ya que “el Dire” (que es como le llamamos sus antiguos discípulos y amigos) quizás ha perdido un poco de agilidad dialéctica, pero mantiene la misma lucidez de pensamiento de siempre. ¡Ya quisiéramos llegar a su edad en sus condiciones físicas y mentales!.

La entrevista que hizo Fran Girao fue muy amena, y García Guinea se anduvo sin rodeos. Los que no le conozcan quizás piensen que El Dire ha alcanzado esa sinceridad directa y nada contemporizadora de los viejos, pero lo cierto es que no es así. Yo le conozco desde el año 1983 y siempre ha sido así.

Guinea habló muy claro sobre lo que opina de Revilla en general, y de la actuación del gobierno en relación con la agresión al patrimonio regional en el conocido caso del emplazamiento del macromolino de Vestas,  sobre el yacimiento cántabro de Celada Marlantes.

No cabe duda de que Guinea y Revilla son los perfectos antagonistas, como el día y la noche. Ya que he compartido muchísimas horas con el profesor, sé perfectamente que nuestro actual Presidente acumula aquellos defectos que más exasperan a Miguel Ángel.

En todos estos años no recuerdo haber escuchado una mentira a García Guinea, ni grande, ni pequeña. Tampoco le he visto jamás actuar de forma interesada, y mucho menos de forma deshonesta. Es un hombre extremadamente tolerante, justo,  austero y humilde. Odia la soberbia y es profundamente escéptico con los dogmas y con los hombres.

Contó en la entrevista que en un acto, en el que coincidió con Revilla, el regionalista le dijo “con el índice en alto”, que mientras él fuese presidente no se instalaría en Cantabria ni un solo molino, “ni uno sólo” (me imagino perfectamente el tono enfático de Revilla, que es el que usa habitualmente para intentar dar mayor crédito a sus habituales mentiras).

Grave error es manifestarse así ante una de esas personas (quedan muy pocas) que otorgan tanto valor a la palabra dada como a un contrato notarial. Guinea le creyó y por eso ahora se siente irremediablemente estafado.

Esto tampoco es nuevo. El Dire siempre ha sido muy incómodo para el poder. Tan incómodo como sólo lo puede ser quien es incorruptible y quien actúa guiado por sus convicciones, al margen de cualquier tipo de interés.

¿Cómo hacer que se pliegue al poder una persona sin ambiciones materiales, cuyo mayor anhelo es bañarse en un río limpio y que encuentra la máxima expresión de libertad en la comunión con la naturaleza? Posiblemente no hay manera.

Por eso ha mantenido siempre posiciones de absoluto enfrentamiento con los poderes públicos de Cantabria. Todavía recuerdo la guerra frontal que mantuvo con Juan Hormaechea a cuenta de unas oposiciones en las que coincidieron como tribunal, (y como ésa hubo muchas más y en muchos ámbitos).

Revilla ha perdido esta batalla porque su rival tiene el arma definitiva: la credibilidad. Una credibilidad ganada a pulso, durante años. Una credibilidad fuera de toda duda y reconocida en todos los círculos intelectuales de nuestra región. Una credibilidad que está por encima de credos políticos y de intereses más o menos confesables.

Pero la guerra la ganará el gobierno si no lo evitamos entre todos, porque hacen falta demasiados Quijotes para parar esta invasión de molinos que esconden tantos y tan oscuros intereses. Poderoso caballero es Don Dinero.

Así que el castro cántabro, asediado y asolado por las tropas romanas en la antigüedad, está perdiendo este nuevo y definitivo asedio de un gobierno regional que se dice regionalista, y que ha vendido los restos de su memoria por no sabemos cuántos platos de lentejas. Sorprendente paradoja.

Yo, por mi lado, me reconforto pensando que la historia tomará su venganza, y a Revilla y su obra, que tanto le importa trascender la historia, guiado como está por una ridícula soberbia, el tiempo le convertirá en una breve entrada en la Wikipedia, mientras que la obra de Guinea (que jamás ambicionó memoria alguna) seguirá viva en las futuras generaciones.

Sé que a Guinea eso le da igual, pero a mi siempre me han gustado los finales felices.

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