¿Cómo están ustedes? Yo mal, gracias.

He tenido el blog abandonado. Lo sé; pero debo decir que llevo una temporada bastante fastidiado,  con una hernia de disco que me ha tenido postrado (nunca mejor dicho) de la cama al sofá y viceversa.

Alguno pensará que en la cama se puede escribir, lo que es cierto, pero no se trata tanto de poder como de tener ganas o la actitud conveniente, ya que cuando se está dolorido no es sencillo mantenerse en la ironía y, por el contrario, es fácil interpretar la actualidad en términos políticamente poco correctos. Vamos, que me salen las palabrotas y no es plan.

No es que ahora esté mejor, de hecho estoy peor, pero al menos la lista de espera va corriendo y veo con optimismo (fundado o infundado)  que se acerca el momento en que metan mano al dichoso disco y pueda recuperar mi habitual porte erguido, abandonando de una vez por todas el actual estado de neanderthal encorvado, que es como se suele representar a nuestros remotos ancestros en los gráficos sobre la evolución humana.

Varias veces me he puesto delante del teclado para comentar las ocurrencias de algún que otro personaje, pero he tenido que frustrar el intento al comprobar que lo que la cabeza me pedía era cagarme en los muertos del elemento de turno, lo que está muy feo.  Mira por dónde uno empieza a entender la psicología del Doctor House, y es que el dolor crónico avinagra bastante el carácter.

Se han perdido para la posteridad jocosos comentarios que, sin duda, hubieran producido determinadas manifestaciones públicas, y es que el verano ha sido prolijo en manifestaciones de ésas que hacen que se te caigan los palos del sombrajo. ¿Los idiotas, acaso, no toman vacaciones?. Parece ser que no.

Ya decía alguien que es mucho peor un tonto que un malvado, porque los tontos no descansan.

Así que nada he podido decir, sin el recurso fácil a la palabrota, sobre nuestro Presidente, a pesar de sus provocaciones (me refiero al Presidente de España, es decir, al jefe y mentor del nuestro de andar por casa). Si, ese mismo que dijo que los parados que hacen cursillos no están parados, sino trabajando por el bien del país. ¿Trabajando gratis por el bien del país?, coño, igual que los que hicieron las pirámides o el Valle de los Caídos. En mi colegio a eso los llamaban algo así como esclavos. Me he debido quedar obsoleto.

Tampoco se me ocurría nada que no fuera punible sobre la comparecencia de ese simpar líder sindical, de nombre Méndez, en ese foro llamado La Noria, (y cuyo nombre está muy bien puesto, porque cada vez que veo una entrevista mamporrera de Don Jordi, es que me dan mareos y hasta nauseas). Que te duela la pierna, desde su nacimiento, en lo alto del culo, hasta el mismísimo dedo gordo, y que te intenten explicar que hay que hacer huelga por la reforma laboral, pero no contra el gobierno que aprueba la reforma, sino contra la oposición que pasaba por ahí, los empresarios –seres malvados cuyo fin social es sacarnos los ojos- y contra el capital, que es una cosa que tiene alguna gente de esa que no paga impuestos, de verdad que incita a decir cosas de pésimo gusto.

Y como siempre anda de guardia algún torquemadilla para replicarlas torticeramente y meterte en un lío, he optado por guardar mis obscenos pensamientos para otra ocasión.

Lo mejor de la entrevista del citado líder sindical, que no puedo olvidar, fue aquello de que no pedían la dimisión de Zapatero, sino la dimisión de su actual reencarnación (¡). ( Puesto que cada reencarnación se supone que se produce en un ser más evolucionado y virtuoso que el precedente, no queremos ni imaginarnos en cuál habitaba nuestro Presidente actual, aunque he escuchado por ahí que las apuestas se decantan por una ameba o a lo sumo un protozoo).

Se trata, pues, de la primera huelga general budista que uno recuerda. Normal que saliera mal en un país donde la gente pide dimisiones en las huelgas sin entrar en disquisiciones de naturaleza mística.

Como pueden ver, la actualidad ha estado sembrada, pero uno no estaba en su mejor momento.

Mil disculpas.

Estos de abajo son los famosos Golfos Apandadores. Unos aprendices, como verán a continuación.

 

Digo esto porque acabo de leer que Revilla ya nos anuncia una subida de impuestos para “mantener las políticas sociales”. Por supuesto, ni habla de recortar los gastos no sociales (que son muchísimos), ni dará las cuentas de las empresas públicas para que veamos en qué se gasta de verdad una buena parte de nuestro dinero. No hay asomo de austeridad por ninguna parte. Es más sencillo y menos traumático seguir ordeñando la vaca famélica de la clase media.

Porque al final pagaremos más todos, ya que con incrementar el IRPF de los que ganan 70.000 euros al año a través de una nómina (que son muy poquitos) no se recauda ni para pipas. Los ricos no lo son por una nómina.

Esquilmarán a la clase media hasta que no haya nada que esquilmar. Descenderá el gasto de la gente, mermará su capacidad de ahorro, se cerrarán empresas, irá más gente al paro y se realimentará el círculo vicioso de este país, que tenía una economía de Liga de Campeones, aunque ahora juegue en la fase de descenso de la regional preferente.

¿Con esta medida conseguirán recaudar el equivalente al gigantesco pufo llamado GFB en que nos metieron, precisamente, los autores de esta reforma? Ni de lejos. 45 millones de euros (que es lo que tiraron Revilla y Agudo en ese desastre son demasiados millones). Y eso es sólo un ejemplo.

Yo no soy vidente, pero no hace falta serlo para saber que con este reforma progresista de Agudo y Revilla pagaremos todos más. Los que ganan más de 70.000 euros no deben preocuparse demasiado, más debieran preocuparse quienes ganan mucho menos, porque van a pagar también este dislate y lo van a hacer con mucha menos renta.

Lo están logrando, no cabe duda: Estamos a punto de ser un país nórdico en impuestos, magrebí en servicios y caribeño en transparencia democrática. ¿No sería esto lo de la alianza de las civilizaciones?. Me parece que sí.

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Antagonistas

Este domingo en Tele Bahía emitieron una interesante entrevista a mi profesor y amigo, Miguel Ángel García Guinea. Había estado con él y su familia el sábado anterior, en el pueblo, donde tantas veces nos reunimos para charlar, y me comentó que no estaba muy contento por el resultado, pues creía haber estado algo confuso.

Para variar no estoy de acuerdo con esa valoración, ya que “el Dire” (que es como le llamamos sus antiguos discípulos y amigos) quizás ha perdido un poco de agilidad dialéctica, pero mantiene la misma lucidez de pensamiento de siempre. ¡Ya quisiéramos llegar a su edad en sus condiciones físicas y mentales!.

La entrevista que hizo Fran Girao fue muy amena, y García Guinea se anduvo sin rodeos. Los que no le conozcan quizás piensen que El Dire ha alcanzado esa sinceridad directa y nada contemporizadora de los viejos, pero lo cierto es que no es así. Yo le conozco desde el año 1983 y siempre ha sido así.

Guinea habló muy claro sobre lo que opina de Revilla en general, y de la actuación del gobierno en relación con la agresión al patrimonio regional en el conocido caso del emplazamiento del macromolino de Vestas,  sobre el yacimiento cántabro de Celada Marlantes.

No cabe duda de que Guinea y Revilla son los perfectos antagonistas, como el día y la noche. Ya que he compartido muchísimas horas con el profesor, sé perfectamente que nuestro actual Presidente acumula aquellos defectos que más exasperan a Miguel Ángel.

En todos estos años no recuerdo haber escuchado una mentira a García Guinea, ni grande, ni pequeña. Tampoco le he visto jamás actuar de forma interesada, y mucho menos de forma deshonesta. Es un hombre extremadamente tolerante, justo,  austero y humilde. Odia la soberbia y es profundamente escéptico con los dogmas y con los hombres.

Contó en la entrevista que en un acto, en el que coincidió con Revilla, el regionalista le dijo “con el índice en alto”, que mientras él fuese presidente no se instalaría en Cantabria ni un solo molino, “ni uno sólo” (me imagino perfectamente el tono enfático de Revilla, que es el que usa habitualmente para intentar dar mayor crédito a sus habituales mentiras).

Grave error es manifestarse así ante una de esas personas (quedan muy pocas) que otorgan tanto valor a la palabra dada como a un contrato notarial. Guinea le creyó y por eso ahora se siente irremediablemente estafado.

Esto tampoco es nuevo. El Dire siempre ha sido muy incómodo para el poder. Tan incómodo como sólo lo puede ser quien es incorruptible y quien actúa guiado por sus convicciones, al margen de cualquier tipo de interés.

¿Cómo hacer que se pliegue al poder una persona sin ambiciones materiales, cuyo mayor anhelo es bañarse en un río limpio y que encuentra la máxima expresión de libertad en la comunión con la naturaleza? Posiblemente no hay manera.

Por eso ha mantenido siempre posiciones de absoluto enfrentamiento con los poderes públicos de Cantabria. Todavía recuerdo la guerra frontal que mantuvo con Juan Hormaechea a cuenta de unas oposiciones en las que coincidieron como tribunal, (y como ésa hubo muchas más y en muchos ámbitos).

Revilla ha perdido esta batalla porque su rival tiene el arma definitiva: la credibilidad. Una credibilidad ganada a pulso, durante años. Una credibilidad fuera de toda duda y reconocida en todos los círculos intelectuales de nuestra región. Una credibilidad que está por encima de credos políticos y de intereses más o menos confesables.

Pero la guerra la ganará el gobierno si no lo evitamos entre todos, porque hacen falta demasiados Quijotes para parar esta invasión de molinos que esconden tantos y tan oscuros intereses. Poderoso caballero es Don Dinero.

Así que el castro cántabro, asediado y asolado por las tropas romanas en la antigüedad, está perdiendo este nuevo y definitivo asedio de un gobierno regional que se dice regionalista, y que ha vendido los restos de su memoria por no sabemos cuántos platos de lentejas. Sorprendente paradoja.

Yo, por mi lado, me reconforto pensando que la historia tomará su venganza, y a Revilla y su obra, que tanto le importa trascender la historia, guiado como está por una ridícula soberbia, el tiempo le convertirá en una breve entrada en la Wikipedia, mientras que la obra de Guinea (que jamás ambicionó memoria alguna) seguirá viva en las futuras generaciones.

Sé que a Guinea eso le da igual, pero a mi siempre me han gustado los finales felices.

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Muera la intelectualidad traidora y viva la suegra borracha.

Como si de una reencarnación del general franquista Millán-Astray se tratase, Miguel Ángel Revilla anda estos días a la greña con eruditos y expertos de Cantabria. Sólo le ha faltado decir aquello de “muera la intelectualidad traidora” (muera la inteligencia) que el citado militar dedicó a Don Miguel de Unamuno en su célebre altercado.

El primero de los enfrentamientos lo ha tenido nuestro poco ilustrado Presidente con los historiadores García Guinea, Iglesias Gil y Bohigas Roldán, que han encabezado, recientemente, una clara oposición a ese destrozo que está suponiendo la instalación del gigantesco aerogenerador de Vestas en el entorno del principal yacimiento arqueológico de la cultura cántabra prerromana: el castro de Celada-Marlantes.

Un gobernante ignorante es siempre un peligro público, y no se puede calificar de otra forma a quien no duda en consentir una agresión semejante en el entorno de uno de nuestros principales vestigios históricos (¿no había otro lugar donde instalar el mamotreto?), ni duda en vapulear a miembros tan destacados de nuestra comunidad científica, simplemente por manifestarse contra la gubernamental burrada.

Contrasta esta actitud virulenta de Revilla, con su apoyo temerario a pintorescos investigadores americanos que vienen a Cantabria con una beca para descubrir la rueda.¿Recuerdan a Kaplan, aquel que afirmaba que el castellano nació en Valderredible y que tanta promoción recibió de Revilla?.

Está claro que dentro de este concepto chabacano de la cultura, siempre será más importante la opinión de cualquier forastero becado, (de cualificación desconocida), que la de investigadores autóctonos de larguísima trayectoria y reconocido prestigio, y que son quienes, de verdad, han hecho una enorme labor por el conocimiento y la difusión de la cultura de Cantabria; que no sólo de sobaos y anchoas vive el hombre.

Mucho me temo que Revilla, que anda a la greña con destacados miembros de la historiografía científica regional, es más adepto de esa “otra corriente” que igual se inventa una bandera con un lábaro, que nos deleita con representaciones de guerreras cántabras macizas-con bikini modelo Rachel Welch en “hace un millón de años”-, a lomos de un ancestro de Furaco.

Digo esto porque no salgo de mi asombro por las manifestaciones de Revilla, que acabo de leer, en las que dice que el molino de Vestas “no destroza nada en Valderredible” por tener a cuatro kilómetros un yacimiento “supuestamente interesante”.

Un poquito de geografía (y de historia) no le vendrían mal al Presidente. Si el molino que instala Vestas junto al yacimiento de Celada no destroza nada en Valderredible, se debe, fundamentalmente, a que está en otro municipio, el de Campoo de Enmedio; y calificar al principal yacimiento de la Cantabria prerromana como algo “supuestamente interesante” creo que clarifica bastante bien su nivel cultural, su conocimiento de la historia regional, y su interés real por nuestro patrimonio histórico.

“No podemos querer tener a la suegra borracha y la bota llena”, ha sido su principal argumento para defender la tropelía del aerogenerador de marras. En fin, otros somos de la opinión de que es mejor que la gente, sean suegros o demás parientes, se mantenga alejada de la bodega, que de lo contrario se hacen y se dicen muchas tonterías.

No contento con enfrentarse a los científicos de letras, Revilla también ha repartido las del pulpo para los de ciencias, y todo porque el Colegio Oficial de Ingenieros de Caminos ha dicho algo tan evidente como que el AVE no llegará en 2015 a Santander porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.

Por mucho que el pseudo-AVE que nos ha prometido Fomento baje de Reinosa a velocidad de tren tranvía, (porque ya me dirán ustedes qué clase de AVE es éste que va a circular por una plataforma decimonónica con más curvas y rampas que la subida de Peña Cabarga), ni aún así llegará a Santander en 2015. Si llevan siete años para mover dos papeles, ¿quién puede creerse que ahora, que no hay un duro y andan buscando financiación privada para las obras públicas, van a correr todo lo que no corrieron en su momento? Por decir algo tan evidente, los ingenieros han sido calificados por nuestro Presidente de “rescoldos de los agoreros”.

Está claro que a Revilla, como a Millán Astray, le conviene, o que muera la inteligencia, o que, al menos, nos unamos a nuestras suegras en familiar borrachera, porque hay que ser muy iluso, -o estar muy bebido- para creerse esta continua e ilimitada cantidad de patrañas con que pretende llegar a las elecciones, ahora que su riñón, afortunadamente, se lo permite.

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Mejor no escribir cabreado

Me echan en cara que tengo el blog abandonado, y no les falta razón. Pero tengo mis motivos. No es el principal de ellos el llevar casi cinco meses con una ciática que no remite y estar en la larga y tediosa lista de espera de nuestro querido SCS. Una espera que a menudo desespera. No es el principal motivo, repito, pero tampoco ayuda al buen humor.

En estos días ha habido muchas noticias sobre las que reflexionar, pero cuando he intentado escribir algo he sufrido algún ataque de bilis y he preferido dejarlo estar, porque las ideas que venían estaban cargadas de mala leche y no valía de nada contar hasta cien.

No sé si es mi estado de ánimo o simplemente que el panorama es objetivamente desolador. Después de la resaca del Mundial y su espejismo de unidad nacional en torno a algo tan intrascendente como el fútbol, regresa la verdadera realidad.

Los años de gobierno de este ignorante iluminado, cuyo único bagaje intelectual es un carro de tópicos del ideario más rancio del progre trasnochado, están dejando los cimientos del estado en amenaza de ruina inminente.

Leer por las mañanas cualquier medio de comunicación serio es la mejor forma de entrar en depresión. No sólo por el desastre que se cierne sobre nuestra economía, sino por muchos otros aspectos.

Hoy nos desayunamos con ese proceso de acercamiento de presos “arrepentidos” de ETA al País Vasco. Una nueva vuelta de tuerca de nuestro lamentable paisano Rubalcaba, que viene a demostrar que hay concesiones injustificables que sólo pueden entenderse dentro de un proceso de negociación que suponíamos, quizás erróneamente, liquidado.

Tampoco da para muchas risas el espectáculo de una Cataluña liberticida, donde las instituciones hacen bandera de cualquier aspecto que intente liquidar los lazos que nos unen. No es fácil creer que quienes dicen que un feto es un ser vivo, pero no humano, se preocupen tanto por los derechos bovinos. Ni se entiende muy bien esa corriente que defiende a estos animales, pero se despreocupa de aquellos que no son un hecho cultural español. Seguirán comiendo butifarra y paté, sin preocuparles la crueldad de la matanza del cerdo, ni la tortura de los patos para engordarles hasta que les revienta el hígado.

Hay que estar muy ciego para no ver hasta qué punto quienes hoy dirigen el PSOE (que bien haría quitándose la “E” del nombre) están colaborando en el desmantelamiento del Estado.

Y también les animo a quitarse la “O” de obrero (que en realidad podrían haber quitado hace ya muchísimos años). Jamás creí llegar a ver a un partido que se dice “socialista” (aunque les animo a quitarse la “S” del nombre, porque realmente no pinta nada), sacar adelante y en solitario una reforma laboral que supone un verdadero atentado a los derechos de los trabajadores. Si esto lo hace la derecha las calles estarían ardiendo.

Hay que ver la de veces que he tenido que aguantar referencias de esta progresía al “decretazo” del gobierno de Aznar. Una nimiedad al lado de lo que aquí se contempla.

Y en Cantabria la cosa no está mejor, con Revilla intentando convertir en triunfo su absoluto desastre, acudiendo de nuevo al engaño, a los plazos imposibles, y a las nuevas promesas que nadie se cree. ¡Todavía tiene la caradura de pedir al Iñigo de la Serna que arrime el hombro!.

Hay que recordar a este señor que la honestidad no se ciñe sólo a “no meter la mano en la caja”. La honestidad consiste también en decir la verdad o en no cambiar privilegios personales (el sillón y el bastón de mando) por los derechos de la región. Quien contribuye a un engaño general y sostenido a los ciudadanos para seguir en el poder (y vivir instalado en el privilegio) está corrompiéndose, por mucho que no se tipifique como delito. Es moralmente inaceptable.

Igual que acabó el Mundial y con él el sueño de una nación unida, pasará el verano y nos encontraremos con la verdadera realidad de este país y esta región.

Estas y otras razones son las que me impiden escribir como yo querría, con humor y cierto optimismo. Por eso prefiero esperar tiempos mejores o hablar de temas menos trascendentes. Llega agosto y pienso desconectar de forma radical; disfrutar del descanso y de actividades que nada tienen que ver con este panorama lamentable que nos rodea.

Porque todavía hay recorrido y nadie debería infravalorar la capacidad del nefasto Zapatero y sus adláteres para poner las cosas aún mucho peor. Aliados no le faltan, unos para sacar provecho de su debilidad (nacionalistas), otros para sacar renta a su ambición de poder  (Revilla). Todos ellos son igual de cómplices de la situación.

Mientras los socialistas desmantelan el estado del bienestar, mientras dan alas a los nacionalistas para desmantelar la nación, mientras protegen los derechos bovinos y se cargan los de los humanos, y mientras sus cómplices provincianos les sostienen a cambio de prebendas, yo me voy a ver a Mark Knopfler y después,  de vacaciones.

A ver si así se me pasa el cabreo o si cargo las pilas, que las dos cosas me hacen falta.

Lo único bueno de estos días ha sido leer la opinión de gentes, como el buen Andrés Calamaro, pidiendo que le borren de “progre”, que si lo que hace este gobierno es ser progresista que hace apostasía. Unos cuantos más han dicho cosas similares.

Bienvenido, Andrés, ya has tardado en ver las cosas como son. Más vale tarde que nunca. Los arrepentidos de la “ceja” se deben contar por millares, porque en estas cosas, como en los icebergs, sólo aflora una pequeña porción, la de los más valientes.

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Un final made in Hollywood

Se acabó el infortunio. Por fin hemos ganado la Copa del Mundo, algo que varias generaciones habíamos perdido la esperanza de llegar a ver.

Han sido décadas de decepciones, unas veces por mérito propio (Cardeñosa, Salinas, Eloy, Zubizarreta), otras gracias a un completísimo ridículo colectivo (mundial de España, Naranjito incluído), y, algunas más, por méritos ajenos (el atraco de aquel árbitro gandul).

La cosa es que siempre íbamos con enorme ilusión y volvíamos con un notable mosqueo. Igualito que a los toros. Cosas de la raza.

Y si eso era malo, mucho peor era ver proclamarse campeón a países como Francia, a los que tenemos nuestra particular manía de vecindario, que es, por otra parte, recíproca y a menudo justificada. Que Brasil gane mundiales tiene un pase, pero que los ganen los gabachos, mientras nosotros nos comemos los mocos, da muchísima rabia.

Lo cierto es que antes de la final se mascaba la tragedia, sobre todo por la actitud de buena parte de la prensa, que hablaba sin tapujos de las celebraciones, antes de jugar el partido. Un error que se suele pagar caro.

Esta final venía con grandes novedades. Enfrente teníamos a los herederos de la naranja mecánica, aquella selección que admiró al mundo por lo bien que jugaba y porque nunca ganaba nada, características que alguno han querido ver también en anteriores combinados españoles, de forma optimista sin duda, ya que es cierto que, como Holanda, nunca habíamos ganado casi nada, pero no por nuestro juego preciosista, sino porque jugábamos con el culo y nos arrugábamos en las grandes ocasiones. Lo nuestro siempre han sido los amistosos. Somos un país afable.

De esta forma se llegaba a la final; con dos selecciones especializadas en grandes fiascos, llenas de complejos y fantasmas del pasado, y sólo una de ellas habría de cambiar esa historia de chascos para siempre.

Los holandeses debieron de pensar que no podrían cambiar su historia de fatalidades si hacían lo mismo que otras veces, es decir, jugar bien; y debieron repasar la historia de los mundiales para comprobar cuántas veces ha ganado el fútbol ramplón, resultadista,  guarro y tramposo de Italia. Así que acometieron el plan B.

El plan B consistió en encomendarse al espíritu de Chuck Norris. La Naranja Mecánica se transformó en la Mandarina Asesina, y optó por un estilo de juego directo, pues empezaron, directamente, a dar hostias. Sin miramientos ni disimulo alguno. Si eso le ha funcionado a Italia a lo largo de la historia, ¿por qué no les iba a funcionar a ellos?, debieron pensar.

Y lo malo es que a punto estuvo de ser la táctica correcta. Hasta tal punto copiaron el estilo de los transalpinos, que hasta le añadieron el detalle sorprendente y muy latino de dar patadas primero y protestar al árbitro después, convirtiendo la final en un espectáculo bastante surrealista.

Desde el pitido inicial se liaron a coces con una contumacia impresionante, y, acompañaron cada patada de un rosario de protestas al árbitro, como diciendo: ¿oiga, es que no ha visto que el español ese me ha doblado los tacos de aluminio con el esternón?.

Con el pelo rapado y la camiseta naranja, parecían un grupo de hare krishnas poseídos por el anticristo. Ni que les hubieran echado en el agua un puñado de tripis de los mejores cofee shops del puerto de La Haya.

El arbitro que, además de inglés, era un cagón de cuidado, dejó seguir a lo suyo a los discípulos de Kill Bill por aquello de no estropear el espectáculo, y a punto estuvo de aguarnos la fiesta.

Un final made in Hollywood.

En muy raras ocasiones la vida imita al cine. No es frecuente que los buenos se impongan a los villanos, se lleven el tesoro y la chica. De hecho yo sólo recuerdo un final así en el fútbol, y es en una película; “Evasión o victoria” de Huston, cuando los prisioneros aliados vencen a la selección de carceleros nazis, cuyo estilo de juego guardaba un parecido sorprendente con el de esta Holanda.

Pero esta vez la realidad se empeñó en imitar a la ficción.

Al igual que en las buenas películas, la emoción fue insoportable, y a todos se nos paró el corazón cuando uno de aquellos naranjitos psicópatas, de nombre Robben, se plantó sólo ante Casillas. Otra vez iban a ganar los de la Gestapo…como en la vida misma.

Y cuando llegaba el fatal desenlace en cámara lenta, el tiempo se paró un instante, sonaron los acordes de la música de John Williams (yo los escuché, al menos) y apareció milagrosamente Indiana Jones vestido de verde, para desviar el disparo a bocajarro del villano.

Los carniceros holandeses, impotentes, se lamentaban de su suerte. Parecían mirar al cielo y clamar: ¡qué injusticia!, con la de esfuerzo y dedicación que estamos poniendo en romper las piernas al enemigo. ¡Oh Señor!, ¿por qué nos has abandonado?.

Como en un final made in Hollywood, los acontecimientos se sucedieron, estirando la incertidumbre hasta el último minuto. Los buenos, salvados varias veces por los pelos, nos dirigíamos hacia el precipicio de los penaltis, enfrascados en una lucha sin cuartel y sin prisioneros.

Y cuando el abismo de la gran catarata, que habría de tragarnos para siempre, aparecía ya en primer plano, el más bravo de los buenos, un chaval pequeño y frágil,  que incomprensiblemente había sobrevivido en aquel mar de hostias, apareció para lanzar un disparo certero al corazón de la bestia.

Los malos habían perdido. Un enorme ”The end” se pintaba sobre el césped.

El chico besó a la chica, los buenos se quedaron el tesoro, los malos pagaron sus fechorías, y a los heroes, de regreso a la patria, les pasearon con sus medallas, como a Luke Skywalker y Han Solo en la Guerra de las Galaxias.

Y lo mejor de todo: nos hemos quitado la fatalidad para siempre, que se la han quedado en exclusiva los holandeses. Se lo merecen por cochinos. No se trata así a un país que te ha dado tantas cosas buenas, como el Duque de Alba o los Tercios de Flandes.

No hemos ganado un mundial, hemos traído la justicia al Universo. Qué tiemblen los malos y los abusones.

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Cuando Pedrito se convirtió en San Pedro

Más chulos que un ocho. Así nos hemos plantado en la final del Mundial, algo que jamás me habría imaginado que llegaría a ver. Mucho menos después del fiasco de Naranjito y Citronio; cuando hicimos uno de los más sonoros ridículos de entre los organizadores futbolísticamente civilizados de un mundial.

Y digo que más chulos que un ocho, porque hemos sido el único equipo con los cojones de jugar una media de sesenta minutos por partido con diez jugadores. Así, dando ventajas al contrario, que para eso vamos sobrados.

 

Pero una semifinal es mucha tela, y Del Bosque pensó que a los alemanes ni agua, que eso de dar ventajas de entrada esta bien con equipillos de medio pelo, de esos que te ponen el autobús en la portería y un palomero en punta a ver si coge un balón, chuta, le pega a Piqué en el culo y entra, para desesperación de Casillas, su novia y el resto del pueblo español.

 

Así que España ayer salió con once, lo que sin duda desconcertó a los teutones, que habían ensayado la táctica de parar a un solo punta (Villa) y dejar en paz al niño rubito que camina cabizbajo por el área, en fuera de juego y sin ganas de hacer una carrerita ni para disimular.

 

Con esta táctica innovadora de jugar con diez para despistar al rival, y meter un jugador, hasta llegar los once que deja el reglamento, en la segunda parte, habíamos conseguido doblegar a todos los amarretes que nos habíamos encontrado en las eliminatorias, a excepción de Suiza, que jugó con el autobús y con la Virgen.

 

Del Bosque, sorprendente esta vez, sacó a Pedrito de titular, y el chaval se salió. No sólo el chaval, también el resto, porque la verdad es que si Alemania pareció tan poca cosa se debe exclusivamente a que España hizo un partido de matrícula de honor. Es lo bueno de jugar con once. Parecíamos Brasil, pero la Brasil de Pelé o la de Sócrates y Zico, no la Brasil ramplona de “Robinho al borde del ataque de nervios”.

 

Tan sobrados estábamos que hasta les metimos un gol de corner, es decir, un gol a la alemana, con un Puyol que llevaba puestas las esencias de Zarra o Marcelino, el del gol que hizo temblar los cimientos del telón de acero.

 

Pero la principal aportación de Pedrito, convertido, como dijo Paco González, en San Pedro, no fue la de sus desbordes y el desparpajo para encarar, una y otra vez, a esos armarios de Ikea que tiene Alemania en la defensa. Su principal aportación, la que de verdad hemos de agradecerle por siempre, fue la venturosa jugada en la que, pudiendo pasar el balón al Niño, que sin pretenderlo se había quedado sólo y meditabundo en el área, -pues pasaba por ahí pensando en sus cosas-, prefirió intentarlo el solito, lo que fue una inteligentísima decisión, mucho más admirable si tenemos en cuenta que es una decisión tomada en milésimas de segundo.

 

Porque imagínense si, en vez de hacer el chupón, le pasa el balón a Torres, y éste, simplemente por una remota casualidad, la pega rematadamente mal, como acostumbra, mete un gol de churro y finiquita a Alemania.

 

Imagínense que terrible desgracia. Ahora estaríamos todos aterrorizados pensando que, de nuevo, nos le ponen de titular en la final, y que repetimos el esquema suicida de jugar con diez otros sesenta minutos, ni más ni menos que en la final de un campeonato del mundo. Con lo que nos ha costado llegar hasta aquí, tras deshacernos de Raúl, tendríamos otra década con un delantero de similares características. Es decir, un delantero que juega por decreto ley, así esté en forma o esté más cojo que El Manteca.

 

Debemos ser chulos sí, porque podemos, pero suicidas no, que estos holandeses son capaces de cualquier cosa y dicen que a la tercera va la vencida. Nunca sabremos valorar la importancia de la decisión de Pedrito, definitivamente San Pedro, que puede valer un mundial.

 

Hablando de otras cosas, he leído que Zapatero ha anunciado que está pensando si irá a ver la final, y eso sí que no lo arregla ni Pedrito, ni San Pedro. Dios nos asista. Este hombre no tiene límites en su ardua tarea de sumir a España en una depresión sin fondo, a todos los niveles.

 

Hay pánico en los foros futboleros sobre tal posibilidad y hasta el pulpo Paul está esperando la decisión de nuestro gafe mayor del reino para dar su pronóstico. Sí es que hasta los pulpos le conocen, y mucho más los pulpos de la Merkel.

 

Un cachondo en el foro de Marca le rogaba al Presidente que viera en casa el partido y cuidase de las niñas para que no se coman al gato. Hay muy malas personas en esos foros anónimos, porque esas cosas no se dicen, ni aunque te asista la razón.

 

El domingo nos esperan mis primos, los Van den de Holanda, esperemos que los alemanes le den matarile al pulpo antes de que haga un pronóstico, porque si dice que perdemos, la cosa se pone fea, y es que este pulpo sabe bastante más de fútbol que la mayor parte de la prensa deportiva.

 

Qué bien lo vamos a pasar este domingo sufriendo como perros. ¡José Luís, por tu madre, quédate en la Moncloa! y llévate al resto del consejo de Ministros a ver el partido en la tele de plasma, con unos ganchitos y unas birras. Danos un respiro, déjanos una alegría, que falta nos hace.

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¡Bravo, Muse!

La semana pasada tuve la fortuna de asistir al evento musical del año: el concierto que la banda inglesa MUSE ofreció en el estadio Vicente Calderón de Madrid (que por cierto, está viejo y cutre, a ver si le dan una manita de cal y echan PatoWC en los baños). Único concierto en España dentro de su nueva gira. Ahí nos juntamos 50.000 almas de cántaro.

En honor a la verdad no hubiera asistido de no ser porque mi hijo llevaba una temporada introduciéndome en la música de esta banda y, sobre todo, haciendo una descarada apología de lo grandioso de sus directos (hábil estrategia para que le pague la entrada).

Así que me fié de su criterio, que musicalmente es muy bueno, y menos mal, porque de lo contrario me habría perdido uno de los mejores conciertos de mi vida. Esto lo dice alguien que ha visto muchos y a casi todos los grandes, que para eso uno es viejuno y aficionado desde niño. Hay que fiarse de los pocos jóvenes que están a la que salta.

El espectáculo fue, simple y llanamente, colosal y muy divertido; pero lo que más gratamente me sorprendió no fue la puesta en escena grandiosa y efectista, en la línea de lo que veíamos hace años a Pink Floyd -que ya de por si hubiera justificado la asistencia-, sino la música, que es de lo que se trata.

Porque la banda de Matt Bellamy ofrece actualmente, junto con Porcupine Tree, el mejor directo del panorama musical. Son unos músicos extremadamente eficaces, imaginativos, talentosos, y poseedores de una técnica que, para ser sinceros, da muchísima envidia.

Si el concierto hubiera carecido de luces, proyecciones y mil y un efectos sorprendentes, el resultado habría sido igualmente extraordinario, porque suenan a gloria, y doy fe que hacer sonar en directo esa música tan compleja y con una producción tan elaborada, está al alcance de muy pocos.

Sobre la labor de los técnicos basta decir que el sonido fue prácticamente perfecto, al menos en la zona en la que tenía mi localidad (digo esto porque el sonido en un gran recinto varía mucho en función de la posición del espectador). Lo más sorprendente es que no conservan un sonido homogéneo (que facilitaría mucho el hacer una buena ecualización), sino que la producción del sonido de voces e instrumentos, la aplicación de efectos e incluso el nivel de los diferentes planos, varía enormemente de una canción a otra, porque buscan y consiguen crear las atmósferas del estudio, pero con la fuerza y la improvisación del mejor directo.

Por otra parte, el montaje escenográfico era impresionante. Un escenario en forma de proa de barco, con una extraña perspectiva forzada y del tamaño de un edificio de cuatro plantas, en cuyas fachadas se efectuaban juegos luminotécnicos y proyecciones de alta calidad, les permite modificar radicalmente la puesta en escena de cada canción, lo que unido a la variedad de la producción de sonido, hace que no tengas momentos de tregua, porque cada canción es radicalmente diferente de las demás. Todo un esfuerzo que se agradece y divierte, aunque, insisto, lo que realmente deslumbra es la calidad de sus canciones y lo eficaz e imaginativa que es su interpretación.

Dos horas y pico de música, con esa calidad de sonido, con esa puesta en escena espectacular (¡si es que hasta nos sacaron un ovni volando sobre el público del que salió una bailarina-trapecista con pinta de extraterrestre!), se unieron para hacernos disfrutar de un concierto extremadamente divertido, sin pausa ni tregua.

Pero todo eso no sería nada, insisto, sin la música, que es su punto fuerte, porque MUSE es, junto con Porcupine Tree, lo mejorcito del panorama actual, aún siendo polos opuestos en su concepto.

Lo que en la banda de Steven Wilson es oscuridad e introspección, es puro divertimento en MUSE; mientras que Porcupine Tree es una banda muy minoritaria, con un directo austero en la puesta en escena, que se concentra casi exclusivamente en su impresionante música, MUSE es variedad, optimismo y juego.

Matt Bellamy ha conseguido sumar un montón de influencias y, a partir de ellas, construir una música enormemente original y , a veces, ampulosa, donde son evidentes las referencias a Queen (unión del rock más duro con la tradición lírica e incluso el cabaret), la música electrónica, el rock duro, y un tratamiento de las guitarras en el que la influencia de Tom Morello de Rage Against The Machine, está claramente presente.

Bellamy, además de un enorme cantante y un portentoso guitarrista (elegido “guitarrista de la década” por la prestigiosa revista Guitar Player), sumamente original, es, por si fuera poco, un consumado pianista y un buen conocedor de la música clásica. Las líneas melódicas y las progresiones armónicas de muchos de sus temas nos recuerdan a los compositores románticos. Ahí están Rajmaninof, Tchaikovsky o Liszt.

Que con toda esa amalgama no te salga un pastiche, sino un producto fresco, original, lleno de creatividad y, encima, divertido a rabiar, está sólo al alcance de talentos portentosos, y, de eso, los chicos de MUSE van muy sobrados.

Menos mal que en una época donde la música se mueve mayoritariamente entre la mierda electrónica de discoteca y los conciertos “remember” de los viejos dinosaurios del rock, (que a Dios gracias aún no se han extinguido), nacen talentos como el de Wilson o el de Bellamy, que son lo más parecido a abrir las ventanas y que entre un chorro de brisa fresca entre tanta boñiga.

Lo dicho, si les gusta la música y quieren ver algo que supera cualquier espectáculo que hayan visto antes, no se pierdan a MUSE, yo ya estoy esperando que vuelvan. El rock no ha muerto. Menos mal.

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