La gran comilona

Mi suegro siempre decía que era mejor comprarme un traje que invitarme a comer. Hasta tal punto llegaba mi saque en los años mozos. No todo era gula, que buena parte era simplemente hambre, porque en los años de estudiante, en Valladolid, subsistíamos con una asignación paterna exigua, y con unos menús de colegio mayor más exiguos aún, a la par que asquerosos.

 

No era un problema exclusivamente mío, como lo prueba el que “Galerías Preciados” tuvo la feliz ocurrencia de abrir una cosa muy moderna llamada “buffet libre”, que posiblemente esté en el origen de la quiebra de la citada empresa comercial.

 

Cuando los estudiantes recibíamos la trasferencia mensual, corríamos al citado buffet a intentar batir el record guiness de ingesta simultánea de croquetas, gambas con gabardina, y otros manjares que los intrépidos camareros intentaban vanamente llevar hasta sus respectivos mostradores. Digo vanamente,  porque solían ser interceptados por grupúsculos estudiantiles rojos, no por ideología, sino por lo congestionados tras una anormal ingesta de todo lo que por ahí se mostraba y tenía pinta de ser comestible.

 

Como ven, lo que decía mi suegro no era una exageración, sino un dato absolutamente objetivo, pues era más barato, ciertamente, comprarme un traje que pagar la factura de mi comida. Cosas del hambre, que no de la gula.

 

Con los años, el desarrollo económico y los triglicéridos, he ido cambiando tales costumbres, y hoy puedo presumir de tener unos gustos bastante proletarios en lo que se refiere al comer.

 

Otros, sin embargo, han quedado marcados para siempre por el síndrome del buffet libre, sobre todo si el buffet, además de libre es gratis.

 

Que haya gente así no debería ser mayor problema, pero lo cierto es que para nuestra región lo es, ya que los afectados por tal síndrome parecen haber confluido todos ellos en el Gobierno de Cantabria y sus chiringuitos anexos.

 

El día que esta gente se vaya del gobierno, que será más pronto que tarde, será un día muy triste para cierta hostelería vip de Santander y Cantabria, que en esta época de crisis tengo la sensación de que sobrevive casi exclusivamente de los comedores y bebedores gubernamentales.

 

 

Entre la indignación y el descojono (porque la cosa, siendo seria tiene tintes de película de Berlanga) estuve el otro día analizando el libro Mayor de la contabilidad del Consejo Económico y Social de Cantabria del año 2008.

 

Para introducir el tema diré que el CES es un organismo más o menos conocido por los ciudadanos, cuya principal función, hasta hace unos años, era emitir dictámenes sobre las propuestas legislativas del Gobierno, y que de un tiempo a esta parte, a esa función secundaria, ha añadido las más trascendentes de comerse todo lo que se mueve y beberse hasta el agua de los floreros. Y, si es posible, comer y beber viajando por bellos parajes, que es como más se disfruta de la gastronomía.

 

Al menos eso se desprende de su propia contabilidad, en la que lo que abunda, (y de qué manera), son los asientos contables de comidas (bastantes más del centenar en un año) y los de bebibas (casi 6.000 euros anuales en postineros pubs de la zona noble santanderina).

 

Hay alguno al que no le han visto por casa en este tiempo, al menos a la hora de comer, y hay alguno, (que bien pudiera ser el mismo o los mismos), que han debido de llegar a casa cada tres días con cierto perjuicio.

 

Que nadie se alarme, que dichos señores no han conducido superando los índices de alcoholemia, que también la partida de alquiler de vehículo con conductor está muy bien dotada y bien agotada. Ya lo dijo Stevie Wonder. “si bebes no conduzcas, mejor que te lleve el chofer, sobre todo si el chofer, como las copas, sale gratis”.

 

Que haya triperos, bebedores y aprovechados es algo que no se puede prevenir fácilmente, pero lo peor de todo esto es que la Intervención General, ya en el 2008 realizó una auditoría en la que estos y otros vicios de fondo y forma quedaban  convenientemente puestos en evidencia.

 

Suponemos que estas auditorías llegaron a los responsables de dichos nombramientos, que en el caso del CES son los Consejeros de Industria, y como nadie hizo nada, ni nadie fue cesado, suponemos que se debe a que les pareció la cosa más normal del mundo. Vamos, lo que se hace habitualmente en sus organismos dependientes; motivo, entre otros, por el cual no sueltan los libros mayores de las empresas públicas, que harían, me temo, parecer al Presidente del CES un alumno aventajado del ascético Simeón el estilita.

 

Y es que, puestos a comerse todo lo que se mueve, (preferentemente si se mueve en la mar salada), es muchísimo mejor para la Arcas Públicas el sistema del último Consejero de Industria, Juan José Sota, que como han denunciado en Castro Urdiales, se pone las botas con los colegas, pero dejando la factura al pufo. Todo un detalle de austeridad en esta época de crisis.

 

Si todos hicieran lo mismo que el Consejero de Industria no habría que subir los impuestos. Que aprendan los demás del jefe.

 

A Revilla le gusta mucho sacar a relucir los dos famosos trajes de su homólogo valenciano Camps, para presumir de supuesta honradez, pero como hubiera dicho mi suegro, a los cántabros mejor nos saldría comprarle dos trajes a Revilla que invitar, como llevamos haciendo siete años, a tanto alto cargo a comer. La cosa no tiene color, porque son muchísimos y hay que ver cómo tragan.

 

Con lo que se han comido algunos estos años no comprábamos dos trajes, sino las fábricas de Adolfo Domínguez.

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1 comentario

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Una respuesta a “La gran comilona

  1. No se que comentar…. creo que lo has dicho muy claro. Yo no se quienes tienen acceso a las cuentas del gobierno cántabro…, ¿todos los cántabros? yo, no. Me gustaría saber si esa información, de indudable interés público, ya que es con el dinero de todos, está a la libre y gratuita disposición de los cántabros. Por que, no hace mucho oí en la radio, que Cantabria y Málaga, eran según no se que organización que se ocupa de dar estas opinones, eran las dos provincias más opacas sobre sus cuentas. Y ya se sabe, que el no saber es lo mejor para los corruptos. Y con cuentas claras se limpian la cara los políticos, cosa que me parece que no hacen en Cantabria, por que mis sospechas tengo, que si viese ese libro de cuentas y los cántabros viesemos como gastan nuestro, repito “NUESTRO”, dinero.
    Y si son imaginaciones mias, que alguien me diga si esas cuentas las han puesto a disposición pública gratuitamente en la web del gobierno de Cantabria, igual si… y yo todavía no lo sé.
    Sólo digo que de comidas y bebidas y fiestas muy bien, pero también que me digan los gastos en publicidad, una partida que es la primera que hay que reducir en crisis, esa partida que es fácilmente corruptible, que me digan como ha evolucionado en los últimos 7 años…. Porque, seamos serios, quienes están en el poder, cuanto más tiempo más saben. No es el diablo más diablo por diablo, sino por viejo. Y el poder corrompe, es cuestión de tiempo. Si lo dice el saber popular, por algo será.

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