Un final made in Hollywood

Se acabó el infortunio. Por fin hemos ganado la Copa del Mundo, algo que varias generaciones habíamos perdido la esperanza de llegar a ver.

Han sido décadas de decepciones, unas veces por mérito propio (Cardeñosa, Salinas, Eloy, Zubizarreta), otras gracias a un completísimo ridículo colectivo (mundial de España, Naranjito incluído), y, algunas más, por méritos ajenos (el atraco de aquel árbitro gandul).

La cosa es que siempre íbamos con enorme ilusión y volvíamos con un notable mosqueo. Igualito que a los toros. Cosas de la raza.

Y si eso era malo, mucho peor era ver proclamarse campeón a países como Francia, a los que tenemos nuestra particular manía de vecindario, que es, por otra parte, recíproca y a menudo justificada. Que Brasil gane mundiales tiene un pase, pero que los ganen los gabachos, mientras nosotros nos comemos los mocos, da muchísima rabia.

Lo cierto es que antes de la final se mascaba la tragedia, sobre todo por la actitud de buena parte de la prensa, que hablaba sin tapujos de las celebraciones, antes de jugar el partido. Un error que se suele pagar caro.

Esta final venía con grandes novedades. Enfrente teníamos a los herederos de la naranja mecánica, aquella selección que admiró al mundo por lo bien que jugaba y porque nunca ganaba nada, características que alguno han querido ver también en anteriores combinados españoles, de forma optimista sin duda, ya que es cierto que, como Holanda, nunca habíamos ganado casi nada, pero no por nuestro juego preciosista, sino porque jugábamos con el culo y nos arrugábamos en las grandes ocasiones. Lo nuestro siempre han sido los amistosos. Somos un país afable.

De esta forma se llegaba a la final; con dos selecciones especializadas en grandes fiascos, llenas de complejos y fantasmas del pasado, y sólo una de ellas habría de cambiar esa historia de chascos para siempre.

Los holandeses debieron de pensar que no podrían cambiar su historia de fatalidades si hacían lo mismo que otras veces, es decir, jugar bien; y debieron repasar la historia de los mundiales para comprobar cuántas veces ha ganado el fútbol ramplón, resultadista,  guarro y tramposo de Italia. Así que acometieron el plan B.

El plan B consistió en encomendarse al espíritu de Chuck Norris. La Naranja Mecánica se transformó en la Mandarina Asesina, y optó por un estilo de juego directo, pues empezaron, directamente, a dar hostias. Sin miramientos ni disimulo alguno. Si eso le ha funcionado a Italia a lo largo de la historia, ¿por qué no les iba a funcionar a ellos?, debieron pensar.

Y lo malo es que a punto estuvo de ser la táctica correcta. Hasta tal punto copiaron el estilo de los transalpinos, que hasta le añadieron el detalle sorprendente y muy latino de dar patadas primero y protestar al árbitro después, convirtiendo la final en un espectáculo bastante surrealista.

Desde el pitido inicial se liaron a coces con una contumacia impresionante, y, acompañaron cada patada de un rosario de protestas al árbitro, como diciendo: ¿oiga, es que no ha visto que el español ese me ha doblado los tacos de aluminio con el esternón?.

Con el pelo rapado y la camiseta naranja, parecían un grupo de hare krishnas poseídos por el anticristo. Ni que les hubieran echado en el agua un puñado de tripis de los mejores cofee shops del puerto de La Haya.

El arbitro que, además de inglés, era un cagón de cuidado, dejó seguir a lo suyo a los discípulos de Kill Bill por aquello de no estropear el espectáculo, y a punto estuvo de aguarnos la fiesta.

Un final made in Hollywood.

En muy raras ocasiones la vida imita al cine. No es frecuente que los buenos se impongan a los villanos, se lleven el tesoro y la chica. De hecho yo sólo recuerdo un final así en el fútbol, y es en una película; “Evasión o victoria” de Huston, cuando los prisioneros aliados vencen a la selección de carceleros nazis, cuyo estilo de juego guardaba un parecido sorprendente con el de esta Holanda.

Pero esta vez la realidad se empeñó en imitar a la ficción.

Al igual que en las buenas películas, la emoción fue insoportable, y a todos se nos paró el corazón cuando uno de aquellos naranjitos psicópatas, de nombre Robben, se plantó sólo ante Casillas. Otra vez iban a ganar los de la Gestapo…como en la vida misma.

Y cuando llegaba el fatal desenlace en cámara lenta, el tiempo se paró un instante, sonaron los acordes de la música de John Williams (yo los escuché, al menos) y apareció milagrosamente Indiana Jones vestido de verde, para desviar el disparo a bocajarro del villano.

Los carniceros holandeses, impotentes, se lamentaban de su suerte. Parecían mirar al cielo y clamar: ¡qué injusticia!, con la de esfuerzo y dedicación que estamos poniendo en romper las piernas al enemigo. ¡Oh Señor!, ¿por qué nos has abandonado?.

Como en un final made in Hollywood, los acontecimientos se sucedieron, estirando la incertidumbre hasta el último minuto. Los buenos, salvados varias veces por los pelos, nos dirigíamos hacia el precipicio de los penaltis, enfrascados en una lucha sin cuartel y sin prisioneros.

Y cuando el abismo de la gran catarata, que habría de tragarnos para siempre, aparecía ya en primer plano, el más bravo de los buenos, un chaval pequeño y frágil,  que incomprensiblemente había sobrevivido en aquel mar de hostias, apareció para lanzar un disparo certero al corazón de la bestia.

Los malos habían perdido. Un enorme ”The end” se pintaba sobre el césped.

El chico besó a la chica, los buenos se quedaron el tesoro, los malos pagaron sus fechorías, y a los heroes, de regreso a la patria, les pasearon con sus medallas, como a Luke Skywalker y Han Solo en la Guerra de las Galaxias.

Y lo mejor de todo: nos hemos quitado la fatalidad para siempre, que se la han quedado en exclusiva los holandeses. Se lo merecen por cochinos. No se trata así a un país que te ha dado tantas cosas buenas, como el Duque de Alba o los Tercios de Flandes.

No hemos ganado un mundial, hemos traído la justicia al Universo. Qué tiemblen los malos y los abusones.

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4 comentarios

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4 Respuestas a “Un final made in Hollywood

  1. Oscar Sin Nick

    Se te ha olvidado los títulos de créditos con Reina presentando uno a uno a los protagonistas.

    No sólo hemos ganado, sino que lo hemos hecho en plan peli americana (americanada) con todos los topicazos del mundo.

    Lo mejor es cuando eso ocurre de verdad, sin que nadie lo fuerce.

  2. ilarduya

    Aquí en Euskal Herria, los del PNV son tan ventajistas que siempre apuestan en contra de “paña” como dicen sus jóvenes cachorros a lomos de sus tablas de surf (deporte vasco por escelencia). Claro si la probabilidad de que “paña” gane el mundial a partir de diesiseisavos es de (1/2)(1/2)(1/2)(1/2)=1/16, La probabilidad de perder es de 1-(1/16)=15/16. Es decir puro ventajismo el de esta gente. Pues les ha salido mal la apuesta (Llorente a chupar banquillo, porque no le pueden mandar a Siberia, que a más de uno/a le gustaría). A propósito, el pasado domingo las calles del paraiso estaban vacías. Supongo que el personal estaba viendo cine de autor subvencionado por los sufridos ciudadanos.

  3. ilarduya

    Por favor disculpadme por haber escrito “escelencia” y “paraiso”.

  4. ilarduya

    DONDE DICE “la probabilidad de que gane el mundial a partir de diesiseisavos” DEBE DECIR “después de diesiseisavos”
    ¡Vaya día! Pido disculpas.

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