De pollos y plumas

Esta semana el opio del pueblo del siglo XXI, -es decir, la televisión-, ha mostrado algunos momentos admirables, de esos que por si solos justifican el dedicar unos minutos al día a asomarse a esta ventana surrealista.

El que más he disfrutado ha sido el rifirrafe entre Pedrito Ruiz y Maria Antonia Iglesias. Sobre todo por lo que tiene de experimento sociológico.

No es que Pedro Ruiz sea santo de mi devoción, pero he de reconocer que esta aparición televisiva le ha redimido a los ojos de casi todos los españoles (entre los que me incluyo), haciéndonos olvidar, incluso, sus incursiones en el mundo de la música (que más que meras incursiones eran auténticas campañas de aniquilación).

No voy a comentar el enfrentamiento en cuestión, ya que lo ha visto todo el mundo, sino el panorama después de la batalla, que es lo realmente interesante.

Desde hace años me abruma una duda existencial sobre cuál es el personaje más profundamente odiado por el vulgo en general.

Tenía mis dudas entre varios candidatos, todos ellos sobradamente capaces de sacar de nosotros ese Freddy Krueger que llevamos dentro. Tras mucho pensarlo, llegué a la conclusión de que había un empate técnico, prácticamente imposible de dilucidar, entre Ramoncín y María Antonia Iglesias.

Imposible saber a quién galardonar como personaje más repelente del panorama audiovisual. Ambos han hecho méritos más que destacados, y era necesaria una prueba empírica que decantara la balanza en uno u otro sentido, pero no llegaba…

Hasta que un buen día vino Pedro Ruiz para acabar definitivamente con tal dilema, y lo hizo a lomos de una pregunta puramente retórica: “¿Es usted puta o no es puta?”. Nadie en este país tiene ninguna duda sobre el carácter metafórico de la cuestión, ya que no es precisamente una profesión en la que seamos capaces de visualizar a la citada periodista. Es más, diría que ni somos capaces ni deseamos visualizar tal imagen.

Planteada la cuestión por Don Pedro, se lió la de San Quintín, con el desenlace por todos conocido. Hecho pues el experimento,  sólo quedaba ver los resultados, y para ello nada mejor que perder un poco de sueño leyendo los comentarios en la prensa digital y sacar conclusiones demoscópicas.

Y la conclusión principal es que en este país, tan proclive a las divisiones en temas de opinión, donde es tan extraño encontrar opiniones unánimes, la Señora Iglesias ha conseguido un excepcional consenso.

No voy a negar que de la lectura de tales comentarios se deriva,  sin duda alguna,  que Ramoncín ha perdido el combate final por el trono a “personaje más vilipendiado de España” por goleada.

Pedro Ruiz, -que me temo que tampoco era persona de concitar grandes adhesiones a su persona-, ha conseguido, por idéntico motivo, un reconocimiento, un afecto y una empatía que roza lo insólito.

Entre los calificativos que me he permitido recopilar, bien por su ingenio, bien por su mala leche, hay algunos de enmarcar (Fuente: El Confidencial. com. http://foro.elconfidencial.com/foro/3702/45/ASC/pagina/1):

 -saco de maldad torticera.

-aguerrida albóndiga, maligna, sectaria y posesa.

-mueca andante que eructa pus

-sapo bolchevique

Y un sinfín de calificativos, más o menos ordinarios, que, por supuesto, no comparto, aunque alabe su ingenio.

Lo más sorprendente, sin duda, es la total ausencia de comentarios favorables, demostrando, como dije al principio, que la Señora Iglesias es todo un símbolo de la unidad de España. Muy por encima del Rey, el himno, o la bandera y a la par de otros iconos como la Selección Española de Fútbol o la tortilla de patatas.

No todo el mundo puede presumir de semejante logro.

El otro momento televisivo de caerse los palos del sombrajo surge a raíz de las científicas declaraciones de nuestro admirado Evo Morales en relación con el consumo de pollo transgénico y la homosexualidad.

Hasta la fecha no sabíamos de la relación entre comer pollo y echar pluma, y el Presidente boliviano nos ha dejado con múltiples interrogantes. ¿Son los efectos de tal dieta reversibles a medio o largo plazo modificando los hábitos dietéticos, por ejemplo, sustituyendo el pollo por conejo o por almejas a la marinera?. Esperamos que los científicos del país andino nos resuelvan ésa y otras dudas. Mientras tanto, por si las moscas, nos pasamos al lomo adobado.

A raíz de esa nueva teoría sobre la sexualidad humana, asistimos a ese momento “all brand” en el caos televisado que presenta un presunto consumidor masivo de pollo, el tal Jorge Javier Vázquez, donde otro Vázquez, Don Jesús, negó cualquier fundamento científico a la teoría de Don Evo, con el argumento irrefutable de que él no era gay porque le gustase comer pollo, sino porque le gustaba comer  “pollas”.

En principio pudiera parecer un poco explícito para el horario infantil, pero, para qué engañarnos, los niños de hoy día no se escandalizan así como así.

Para que luego digan que la televisión es aburrida.

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1 comentario

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Una respuesta a “De pollos y plumas

  1. Fan

    Ha merecido la pena esperar

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