Cancionero español. Volumen I

Mucho antes de que Ramoncín se proclamara “rey del pollo frito” ante el estupor de los propietarios de McDonald’s; antes, incluso, de que Miguelín Bosé le cantase a Superman en el Chile de Pinochet, artistas con mayúsculas compusieron e interpretaron canciones valientes en las que abordaron, con crudeza (excesiva en algún caso) diversos dramas personales, e incluso anhelos patrios.

Son canciones injustamente olvidadas, porque la sociedad en aquel momento no estaba preparada para semejantes revelaciones.

Pero este blog, en su hasta ahora incomprendido afán por convertirse en un referente cultural, ha recuperado para vosotros muchas de ellas. Esto ha sido posible gracias a los avances de las nuevas tecnologías y a la labor anónima de ciudadanos que han tenido a bien compartir estos tesoros, hasta ahora escondidos en el fondo de las guanteras de sus camionetas, con el resto de sus conciudadanos.

Inauguramos hoy, pues, esta sección dedicada a la difusión de las joyas ocultas del cancionero español y lo hacemos como quien pone la primera piedra del Ave; es decir, sin garantizar en ningún caso que este primer capítulo no sea también el último.

La primera de las canciones rescatadas del limbo es una cruda tonada que aborda, con valor y sin complejos, una confesión personal que en aquellos tiempos suponemos traumática. Es una obra de José Ángel, autor adelantado a su tiempo y cuya carrera debió truncarse por motivos obvios, ya que no conocemos obras posteriores. Calidad no le faltaba, pero hay revelaciones que las carga el diablo.

En su único tema conocido: “Madre, soy cristiano homosexual”, el citado autor decide confesar esta doble identidad a su madre, en la convicción de que un disgusto cantado es menos disgusto. No sabemos muy bien como encajó su señora madre la revelación, pero suponemos que un poco mejor que si hubiera confesado ser homosexual y, encima, agnóstico.

Viendo la portada del disco no podemos menos que exclamar: “¡quién lo hubiera imaginado!”

El segundo tema de hoy, es obra del cantautor Cecilio, injustamente eclipsado por su homónima femenina, la del “ramito de violetas”. Es un tema que no ha perdido nada de su vigencia. Muy al contrario, yo me atrevería a decir que en estas fechas su letra sorprende por la plena actualidad de su mensaje. No sabemos si decirle a los jubilados ” la vida se va a acabar, no hay tiempo que perder” tuvo el efecto festivo pretendido por el autor.

El tercer tema es quizás una de las primeras canciones españolas que abordó la problemática de las drogadicción, anticipándose así a otros autores injustamente más recordados por sus canciones dedicadas a estos vicios desaconsejables, como Lou Reed (heroin), los Rolling Stones (brown sugar) o Eric Clapton (cocaine). Ser anglosajón es una ventaja en el mundo de la música, pero una ventaja que, como vemos, no hace justicia.

Investigando he llegado a conocer que su autor, El Pelos, tiene una amplia discografía, especializada en temas relacionados con el código penal, siendo uno de los principales representantes de la rumba de gasolinera, y, por tanto, una influencia esencial de esos monstruos del top ten del transportista que son, actualmente, los Camela.

En la misma línea, es decir en el ámbito de la música del sector de los carburantes, y dentro también de la subcategoría “instituciones penitenciarias”, encontramos otra pequeña joya de los Costa Sur: “Yo soy un yonqui”. Un ritmo embriagador y una letra concisa, pero directa, son los elementos de esta obra que aborda, como ninguna otra, el drama de la toxicomanía:

“Yo soy un yonqui, no puedo negarlo, de la papela y ese polvo blanco”.

Moraleja, queridos niños: se empieza fumando grifa como el Pelos, y se acaba siendo un yonqui, como los de Costa Sur.

Pero no todo fueron confesiones sorprendentes, vicios y otros dramas personales. España también tuvo cantautores que se interesaron por glosar anhelos patrios, y que lo hicieron conjugando una musicalidad envidiable y un rigor histórico que para si querría más de un profesor universitario.

El máximo exponente de la tonada patriótico-festiva fue, sin duda, José Luis  y su guitarra, como lo demuestra la famosa canción “Gibraltar español”. Lástima que en aquellos años no exportábamos gran cosa en materia audiovisual, pues no es exagerado imaginar que una gira del citado autor por la Gran Bretaña habría conseguido lo que años de diplomacia no han podido, que nos devolvieran Gibraltar y, posiblemente, el condado de Sussex de regalo.

Es tal el tono épico y el nivel de exaltación que produce en los corazones, que he estado a punto de ir a tirar piedras a las ventanas del Corte Inglés. Ése es el poder de la buena música.

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Una respuesta a “Cancionero español. Volumen I

  1. jajajajajajajajajajajajajajajajajajaja

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