Pues sí, he preferido quitarlo, fuera de contexto quedaba realmente mal

Escribí el post de la polémica que ha levantado el personaje llamado Collado (ejemplo de lealtad y coherencia donde los haya), en un sonoro calentón, por la excitación previa el partido y, quizás también llevado por una irritación, nada razonable, por el contenido del informativo de La Sexta.

Decir que los informativos de La Secta, perdón la Sexta, parecen redactados en La Moncloa es una estupidez. Muy al contrario, son un ejemplo de objetividad, y los comentarios que los presentadores hacen a las noticias, en vivo y en directo, posicionándose a favor del gobierno, por si los espectadores tienen a mal pensar otra cosa, son simplemente anécdotas.

Decir que Pepiño Blanco tiene cara de roedor es otra evidente pasada de frenada, máxime cuando todo el mundo puede apreciar que no se parece a nada que no sea el propio Pepiño, como todo el mundo puede comprobar. Topogigio tenía otras virtudes, pero no la de parecerse al Ministro de Fomento.

Decir que la presentadora de La Sexta parecía un disfraz que ocultaba a un engendro maligno, o quizás a Maria Antonia Iglesias, no parece algo de mucho crédito, ya que es físicamente imposible meter a nadie ,por completo, dentro de nadie-, y la citada periodista –la Sra. Iglesias- se caracteriza por sus opiniones nada maliciosas, siempre sembrando la concordia y la tolerancia. Además su porte…en fin, tampoco yo soy Adonis.

Pero lo que no retiro, porque eso es mucho para el cuerpo, es que a mi no me gustan los periodistas que lanzan homilías. No me gusta Jiménez Losantos, y mucho menos Gabilondo. No me gusta que se mezcle información y opinión. No me gusta el adoctrinamiento en ningún sentido cuando se hace desde los medios de comunicación.

En fin, que la Sexta es todo un ejemplo de objetividad que nada debe al gobierno, que Pepiño es un hombre, como mínimo, atractivo, bastante más que yo, sin ir más lejos. María Antonia Iglesias un cúmulo de bondad y belleza, y los telepredicadores ya me empiezan a gustar más, aunque aún poco.

Y yo ¿qué decir?, pues eso, que soy un bocas. Aunque eso ya lo sabía, me lo recuerdan en casa cada día.

 No se puede ser tan bocas, al menos si no te llamas Revilla.

(Y pensar que todo este jaleo es la vendetta de Collado porque no “tomamos acciones” contra un periodista que trabaja en el partido y que tuvo la osadía de criticar las columnas de quien está todo el día criticándonos). Bueno, espero que se entretengan con el morbo, porque jamás tuve tantas entradas en el blog. Les animo a seguir leyéndolo en el futuro, aunque no todo va a ser carnaza).

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