Opiniones cualificadas y libres

Menos mal.

Parece que la propuesta del gobierno de convertir Cantabria en la “reserva eólica de occidente” empieza a encontrar respuesta en la sociedad. Somos una tierra habitualmente conformista, con cierta tendencia a asumir con resignación el destino que nos imponen, lo que es sumamente peligroso.

El proyecto de energía eólica del Gobierno es, a todas luces, un enorme riesgo para nuestro patrimonio, y, en definitiva, una amenaza inquietante para la economía futura de Cantabria, por mucho que nos lo quieran pintar de verde.

Yo no tengo ninguna duda de la enorme rentabilidad de esta actuación…para las compañías eléctricas y su industria auxiliar. Tampoco tengo ninguna duda de que puede ser un verdadero desastre para la mayoría de los cántabros.

El gobierno dice “nihil obstat”, puesto que el presunto plan (que no es un plan, ni ha pasado por el Parlamento) está avalado por un estudio de la Universidad de Cantabria. Conviene saber que la Universidad no es un ente superior pensante, sino una institución académica formada por personas. Las personas a veces se equivocan y tienen intereses. Pongamos el ejemplo de Ángel Agudo, que es profesor de la universidad.

Yo prefiero escoger opiniones cualificadas de las que tengo la garantía de que son especialmente doctas y ajenas a cualquier interés más o menos espurio. Por ello reproduzco íntegramente la tribuna publicada por García Guinea en el Diario Montañés.

Pocas personas tienen tras de si una trayectoria como la suya en la investigación, divulgación y protección de nuestro patrimonio. Para ser exactos, con tal curriculo, ninguna otra. Pocas, además, tan ajenas a intereses económicos o empresariales. Esto es lo que dice:

A quien no quiere caldo, taza y media

04.07.09 -(El Diario Montañes). Miguel Ángel García Guinea es prehistoriador y ex director del Museo de Prehistoria de Cantabria

 
La verdad es que me ha costado coger el bolígrafo para empezar a escribir algo que ya me apesta. Hace años, bastantes años, que publiqué en este ‘El Diario Montañés’ varios artículos, saliendo al paso del intento de hacer de Cantabria, a fuerza de pinchazos eólicos, una especie de gigantesca mariposa, que pierde el variado colorido de sus alas por causa de la impericia de su disecador. Algunos me llamaron -o lo pensaron, que es aún peor- antiprogresista, facha y fuera del tiempo, y otros, más decididos, si es que no recuerdo mal, contrariaron mi apreciación, contestando: ¡pónganse ya los aerogeneradores. Esta primera lucha de opiniones abiertas, concluyó, sin embargo -creo que por una estimación política acertada- con la apertura de una moratoria en la posible colocación de esos monstruosos aparatos sobre los montes de Cantabria. Pero ahora, resulta que los criterios han cambiado y que se ha visto que son tan imprescindibles que, no uno o dos parques van a ser instalados, sino que van a proliferar repartidos por entrañables rincones, paisajes y perspectivas que, si tuvieran boca, los escupirían por violentar un estado de sosiego y de equilibrio natural, más que nunca necesario en una sociedad del alboroto, de la sinrazón y de la insensibilidad.

No recuerdo bien el número de los que he visto van a ser ‘clavados’ en una región que siempre presumió de la belleza y variedad de su campiña, como motor primordial para el turismo. ¿Unos quinientos? Muchos, muchísimos, para una extensión tan reducida, pues quien recorra los 102 municipios siempre ha de tener como fondo imprescindible y torturador una procesión fantasmal de airados gigantes (¡Ay, Don Quijote querido!) reales y modernos, que le convertirán en uniformes todas las sensaciones.

Piensa muy bien Carlos Sánchez, presidente de ‘Naturaleza y Hombre’ y del comité español de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICAN) -a quien felicito- al pretender que la situación se reconduzca y que Medio Ambiente no permitirá ciertas locuras. Pero viendo y revisando las muchas que se han cometido en el litoral y en nuestros valles, permítanme que, por experiencia, y una vez más, sea un triste pesimista.

Cuando un ignorante en lo económico como yo, veía venir, tan sólo por sentido común, el apocalíptico vuelco social y monetario, en el que estamos metidos, y los «expertos» tocaban sonrientes el violón de la inconsciencia, creo que ya nadie puede censurar nuestras opiniones normales de hombres que piensan e intuyen.

Yo digo, en verdad, que cuando pude darme cuenta de la ‘resurrección’ de los molinitos de viento, supuse que la moratoria había concluido, pero siempre creí que la cosa quedaría en dos o tres parques escondidos. Pero ¿se han puesto a imaginar los partidarios de este descomunal proyecto, lo que son 500 aerogeneradores de 80 o más metros de altura, repartidos por nuestros montes, clavados por siempre a sus cumbres, además de los kilómetros de pista necesarios, para roturar y hasta seccionar brutalmente algunas laderas (léase ‘El Cuco’) y otras ‘monadas’ tan favorecedoras del paisaje? Mediten, pues, y mucho, los promotores de este plan eólico, sobre lo que puede resultar de todo esto. Porque si son -como dicen- sólo siete parques, vamos a tener en cada uno 71 unidades, lo que me parece realmente inaceptable; y si son más los parques -apuntan que 23- Cantabria va a parecer una gran corona de espinas para que su Pasión sea bien ostensible.

Menos mal que veo que ahora no estoy solo. Ya salió a la prensa -como he anticipado- la Fundación ‘Naturaleza y Hombre’. Lo hizo también ‘Cantabria Nuestra’ en la pluma de su ex-presidente Javier Ceruti, que definió el asunto como el segundo maremoto que nos tocará sufrir. Ambos, pues, con una crítica totalmente negativa al proyecto. Pero ahora yo quiero dirigirme a los partidos políticos de Cantabria que son al fin los representantes del pueblo. Ya lo hizo Ignacio Diego, presidente regional del Partido Popular, que pide debate en el pleno del Parlamento y que, aunque se manifiesta favorable a la energía eólica, afirma que ésta debe hacerse desde un estricto, controlado y riguroso respeto al patrimonio de Cantabria, tanto natural como cultural y paisajístico. El Gobierno, en voces del consejero de Industria, Juan José Sota (Acto inaugural del V Congreso Regional de la Federación de Industrias Afines-UGT-), y de la vicepresidenta Dolores Gorostiaga, ambos del PSOE, a favor del Plan, que dicen ya presentado tanto al Consejo Económico y Social, al Consejo de Estado, a las asociaciones ecologistas, y otras entidades que, aunque el periodista no enumera, esperamos -digo yo- que tengan la amabilidad de hacer públicos sus juicios y opiniones. ¿Qué estiman sobre este problema eólico, y por ejemplo, las Consejerías de Medio Ambiente, Cultura y Turismo, Partido Regionalista, ADIC, Izquierda Unida, la Unión con Castilla, Casas Rurales y Hostelería, Colegios de Ingenieros Industriales, Arquitectos y Aparejadores, Naturalistas, Biólogos, etc.? Porque está en juego no sólo el porvenir total de esta región, sino su propia identidad, que tanto se ensalza y aclama, su aspecto geológico y paisajístico futuro, y también el juicio que de esta generación tengan las venideras. Yo personalmente, por si alguien me sigue, no pondría ni un solo molino eólico, porque quiero que Cantabria, tantas veces en los puestos de cola, aparezca como la primera de Europa en rechazar los aerogeneradores.

 

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