DEBATE DEL ESTADO DE LA REGIÓN (1)

Ayer tuvimos el Debate del Estado de la Región. Una sesión maratoniana bajo un calor sofocante.

Por la mañana Revilla perpetró su discurso, que fue un calco literal, desganado y abreviado del de todos los años. Un rollo con mayúsculas, con las mismas promesas de siempre. Ya no se las cree ni él, y se nota.

Esperaba que hubiese bronca, pero a estas alturas ni siquiera provoca cabreo, sólo da sueño. El repertorio de Revilla es escasito, y como el personal estaba ya pensando en sus cosas, adormecido con el runrún de fondo de las promesas de siempre, y lo de que vamos a estar en la cabeza de Europa, y el todo va bien, porque vamos menos mal que los que van peor, no tuvo más remedio que interrumpirse a sí mismo.

Paró el discurso dos o tres veces porque alguna Señoría (entre los que me incluyo, para ser sincero) estábamos hablando para pasar el rato.

El Presidente del Parlamento quedó sorprendido ante tales interrupciones, ya que está acostumbrado a que haya bastante más ruido de fondo del que había ayer. No vio motivos para llamar al orden a nadie, ya que nadie hacía nada, excepto bostezar (que es, como todo el mundo sabe, una necesidad fisiológica difícilmente controlable, cuando te dan la chapa con 40 grados a la sombra).

No está acostumbrado Revilla a subir a la tribuna y que no le hagan caso. Otros lo tomamos, sin embargo, por la norma habitual, en el mejor de los casos, porque en los peores, te llaman de todo menos bonito, empezando por Lola Gorostiaga, que es muy aficionada a hacer la sardinera desde el escaño. Todo un  ejemplo de saber estar…en la plaza del pescado.

Revilla hizo lo que los jugadores teatreros en fútbol. Convencidos de que les van a dar la patada en el área, se dejan caer, aunque el rival más cercano esté en el centro del campo; y, claro, el piscinazo les queda de lo más ridículo.

El numerito de Revilla está ya desfasado, huele a formol que tira para atrás. Es como si Martes y Trece te contasen lo de “Encalna y la empanadilla” cada año por estas fechas. Una vez sorprende, seis veces aburre.

Revilla se ha encargado de crearse un personaje cómico, y ha conseguido que su suerte sea la de todos los cómicos: tarde o temprano, acaban cansando. Esta tragedia del mundo del show bussines la cuenta muy bien Alex de la Iglesia en “Muertos de Risa”.

Pajares y Esteso, el Dúo Sacapuntas, Cañita Brava, los Hermanos Calatrava, Chiquito de la Calzada…divierten cuando sorprenden, y se apagan lentamente cuando resultan cansinos. Al final acaban haciendo bolos en el Teatro Chino de Manolita Chen o en las fiestas patronales de Matarrepudio.

Lo malo de Revilla es que ya no tiene chispa, y como no es el centro de atención, se mosquea con el público. En las series cómicas ponen risas enlatadas para reforzar los chistes malos.

Revilla necesitaría llevar risas y broncas enlatadas al Parlamento para poder interrumpirse y no hacer el ridículo, pero no puede ser. Yo quise echarle una mano, porque me da mucha pena la imagen del artista en declive.

Eso os lo cuento en otro capítulo.

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