La que nos viene encima

Agudo, en plan “globo-sonda”, y Gorostiaga, acto seguido, están abonando el terreno para subir los impuestos, que es la imaginativa forma que tienen los socialistas de cuadrar las cuentas públicas.

Ni se les ha pasado por la cabeza que la otra forma que existe para cuadrar balances es recortar el gasto. Pensarán que no hay gasto prescindible, aunque otros creemos que sí.

Ante la caída de la recaudación, que es consecuencia directa de la caída de la actividad productiva y de la renta de las personas, nuestro gobierno, en un alarde de ingenio, demostrando que se ganan el sueldo por sus sesudas soluciones, propone aumentar el déficit e incrementar los impuestos. Lo que es básicamente dar un “patadón”  hacia delante y salir del paso. El que venga detrás que arree.

Las declaraciones de Agudo son para echarse a temblar, porque eso de gravar actividades que actualmente no están sujetas a impuestos da un miedo de la leche.

Sin entrar a debatir los efectos nefastos sobre la actividad económica que puede tener –y tendrá-, el incremento de la presión fiscal en plena crisis de demanda, que se resume en aquello de “éramos pocos y parió la abuela”, yo me quedo con los argumentos, porque ésos sí que son de nota.

Suben el tabaco, no porque se necesite pasta, sino por ayudarnos a mejorar la salud. Suben los carburantes, y tampoco es por afán recaudatorio, sino por limitar las emisiones de CO2.

En esencia subyace una filosofía habitual del socialismo español, que cuando te da por “retambufa”, no es por joder, sino por curarte el estreñimiento.

Como decía ayer en “El Avispero” Juan Arozamena, subirán los garbanzos para que no engordemos.

Y nos subirán la luz para que no nos deslumbremos, y el agua para que bebamos vino, y el vino para que bebamos menos.

Viendo en qué se gasta buena parte del dinero público, que suban los impuestos me sienta bastante mal, pero mucho peor me sienta que me tomen por idiota.

No sé si  a alguno de ustedes le han dado un cachete y le han dicho aquello de “más me duele a mi”. Yo siempre he pensado que doler, lo que es doler, duele más recibirlo que darlo. En todo caso siempre te quedan ganas de devolverlo con idéntico argumento.

Los socialistas siempre piensan en el bien común, y por ello creen que el dinero donde mejor está en las arcas públicas, porque la gente con el dinero hace muchas tonterías, se compra ropa que luego se pone poco, come más de lo que debe, fuma y hasta se va de copas.

Mientras que sus gobiernos, con ese mismo dinero, hacen cosas por el bien de todos, como fábricas de fibroyeso, libritos llenos de fotos glosando sus andanzas, mandar a tropecientos a China, o subir el sueldo a los altos cargos.

De momento, como buenos socialistas,  han entrado a los impuestos al consumo, que es la más regresiva de todas las posibilidades fiscales, ya que no va en función de la renta.

Así, los ricos seguirán fumando Montecristos o echando al Jaguar la gasolina que haga falta, y los menos ricos se pasarán al Celtas Corto y dejarán el Ibiza para las grandes ocasiones.

Todo ello, como puede verse, muy socialista y muy progresista. Eso sí, sin discriminación alguna, porque aquí nos joden a todos y a todas, sin distinción de género.

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