Ha nacido Laborcan

¡Qué tiempos estos en que la forma es el contenido!.

Hoy he asistido, en mi calidad de técnico del Ayuntamiento de Astillero, al acto de constitución de una cosa denominada “Laborcan: pacto local por el empleo en Cantabria”.

Allí se dieron cita, para la firma del convenio, líderes sindicales y patronales, unos cuantos alcaldes de la región, unos cuantos técnicos de desarrollo local y, como anfitriones, la plana mayor de la Consejería de Empleo y Bienestar Social.

En el “marco incomparable” de una sala de la Facultad de Derecho se desarrolló el evento, iniciado por unas palabras que nos dirigió la Vicepresidenta a todos y a todas. Palabras que fueron breves,  porque la agenda de la Consejera está muy apretada y tenía que irse volando (literalmente) a firmar no sé qué a Madrid.

Le dio tiempo (¡cómo no!) para el momento “afoto” que era de lo que se trataba. Eran tantos diciendo “patata”,  mientras rodeaban a Gorostiaga, que por poco tienen que hacer la instantánea en formato panorámico. Muchos indios para tan poca guerra.

Uno se siente viejo en estos saraos, y recuerda aquellos tiempos en que lo habitual eran las reuniones técnicas en la Dirección Provincial del INEM, sin fotos ni parafernalias, y donde, gracias a la labor de gente implicada y profesional, como Raúl González (no confundir con el número 7 del Real Madrid), Cantabria ocupaba la cabeza de la innovación y el esfuerzo en programas de empleo.

Cosas de la vida, tanta lucha por conseguir competencias para Cantabria, y resulta que, cuando estas cosas dependían del gobierno central, había más recursos, mucha más coordinación, y verdadera participación institucional.

Todo aquel esfuerzo común, desarrollado en maratonianas y frecuentes, aunque informales, sesiones de trabajo, se ha sustituido por fotos, sesudos estudios, y una suerte de despotismo “desilustrado”. Las administraciones locales no pintan nada, y así nos luce el pelo, porque todo está decidido en el ámbito político y es ejecutado por altos funcionarios que poco o nada tienen que ver con aquellos funcionarios implicados e ilusionados de antaño, porque gestionan políticas de empleo con el mismo espíritu que podrían gestionar multas de tráfico. Qué pena, de verdad.

Hemos cambiado un modelo participativo sin fotos, por sesiones de fotos sin participación.

Mañana tendremos en el periódico la colosal noticia del nacimiento de este ser inane, de dudosa utilidad. Un ser que nace encorsetado, con mucho boato, muy formal y nada operativo.

No hablo en términos políticos, porque en aquellos años había gentes de muy distinta adscripción, pero unidos en dos cosas: la certeza de que la participación y la pluralidad es el mejor instrumento, y la ilusión por hacer las cosas bien.

Hemos cambiado a los Raúl González, Julio Martín Casas, José Luis López – Tarazona, por los Tristán Martínez, Carmen Díaz Marzal…y cía.  Una verdadera lástima. Lo digo sin un ápice de acritud.

Hemos cambiado las reuniones de trabajo de técnicos, con las mangas remangadas, por los actos institucionales, tan acartonados como vacíos. Jamás vimos un fotógrafo en aquellos foros, y mucho menos un periodista. Ahora todo se hace exclusivamente para el lucimiento público, y fuera del acto público, no hay nada.

La actuación del gobierno de Cantabria parece, cada vez más, un decorado de película de romanos: fachadas de cartón piedra, hermosas para la vista, con apariencia impresionante, pero sin nada que ofrecer al traspasar el umbral.

Lástima que la mayoría de la gente sólo contempla estas cosas desde fuera. Si pudieran ver las bambalinas se quedarían asustados.

Pero lo mejor de todo es que entonces, en los años ochenta y noventa, había recursos, muchos, incomparablemente más que ahora, para políticas de empleo. Y hoy, detrás de la foto, sólo hay miserias.

El eje central del acto de hoy era presentar un estudio, financiado con recursos de empleo, sobre la anchoa del Cantábrico. Varios millones gastados en lo que Tristán Martínez calificó como “ejemplo de buena práctica”. No cabe duda de que este hombre ha encontrado su sonido. El sonido del silencio, que diría Paul Simon.

Este estudio, labor de todo un año, tendrá todo el interés académico que a cualquier estudio de la Universidad se le presupone, y espero que las conclusiones que Martínez destacó, como impresionante aportación, sean sólo una parte menor. Aunque me temo que es lo que hay.

Para decirnos que las conserveras de Cantabria deben dedicarse a hacer anchoas para pizzas (literal), porque no hay costera de calidad para toda la producción que tienen, la verdad que no hacen falta sesudos catedráticos.

Me he sentido viejo y decepcionado, aunque más convencido, si es posible, de que hace una enorme falta que las cosas cambien, porque hay veces en que el tiempo pasado fue mejor.

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