Dicho y hecho

Hoy leo en la prensa que Gorostiaga ha dicho que el PSOE en Cantabria ha puesto en marcha el nuevo modelo productivo. ¡Joder, esto es rapidez!. No hace tres días que Zapatero anunciaba el nuevo invento, la panacea universal, y Gorostiaga ya lo ha puesto en marcha. Para que luego digan las malas lenguas que nuestra Vice no es muy diligente.

Cierto es que resolver las subvenciones a los desempleados le lleva meses, pero en cambiar el modelo productivo no ha tardado ni 48 horas. Dicho y hecho. Menuda fenómena que es nuestra principala miembra del gobierno.

Luego uno lee la noticia en detalle y la cosa no es para tanto. Se trata de que han puesto la primera piedra de un tanque de ingeniería submarina. Un tanque que debe ser la monda, porque sólo con la primera piedra ya ha comenzado a cambiar el modelo productivo. Vamos, que cuando pongan la última va a ser la mismísima Guerra de las Galaxias.

Para ser una piedra la cosa tiene mérito, debe ser la piedra filosofal.

No crean que exagero. En el fragor del mitin, la nueva princesa Leia Gorostiaga, apuntó: “Ya es una realidad ese nuevo modelo productivo que se basa en el talento, en el conocimiento y en la tecnología”. No sé qué tendrá esa piedra que hace alucinar tanto; debe ser una china.

Total, que los ciudadanos deben elegir entre este modelo de la piedra, es decir, el de los ordenadores, el conocimiento, los emprendedores y los parques científicos y tecnológicos, o el viejo modelo del ladrillo, la especulación y las infografías en papel mojado (literal), que representa la derechona.

Así, con dos ovarios, lo dijo la principal representante de la política ficción de papel cuché que ha dado la historia de Cantabria. Valor no le falta, las cosas como son.

Se olvida de que en Ejpaña, desde la muerte de Franco, quien más tiempo ha gobernado, de largo, ha sido el PSOE. Así que algo tendrán que ver en el mantenimeinto del “deleznable” modelo del ladrillo. Otra cosa no, pero especialistas en cambiar la historia lo son un rato.

De hecho el PSOE tiene en su haber uno de los mejores “cambios” de sistema productivo que en este país se ha conocido: La Expo 92 y la Isla de la Cartuja. Leed, queridos niños, esta triste historia de lo que pudo ser y no fue.

Mucho antes de que Obama se afiliase al PSOE, decenas de años antes de que Zapatero y Pepiño Bacterio ideasen que era mejor cambiar el sistema productivo que intentar arreglar los problemas del viejo, (aunque la cosa vaya para decenios), mucho antes, digo, Felipe González tuvo una visión de modernidad (posiblemente en unas vacaciones en el Azor, aunque éso es sólo una suposición sin fundamento).

Y la visión fue la de crear una Parque Científico, tecnológico, galáctico, cuántico y la de Dios es Cristo en la Isla de la Cartuja, aprovechando ese hito de la chapuza y el pelotazo nacional comunmente conocido como Expo 92.

La idea en sí era buena y realista: cogemos una porrada de sevillanos, les quitamos el finito, el traje de faralaes y las castañuelas, y los ponemos a hacer microchips a cascoporro.

Como se ve, la cosa tenía buena pinta. De haber funcionado, hoy nuestros portátiles, en vez de arrancar con esa mariconada de musiquilla, arrancarían por bulerías. El mundo, sin duda sería otro. En Silicon Valley se estarían ahora mismo tajando hasta las patas de Tio Pepe, al son de la Macarena, mientras en la Isla de la Cartuja, se escucharían discusiones sobre la “velocidá de procezo der nuevo ziztema, ojú, qué arte tiene mi guindou”.

Pero, una vez más, a pesar de los “esfuerzos” socialistas de la época del Felipato, las cosas volvieron a su ser. La Expo acabó en fiasco ruinoso. Se hicieron ricos algunos listillos, y lo que iba camino de ser el “Zilicón Valei Ezpañol” tuvo que ser amortizado ¡construyendo adosados!. Menuda moraleja tiene la cosa.

Hoy la Isla de la Cartuja es un apacible lugar de ocio residencial y una demostración, desgraciadamente olvidada, de que las sociedades no se cambian por decreto, ni los sistemas productivos amanecen por las buenas, ni la gente se convierte en Stephen Hawking porque le pongan un portátil en la escuela.

Pero como estos razonamientos complejos no son del gusto de algunas, pongamos la primera piedra y esperemos los brotes verdes: si la piedra reverdece, o ha nacido el nuevo modelo, o le ha salido verdín a la piedra. Se admiten apuestas.

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