La cosificación de la víctima

Nos hemos reído mucho con el argumento de esa zopenca llamada Bibiana, demostración viviente de que este es un país de oportunidades, donde cualquiera, por memo e ignorante que sea, puede llegar a ser Ministro. Pero maldita la gracia que tiene.

Es sumamente inquietante que cualquiera –más si es relevante- pretenda argumentar que el feto es un ser vivo, pero no un ser humano. Si existe, es un ser. Si tiene vida, es un ser vivo. Si no es de otra especie, es, indudablemente, humano.

Lo que dijo la Ministra analfabeta no tiene gracia, es sumamente preocupante, y debe ser entendido dentro del proceso de “cosificación de la víctima”, que es un  proceso psicológico habitual en las conductas homicidas.

El nazismo necesitó un proceso similar –la deshumanización de las víctimas- para llevar a cabo el holocausto. Pero no era una novedad. A lo largo de la historia ha habido muchos exterminios. El exterminador ha necesitado con frecuencia convencerse de que la víctima no comparte con él esa cualidad: la humanidad. Los enemigos no tienen nombre, y, con seguridad, no tienen alma (si es que el alma existe, cosa que yo no creo).

Son mecanismos psicológicos que apartan de la culpabilidad. Matar un animal es soportable (matar un ser vivo), matar un ser humano es otra cosa.

Ni la ciencia ni nadie encontrará un momento, un límite temporal, que marque el inicio de la humanidad del feto. No puede haberlo, porque es una continuidad biológica. El ADN está ahí. Lo demás entra el ámbito de las creencias.

Sorprende como buena parte de la progresía defiende su ideología con argumentos que son de credo.

Yo no soy antiabortista, pero entiendo que el aborto es un acto de egoísmo. Defendemos nuestra salud (la de la madre), defendemos nuestra calidad de vida (un embarazo que nos rompe la vida, que nos trae la desgracia), o quizás lo que defendemos es a un nuevo ser de un futuro que no querríamos para nosotros, (aunque lo hacemos aplicando una suposición, porque no podemos preguntarle si le merece la pena existir o no).

Entiendo que queramos tener ese derecho a elegir, a defendernos, pero no conviene olvidar que nos defendemos matando. Lo intolerables es que prolifere la doctrina de que matamos algo no-humano, porque ya que tomamos tal elección, qué menos que cargar con cierta culpa. Será un acto de egoísmo, quizás un mal menor (para nosotros), pero no es un acto (ni debe serlo) intrascendente.

No es aceptable que pretendamos asumir esa elección sin culpabilidad, y la mejor forma, la tradicional, la que los hombres hemos elegido históricamente para hacer más llevadera nuestra ruindad, es la del argumento de la Ministra: al fin y al cabo no es “aún” un ser humano.

No hija no, es un ser humano. Ni es ni puede ser otra cosa. Un ser humano cuya vida nos importa menos que nuestra vida, por eso nos arrogamos el derecho a decidir.

Ya he dicho que no soy antiabortista, pero no porque no sepa qué es lo que va a parar al cubo de la basura, sino porque soy tan egoísta como cualquiera, y, por tanto, no tengo derecho a imponer a otros un embarazo que quizás yo no mantendría.

Creer que el feto no es un ser humano, es el primer paso para hacer del aborto un método anticonceptivo más, y eso no hay moral que lo sustente.

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