Ejpaña, país estrambótico

Nos gustan las paradojas, debe ser algo intrínseco al carácter hispano.

 No tengo ninguna duda de que la píldora del día después debe facilitarse a toda mujer que la necesite, bien porque ha fallado un método anticonceptivo, bien porque olvidó usarlo, o bien porque el calentón de turno nubló el entendimiento y, bueno, ya sabemos que esas cosas le pueden pasar a cualquiera.

 Hasta ahí todo correcto, pero nadie negará que es, como mínimo, sorprendente, que, al mismo tiempo,  a un presunto adulto, como es mi caso, le ocurran cosas como la que les voy a contar.

 Estaba hace unos meses en mi casuca del pueblo y tuve la desgracia de tener un importante dolor de muelas. Un dolor de muelas de rabiar, con flemón incluido. Así que me fui a la farmacia más cercana a comprar un antibiótico cualquiera, ya se sabe, de los de toda la vida.

 Pues no se me arregló. Ni enseñando a la farmacéutica el flemón evidente, ni intentando explicarle que no era un yonki desesperado que se colocaba con Clamoxil, ni apelando a mi responsabilidad de señor que peina canas, ni a que mi cuerpo es mío y el flemón también, ni a que me lo había recetado mi dentista por teléfono (mentira cochina, pero era el último recurso). Nada de nada, que no podía a ser, que no está permitido.

 ¡Joder, me cago en la leche!. Les juro que me fui al coche pensando como un verdadero delincuente. Con ganas de coger una bufanda, la pistola de balines del niño, y entrar de nuevo en la botica a dar el susto padre a la imbécil de la bata blanca.

 Ya me la imaginaba tirada en el suelo, implorando por su vida, mientras yo, con una bolsa llena de antibióticos y de bolsas de caramelos Ricola (hombre, ya que das el atraco te llevas algo de más), le decía aquello de: “intenta levantarte, alégrame el día”, como Harry el Sucio.

 Entiéndanme, no soy violento, pero tener que pasar un dolor de muelas de aupa por una legislación descabellada y por una idiota intolerante, da para fantasear con posibilidades que nada tienen que envidiar a las películas de Tarantino.

 Al final, como uno es respetuoso con la ley, y, sobre todo, como uno no se atreve a correr el riesgo de acabar en el Dueso por atracar a mano armada una farmacia para coger Clamoxil 500,  la cosa acabó como era de esperar, es decir, volviendo a mi casa con el flemón, la mala hostia y lanzando por la dolorida boca toda clase de improperios a la farmacéutica, a sus señores padres y a su presunta descendencia. Que Dios me perdone.

 Además, a ver quién es el guapo que dice en el patio del Talego que estás ahí por llevarte un antibiótico a mano armada. Vamos, que te pasas los años de condena recogiendo el jabón del suelo a la hora de la ducha.

 Entienden a dónde quiero llegar. Que en este país no se necesite ni médico ni receta para comprar la píldora del día después del polvo mal echado, así seas menor de edad, pero que no puedas comprar un antibiótico corriente y moliente sin la correspondiente autorización por escrito del médico de turno, es que le manda madre.

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1 comentario

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Una respuesta a “Ejpaña, país estrambótico

  1. Yo no lo hubiera descrito de manera más gráfica. Jabón incluido.

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