Cantabria cuna, en general

El “descubrimiento” de Kaplan (Valderredible cuna del español) palidece ante algunas teorías que ya asombraron a nuestros paisanos hace algunos años. La diferencia, quizás, estriba en que aquellas no tuvieron el aval “científico” de un Presidente de Gobierno regional, como Revilla.

Los que peinamos canas (y los que se lustran el cuero cabelludo), es decir, los de mi quinta, recordamos la turbulenta irrupción del Profesor Ribero-Meneses con su magna obra “Cantabria cuna de la humanidad” (así, con un par…de volúmenes, quiero decir) en lujosa edición a todo color, allá por el año 1985.

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No me puedo ni imaginar lo que hubiera disfrutado Revilla ejerciendo el mecenazgo institucional de tan magna obra.

Salvo que Kaplan haya encontrado en un eremitorio rupestre “la cassette” de San Millán hablando en perfecto castellano de Pucela (que todo podría ser), no se me ocurre qué pruebas “irrefutables” aportará el investigador de Tennesse para enmendar la plana a todos los estudios de filólogos e hispanistas desde Menéndez Pidal hasta ahora.

Como no me gusta prejuzgar, quedo a la espera de leer la tesis, pues Kaplan, a diferencia de Menendez Pidal, puede presumir de ser de Tennesse, cosa que no son “ninguno de estos dos”.

Ya que Revilla se ha metido a avalista científico, yo le recomendaría encarecidamente que recupere la fugura del profesor Ribero-Meneses, que, insisto, no es de Tennesse, pero, según su curriculo, ha sido profesor de la Université Libre de Bruxelles, lo que tampoco está mal.

Ser cuna del español está al alcance de cualquiera, incluso de una Comunidad tan pequeñita y normalilla como La Rioja, pero ser cuna de la humanidad…eso sí que es de lujo.

Recuerdo que allá por el año 85, el tal Ribero se paseó, con su libro recien editado, por el Palacio de Puertochico, con la intención de conseguir una foto junto a autoridades académicas o políticas. En los bajos del Palacio estaba el Museo de Prehistoria, y su director, García Guinea se encerró, no sé si en su despacho o en el baño, pero, en todo caso, evitó aquella foto como a la peste, con muy buen criterio.

Para que vean que no miento, así recoge el episodio el profesor Ribero en su página web:

“Aún recuerdo cuando ciertos políticos y profesores locales trataban de descalificar mi trabajo aduciendo que mis tesis sobre el origen de la Humanidad en Cantabria suponían un descrédito para la región. Irracional argumento con el que intentaban camuflar la envidia que les producía no haber sido ellos los autores del tal descubrimiento”.

En este sentido, los más jóvenes de mis lectores aún habrán de ver cómo se incluye al Gobierno de Cantabria en el libro Guiness de los records por la ceguera evidenciada en su boicot a mi labor de investigación histórica. Porque el hecho de que los dirigentes de la región en la que tuvo su cuna la Humanidad hayan anatematizado durante décadas a la persona que ha efectuado este crucial descubrimiento, resulta, como mínimo, demencial.

Bueno, demencial sí que parece.

No fue afortunado Ribero al dar con políticos sensatos. De haber producido su magna obra hoy día, tendría, sin duda, ese apoyo institucional que tanto echa en falta, porque si la obra de Kaplan es para sacar pecho, la de Ribero es directamente para quedarse en calzoncillos. (En calzoncillos y en bragas, que diría Gorostiaga aplicando la perspectiva de género).

La obra de Ribero-Meneses contiene cientos de afirmaciones, todas ellas soportadas en “irrefutables pruebas”, desde el origen de Troya allá por la Peñuca de Colio en Liébana, hasta el “aterrizaje” del Arca de Noe a la altura de Corbán (cuando lo natural habría sido atracar en la estación del ferry, pero los patriarcas bíblicos aficionados al botellón tenían estas cosas).

Son teorías que bien administradas políticamente tienen su cosa; así, siendo el origen de todas las civilizaciones, podemos abrir Casas de Cantabria en las pirámides de Gizeh, en los jardines de Babilonia o en Persépolis, por ejemplo.

Como la de Ribero es una obra amplia e imaginativa, yo me quedo con el siguiente párrafo:

Las tesis antropológicas al uso establecen que el hombre inteligente o sapiens comparte el mismo tronco genético que todas las demás familias de homínidos… Contra esta interpretación de la evolución humana, vengo postulando desde hace más de una década que el homo sapiens se distancio del tronco común del resto de los antropoides en una época remotísima que, como mínimo, se situaría dentro de la Era Terciaria… (nota: Ya sabía yo que “Hace un millón de años” la película de Rachel Welch en bikini pleistocénico tenía una buena base científica.)

Habría existido, pues, un homo sapiens arcaico muy semejante a nosotros y que habría evolucionado en un área muy reducida del planeta: los valles y las montañas que se extienden desde el Alto Ebro hasta el litoral cantábrico. Y este individuo, en una época muy reciente, se habría dispersado por el mundo, entrando en colisión inevitable con los brutos que por entonces lo poblaban y que eran los supervivientes de las últimas familias de homínidos que antaño colonizaran la Tierra.

Concluyendo, yo le animo al gobierno regional a que promueva la obra de Ribero Meneses, porque lo de Kaplan, por muy de Tennesse que sea, se queda en poquita cosa. ¡Valderredible cuna de los homínidos!, eso sí que mola.

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