El video de Revilla y el hundimiento

Desconozco al autor o autores, pero desborda ingenio y capta cosas de la realidad mejor que muchos documentales. Da gusto y una inmensa alegría ver que todavía queda gente con sentido del humor y una justísima y justiciera mala leche.

Me quito el sombrero ante el autor o autores. Lo que me he podido reír…Se puede ver en este enlace:  http://www.vimeo.com/11109524  (copiar la dirección y pegar en la barra del navegador). No sé si durará mucho, porque estaba en you tube y allí aparece ya como “censurado”. Se ve que a más de uno no le ha hecho mucha gracia.

Cuál es mi sorpresa cuando, poniendo “el hundimiento de Revilla” en la barra de búsquedas de you tube,  veo que no es la única versión. He encontrado otra aún más actual y descacharrante si cabe. Ya lo decía la Sinde, que internet lo carga el diablo y como andamos sembrados de ingenio y mala baba, pues pasan cosas como esta:

1 comentario

Archivado bajo Uncategorized

Vale más que mil palabras

Entre los hits de internet de esta semana se está colando con fuerza el siguiente video, cuyo enlace me acaban de remitir por e-mail, y que, como dije en el título, vale más que mil palabras a la hora de explicar “los enormes e incontables logros” de este gobierno de Revilla. Es muy explícito sobre lo que ha significado el pacto Revilla-Zapatero.

Aviso: es bastante grimoso, así que las personas excesivamente sensibles deberían abstenerse de verlo. Bromas aparte, su visionado es muy recomendable para saber en manos de quién estamos los sufridos cántabro-españolitos.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Cerremos Garoña

Lo anunció Fernando Arrabal el siglo pasado en un programa de televisión que ha pasado, con justicia, a los anales del dislate: “el milenarismo va a llegar” (en realidad dijo “el mineralismo”, a causa de un lapsus en el que el exceso de güisqui tuvo algo que ver).

Trabalenguas aparte, tenía toda la razón y lo cierto es que nuestra sociedad, con el inestimable apoyo de la prensa sensacionalista (que es casi toda), de políticos oportunistas (que son muchos) y  con la colaboración que supone esa sobredosis informativa acrítica de internet, vive un apocalipsis al año, como mínimo.

El pasado, por ejemplo, íbamos todos a morir por una pandemia de gripe A cuya extensión pudimos seguir con inmediatez demencial. Pudimos saber a cuánta gente le subía la fiebre en Laponia cada diez minutos. Algo maravilloso para la estabilidad emocional de los sufridos hipocondríacos.

Al final la humanidad sobrevivió a su trimestral apocalipsis, las farmacéuticas se hicieron más ricas, si cabe, y los medios informativos facturaron a gusto, porque cuando el fin del mundo se acerca se venden más periódicos.

El milenarismo que anuncio Arrabal, con videncia de beodo, llegó hace años y éste nos ha ofrecido un nuevo apocalipsis con el que tenernos en vilo, vender periódicos y tomar decisiones políticas oportunistas, irracionales y gravosas para la sociedad. Esta vez se trata de una reedición del apocalispsis nuclear, que es el que más mola, porque es una forma especialmente perversa, como veremos a continuación, ya que incluye todos los elementos para conformarse como el fantasma perfecto: no se ve, no se nota, te penetra sin que te enteres, te mata poco a poco, y si no te mata, te matará tarde o temprano.

Un terremoto da menos miedo, porque es un fenómeno local, aunque se acompañe con tsunami, y por ello se consume y se digiere de forma rápida. Una vez hemos visto los efectos, y que estos los padecen, por poner un ejemplo, los japoneses, que viven muy lejos, deja de tener su efecto atemorizante. No es fácil vivir en Cuenca, por ejemplo, y tener ansiedad a la llegada de un tsunami.

Pero, ¡ay lo nuclear!, eso sí que acojona. Sale la nube tóxica, se desplaza por el viento, se traslada 13.000 kilómetros y, sin que puedas evitarlo, te ataca, de forma insidiosa, cuando estás tomándote un cocido en Ucieda. ¿Hay algo más terrorífico?.

Y si la nube japonesa decide ir, por ejemplo, hacia Siberia, siempre nos queda el temor a que un terromoto de escala 9 (improbable), o un sabio loco que aprieta el botón equivocado (al estilo de Chernóbil), haga saltar por los aires una central nuclear próxima y nos envíe una nube de plutonio, cesio, uranio y no sé cuántas cosas más directamente sobre nuestros desprotegidos cuerpos.

No importa que estos temores nos asalten mientras esperamos el autobús en su parada, tragando residuos de gasoil de los coches, o que leamos semejantes profecías con un tranquilizador cigarrito en la boca, mientras degustamos un bocadillo de chopped de cerdo alimentado con una mezcla de excrementos y piensos transgénicos. Da miedo y punto.

La energía nuclear da mucho miedo: no huele, no tiene sabor, no se la ve, ni se la nota.

No parece consolar que en el tercer accidente más grave de la historia de la energía nuclear civil, el de la central americana de Three Mile Island (Harrisburg), no hubiera ni un solo muerto atribuible al incidente, ni a corto ni a largo plazo, o que en Chernóbil muriesen casi exclusivamente los afectados por la explosión inicial y muchos de quienes trabajaron en primera línea para sellar los restos del reactor, a pesar del gigantesco cúmulo de negligencias y calamidades que produjeron el accidente y que guiaron las posteriores acciones de liquidación de la radiación.

Si lo comparamos con otros accidentes industriales, no es, ni de lejos, el que ha tenido un mayor precio en vidas humanas ni en posteriores secuelas para la salud de las poblaciones, y eso que fue producto de un cúmulo gigantesco de negligencias, imprudencias y torpezas inexplicables.

La historia de Chernóbil merece capítulo aparte, pero de momento centrémonos en el fin del mundo que toca esta semana y que viene de Fukushima.

Japón está muy lejos, pero no lo suficiente, porque la radiación viaja que da gusto, así que mientras llega el fin del mundo, lo suyo es ir cerrando Garoña, donde nunca ha pasado nada ni es probable que pase, para tranquilizar a la población, a la que previamente hemos asustado a base de exageraciones acientíficas y mentiras interesadas; pues aunque el fin del mundo esta semana viene de Japón, no vaya a ser que no pase nada y acabe cayendo un meteorito en Burgos, estalle el reactor y nos salgan terribles mutaciones.

Miren, miedo, lo que se dice miedo, a mi me lo producen, mucho más que los apocalipsis nucleares, los políticos que por motivos electorales decretan cierres de centrales sin motivo, o los que ordenan inspecciones oportunistas de seguridad (¿es que acaso no eran seguras antes del tsunami de Japón?), o los que nos van a hundir más en la miseria reduciendo nuestra capacidad energética en el peor momento posible simplemente porque ha habido en el otro extremo del mundo una catástrofe natural “perfecta” que ha puesto en riesgo una instalación similar.

Cerremos, pues, Garoña antes de que sea tarde. Mandemos a cientos de familias al paro y volvamos al muy seguro sistema de generar electricidad quemando carbón, gas o petróleo, que eso sí que mata, pero, por lo menos, lo notas en los bronquios y no te salen niños con ocho brazos como si fuesen peludines.Yo, como buen escéptico,  no tengo miedo a los fantasmas, pero tengo verdadero terror a la factura mensual de la luz. Eso sí que produce un terror cierto del que nada ni nadie te puede salvar.

Y mientras nosotros y nuestras empresas pagamos la luz a precio de oro, mientras nuestro país importa electricidad que no produce a los “irresponsables” de los franceses (que tienen la tontería de 23 centrales nucleares con 59 reactores) siempre nos queda el consuelo de pensar que, en el improbable caso de que el apocalipsis nuclear suceda, es porque va a venir de parte de los cabrones de nuestros vecinos, a los que también les va a pillar, sólo que mientras degustan ostras en La Rochelle, que siempre es mejor a que te pille una nube de plutonio en la cola del paro, que eso sí que es el colmo del infortunio.

2 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

Gorostiaga tenía razón.

Cantabria es una región de cine, qué razón tenía Gorostiaga.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Don Tristán nos ha descubierto, ¡me cago en la leche!

Que la oposición (PP) critique la gestión del gobierno regional de PRC-PSOE en políticas de empleo, al conocerse que el número de parados en Cantabria alcanza cotas nunca antes vistas, podría parecer algo normal. Pero nada más lejos de la realidad; al menos de la extraña y delirante realidad en la que vive nuestro nunca bien ponderado Director General de Trabajo y Empleo, Tristán Martínez.

Si ustedes han tenido el valor de leer y, sobre todo, la capacidad de entender, la tribuna que el citado Alto Cargo del Gobierno ha publicado hoy mismo en El Mundo de Cantabria, habrán comprobado que detrás de las críticas, aparentemente normales y comprensibles del PP, se esconde una conspiración que asola al Universo, como si de una reedición de la consabida lucha entre las fuerzas del bien y del mal se tratase, con la mala fortuna de que a él, que según nos afirma: “NO ES PARTE DEL PROBLEMA”, le ha pillado de por medio.

Según la tesis de la conspiración de Don Tristán, lo que subyace tras esta crítica a su gestión es un nuevo ataque de un ente terrorífico y maléfico que denomina “El Poder” (con mayúsculas).

“El Poder” es, según la cosmogónica visión del Director General del Gobierno, un ente que recuerda sospechosamente a Spectra, la famosa organización que buscaba con ahínco la destrucción del mundo y contra la que se afanaba, entre Martini y Martini, James Bond.

Como todo ente maligno que se precie, El Poder tiene un ejército de esbirros, conocidos como “los hijos del Poder”, y si hemos de creer a Don Tristán, yo soy uno de ellos y muchos de ustedes también, aunque no lo sepan.

Los hijos del Poder no criticamos al Director de Trabajo porque se le dispare el paro y no sepa cómo atajar el problema. Eso es sólo en apariencia. Los hijos del Poder queremos, según el Alto Cargo del gobierno socialista, sojuzgar a los hombres con arteras artimañas, como por ejemplo, dar créditos hipotecarios y esclavizarles de por vida. Si ustedes pensaban que eso quien lo hace es el Banco o la Caja de Ahorros, no van desencaminados, pues todas esas instituciones son tapaderas del Poder, para las que los “hijos del Poder” trabajamos sin descanso por puro placer (para eso somos perversos) y también  porque no nos queda otra, ya que los hijos del Poder, aunque parezca inconcebible, también tenemos que pagar una hipoteca. No sólo somos malos, sino también idiotas. Más que “Spectra” parecemos “Kaos”, la organización de malos gilipollas contra la que luchaba el Superagente 86.

El Poder es de derechas, eso está claro, como todo lo malo. No en vano otro izquierdista visionario, Fernando Trueba, nos acaba de anunciar que todas las dictaduras son de derechas, porque de izquierdas no pueden ser, ya que la izquierda, ungida por un toque divino, encarna todo lo bueno del mundo. Nada hay malo en la izquierda, pues lo que en ella es malo deja de serlo y se convierte, por arte de magia, en algo de derechas. Por mucho que Mao, Castro, Stalin o Pol Pot se pretendieran marxistas, son más de derechas que Franco, según el nuevo pensamiento de la izquierda divina. Así da gusto, es muchísimo mejor que hacer autocrítica.

Siguiendo con el escrito onírico de Don Tristán, nos cuenta en su sesudo y lírico artículo que los hijos del Poder no soportamos que los buenos (es decir, él y los suyos) hayan alcanzado el poder (con minúsculas), ni que estén intentando liberar al mundo del yugo fascista, y desnuda su alma al descubrirnos lo difícil que ha sido resistir y no caer en la fácil tentación de rendirse y creer que él pudiera tener algo de responsabilidad en lo mal que van las cosas. “YO NO SOY PARTE DEL PROBLEMA”, nos dice, así, con mayúsculas, con absoluta certeza. Toda una revelación.

La culpa no es mía, ni remotamente aunque lo parezca,- nos recuerda-,es del Poder, y de los hijos del Poder que trabajan sin descanso para que todo vaya mal y así desalojar a los buenos del gobierno. El Poder aprieta, cierra empresas para que la gente vaya al paro, esté descontenta y a Don Tristán le salgan mal las cifras de desempleados. El poder controla el capital y nos ahoga con sus préstamos envenenados, el Poder mueve a sus ejércitos (los hijos del Poder) para que con sus críticas infundadas generen malestar, señalando con el dedo a los buenos, como él, que NO SON PARTE DEL PROBLEMA.

Me encanta la nueva izquierda maniquea y un pelín ridícula, que no es culpable de nada cuando no gobierna, ni tampoco cuando gobierna. Esa izquierda que te sube la edad de jubilación o te recorta las pensiones por el bien de todos y del sistema, no como la derechona de los hijos del Poder, que cuando hace cosas de esas,no las hace por necesidad y porque “es progresista”, sino para joder a la gente, que es su designio divino.

Me encanta esta nueva izquierda que cuando rescata a la banca, con el dinero de todos, lo hace para garantizar la viabilidad del sistema financiero, no como los hijos del Poder, que si hiciéramos algo así, sin duda sería para esquilmar a los trabajadores y llevarles a la ruina, que es algo que nos pone, ¡para qué negarlo!.

Si al llegar a este punto piensan que se me ha ido la olla, y qué me he pasado de cachondeo, les pido disculpas y que no me juzguen sin antes leer la Tribuna de Don Tristán (El Mundo en Cantabria del 10 de febrero de 2011), porque lo mío es broma, pero lo suyo, lamentablemente, no lo es.

Saber que estas conspiraciones y otras cosas similares llenan los pensamientos de nuestros gobernantes es muy preocupante.

28 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

La gran comilona

Mi suegro siempre decía que era mejor comprarme un traje que invitarme a comer. Hasta tal punto llegaba mi saque en los años mozos. No todo era gula, que buena parte era simplemente hambre, porque en los años de estudiante, en Valladolid, subsistíamos con una asignación paterna exigua, y con unos menús de colegio mayor más exiguos aún, a la par que asquerosos.

 

No era un problema exclusivamente mío, como lo prueba el que “Galerías Preciados” tuvo la feliz ocurrencia de abrir una cosa muy moderna llamada “buffet libre”, que posiblemente esté en el origen de la quiebra de la citada empresa comercial.

 

Cuando los estudiantes recibíamos la trasferencia mensual, corríamos al citado buffet a intentar batir el record guiness de ingesta simultánea de croquetas, gambas con gabardina, y otros manjares que los intrépidos camareros intentaban vanamente llevar hasta sus respectivos mostradores. Digo vanamente,  porque solían ser interceptados por grupúsculos estudiantiles rojos, no por ideología, sino por lo congestionados tras una anormal ingesta de todo lo que por ahí se mostraba y tenía pinta de ser comestible.

 

Como ven, lo que decía mi suegro no era una exageración, sino un dato absolutamente objetivo, pues era más barato, ciertamente, comprarme un traje que pagar la factura de mi comida. Cosas del hambre, que no de la gula.

 

Con los años, el desarrollo económico y los triglicéridos, he ido cambiando tales costumbres, y hoy puedo presumir de tener unos gustos bastante proletarios en lo que se refiere al comer.

 

Otros, sin embargo, han quedado marcados para siempre por el síndrome del buffet libre, sobre todo si el buffet, además de libre es gratis.

 

Que haya gente así no debería ser mayor problema, pero lo cierto es que para nuestra región lo es, ya que los afectados por tal síndrome parecen haber confluido todos ellos en el Gobierno de Cantabria y sus chiringuitos anexos.

 

El día que esta gente se vaya del gobierno, que será más pronto que tarde, será un día muy triste para cierta hostelería vip de Santander y Cantabria, que en esta época de crisis tengo la sensación de que sobrevive casi exclusivamente de los comedores y bebedores gubernamentales.

 

 

Entre la indignación y el descojono (porque la cosa, siendo seria tiene tintes de película de Berlanga) estuve el otro día analizando el libro Mayor de la contabilidad del Consejo Económico y Social de Cantabria del año 2008.

 

Para introducir el tema diré que el CES es un organismo más o menos conocido por los ciudadanos, cuya principal función, hasta hace unos años, era emitir dictámenes sobre las propuestas legislativas del Gobierno, y que de un tiempo a esta parte, a esa función secundaria, ha añadido las más trascendentes de comerse todo lo que se mueve y beberse hasta el agua de los floreros. Y, si es posible, comer y beber viajando por bellos parajes, que es como más se disfruta de la gastronomía.

 

Al menos eso se desprende de su propia contabilidad, en la que lo que abunda, (y de qué manera), son los asientos contables de comidas (bastantes más del centenar en un año) y los de bebibas (casi 6.000 euros anuales en postineros pubs de la zona noble santanderina).

 

Hay alguno al que no le han visto por casa en este tiempo, al menos a la hora de comer, y hay alguno, (que bien pudiera ser el mismo o los mismos), que han debido de llegar a casa cada tres días con cierto perjuicio.

 

Que nadie se alarme, que dichos señores no han conducido superando los índices de alcoholemia, que también la partida de alquiler de vehículo con conductor está muy bien dotada y bien agotada. Ya lo dijo Stevie Wonder. “si bebes no conduzcas, mejor que te lleve el chofer, sobre todo si el chofer, como las copas, sale gratis”.

 

Que haya triperos, bebedores y aprovechados es algo que no se puede prevenir fácilmente, pero lo peor de todo esto es que la Intervención General, ya en el 2008 realizó una auditoría en la que estos y otros vicios de fondo y forma quedaban  convenientemente puestos en evidencia.

 

Suponemos que estas auditorías llegaron a los responsables de dichos nombramientos, que en el caso del CES son los Consejeros de Industria, y como nadie hizo nada, ni nadie fue cesado, suponemos que se debe a que les pareció la cosa más normal del mundo. Vamos, lo que se hace habitualmente en sus organismos dependientes; motivo, entre otros, por el cual no sueltan los libros mayores de las empresas públicas, que harían, me temo, parecer al Presidente del CES un alumno aventajado del ascético Simeón el estilita.

 

Y es que, puestos a comerse todo lo que se mueve, (preferentemente si se mueve en la mar salada), es muchísimo mejor para la Arcas Públicas el sistema del último Consejero de Industria, Juan José Sota, que como han denunciado en Castro Urdiales, se pone las botas con los colegas, pero dejando la factura al pufo. Todo un detalle de austeridad en esta época de crisis.

 

Si todos hicieran lo mismo que el Consejero de Industria no habría que subir los impuestos. Que aprendan los demás del jefe.

 

A Revilla le gusta mucho sacar a relucir los dos famosos trajes de su homólogo valenciano Camps, para presumir de supuesta honradez, pero como hubiera dicho mi suegro, a los cántabros mejor nos saldría comprarle dos trajes a Revilla que invitar, como llevamos haciendo siete años, a tanto alto cargo a comer. La cosa no tiene color, porque son muchísimos y hay que ver cómo tragan.

 

Con lo que se han comido algunos estos años no comprábamos dos trajes, sino las fábricas de Adolfo Domínguez.

1 comentario

Archivado bajo Uncategorized

La colilla de Revilla

Si he de creer a la prensa regional –y lo hago-, el Grupo Parlamentario Regionalista ha registrado una pregunta al Presidente Regional en la Cámara para su posterior debate.

Intento hacer memoria y creo que las iniciativas parlamentarias de este grupo, que tiene doce diputados, se cuentan con los dedos de las manos, en dos legislaturas, es decir, en siete años.

Alguno pensará que está bien que, para variar, tomen la iniciativa parlamentaria, ya que en Cantabria hay importantes problemas: más de 40.000 parados, y subiendo; la obra pública paralizada; los Presupuestos Generales del Estado, que contienen recortes para nuestra región que nos van a sumir aún más en la crisis; Valdecilla con las obras paradas y sin financiación;  cientos o miles de afectados por derribos, por la ley de costas, por la de montes; subidas de impuestos y previsiones de crecimiento preocupantes…en definitiva, un montón de problemas sobre los que hay que debatir y buscar soluciones.

Pero no, en el colmo del delirio nos encontramos que el Grupo Regionalista se ha movilizado por un tema con el que salir de su habitual letargo y tomar la iniciativa: ¿quién le pisa la colilla del puro a Revilla?.

Y sobre quién le pisa la colilla, así, como lo leen, se debatirá en un Pleno próximo. Parece psicodélico, pero es absolutamente cierto. También es cierto que es la primera vez que me avergüenza ser Diputado de esta Cámara, porque me pongo en la piel del ciudadano de la calle y sólo pensar en que treinta y nueve diputados dediquen su tiempo a abordar semejante papeleta es como para echar la persiana e irse.

Yo desconocía la costumbre de Revilla de dejar colillas de los puros en los quicios de las ventanas del Parlamento para seguir fumándolos a la salida, pero vaya por delante que me parece una cochinada considerable. Una colilla humeante y “rechupeteada”, abandonada en un quicio, invita, desde luego, a que cualquier persona con un mínimo de urbanidad la eche al suelo y la apague. Cualquiera que se encuentre algo así en el portal de su casa con seguridad lo haría. Supongo que si yo no lo he hecho es porque no lo he visto, así de sencillo.

Pero ocurre que para Revilla y su grupo parlamentario esto es asunto de estado, por tratarse de una falta de respeto a las colillas de sus habanos (que deben considerarse, desde este momento, bien de especial protección), y no se le ha ocurrido otra que mandar revisar las cintas de las cámaras de videovigilancia ubicadas en la calle (porque todo esto ha ocurrido en la calle). Movilizar un montón de empleados públicos para ver quién le apaga las colillas, revisando cintas, estaría por asegurar que es, como mínimo, algo muy irregular.

Es bochornoso y me produce vergüenza ajena que un Presidente Regional, que asiste, por lo general, a los plenos repanchingado y que se dedica en todos ellos a hacer dibujitos mientras le entra por una oreja y le sale por la otra lo que allí se debate ( paro, industria, sanidad, impuestos ) , reaccione y ponga en marcha su maquinaria parlamentaria porque alguien le ha pisado una colilla.

Una colilla que no es una colilla cualquiera, que es la colilla de Revilla que, incomprensiblemente, no estaba custodiada por las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, y claro, pasan estas cosas.

El problema de ir demasiado a La Noria y otros rosáceos espacios es que el espíritu se contagia y acaba por contaminar hasta el debate político, plagándolo de chorradas varias y morbillo marujil.

Tentado estoy de presentar otra iniciativa para su debate sobre quién se ha comido el chicle que dejé pegado en mi escaño.

La pregunta parlamentaria regionalista dice “si ha notado algún comportamiento inadecuado por parte de algún Diputado”, y yo la respondo: sí, sin duda alguna, hay un Diputado con bigote que va dejando colillas chupeteadas en las repisas del Parlamento, ¿no les parece suficientemente inadecuado?.

2 comentarios

Archivado bajo Uncategorized