El video de Revilla y el hundimiento

Desconozco al autor o autores, pero desborda ingenio y capta cosas de la realidad mejor que muchos documentales. Da gusto y una inmensa alegría ver que todavía queda gente con sentido del humor y una justísima y justiciera mala leche.

Me quito el sombrero ante el autor o autores. Lo que me he podido reír…Se puede ver en este enlace:  http://www.vimeo.com/11109524  (copiar la dirección y pegar en la barra del navegador). No sé si durará mucho, porque estaba en you tube y allí aparece ya como “censurado”. Se ve que a más de uno no le ha hecho mucha gracia.

Cuál es mi sorpresa cuando, poniendo “el hundimiento de Revilla” en la barra de búsquedas de you tube,  veo que no es la única versión. He encontrado otra aún más actual y descacharrante si cabe. Ya lo decía la Sinde, que internet lo carga el diablo y como andamos sembrados de ingenio y mala baba, pues pasan cosas como esta:

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Vale más que mil palabras

Entre los hits de internet de esta semana se está colando con fuerza el siguiente video, cuyo enlace me acaban de remitir por e-mail, y que, como dije en el título, vale más que mil palabras a la hora de explicar “los enormes e incontables logros” de este gobierno de Revilla. Es muy explícito sobre lo que ha significado el pacto Revilla-Zapatero.

Aviso: es bastante grimoso, así que las personas excesivamente sensibles deberían abstenerse de verlo. Bromas aparte, su visionado es muy recomendable para saber en manos de quién estamos los sufridos cántabro-españolitos.

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Cerremos Garoña

Lo anunció Fernando Arrabal el siglo pasado en un programa de televisión que ha pasado, con justicia, a los anales del dislate: “el milenarismo va a llegar” (en realidad dijo “el mineralismo”, a causa de un lapsus en el que el exceso de güisqui tuvo algo que ver).

Trabalenguas aparte, tenía toda la razón y lo cierto es que nuestra sociedad, con el inestimable apoyo de la prensa sensacionalista (que es casi toda), de políticos oportunistas (que son muchos) y  con la colaboración que supone esa sobredosis informativa acrítica de internet, vive un apocalipsis al año, como mínimo.

El pasado, por ejemplo, íbamos todos a morir por una pandemia de gripe A cuya extensión pudimos seguir con inmediatez demencial. Pudimos saber a cuánta gente le subía la fiebre en Laponia cada diez minutos. Algo maravilloso para la estabilidad emocional de los sufridos hipocondríacos.

Al final la humanidad sobrevivió a su trimestral apocalipsis, las farmacéuticas se hicieron más ricas, si cabe, y los medios informativos facturaron a gusto, porque cuando el fin del mundo se acerca se venden más periódicos.

El milenarismo que anuncio Arrabal, con videncia de beodo, llegó hace años y éste nos ha ofrecido un nuevo apocalipsis con el que tenernos en vilo, vender periódicos y tomar decisiones políticas oportunistas, irracionales y gravosas para la sociedad. Esta vez se trata de una reedición del apocalispsis nuclear, que es el que más mola, porque es una forma especialmente perversa, como veremos a continuación, ya que incluye todos los elementos para conformarse como el fantasma perfecto: no se ve, no se nota, te penetra sin que te enteres, te mata poco a poco, y si no te mata, te matará tarde o temprano.

Un terremoto da menos miedo, porque es un fenómeno local, aunque se acompañe con tsunami, y por ello se consume y se digiere de forma rápida. Una vez hemos visto los efectos, y que estos los padecen, por poner un ejemplo, los japoneses, que viven muy lejos, deja de tener su efecto atemorizante. No es fácil vivir en Cuenca, por ejemplo, y tener ansiedad a la llegada de un tsunami.

Pero, ¡ay lo nuclear!, eso sí que acojona. Sale la nube tóxica, se desplaza por el viento, se traslada 13.000 kilómetros y, sin que puedas evitarlo, te ataca, de forma insidiosa, cuando estás tomándote un cocido en Ucieda. ¿Hay algo más terrorífico?.

Y si la nube japonesa decide ir, por ejemplo, hacia Siberia, siempre nos queda el temor a que un terromoto de escala 9 (improbable), o un sabio loco que aprieta el botón equivocado (al estilo de Chernóbil), haga saltar por los aires una central nuclear próxima y nos envíe una nube de plutonio, cesio, uranio y no sé cuántas cosas más directamente sobre nuestros desprotegidos cuerpos.

No importa que estos temores nos asalten mientras esperamos el autobús en su parada, tragando residuos de gasoil de los coches, o que leamos semejantes profecías con un tranquilizador cigarrito en la boca, mientras degustamos un bocadillo de chopped de cerdo alimentado con una mezcla de excrementos y piensos transgénicos. Da miedo y punto.

La energía nuclear da mucho miedo: no huele, no tiene sabor, no se la ve, ni se la nota.

No parece consolar que en el tercer accidente más grave de la historia de la energía nuclear civil, el de la central americana de Three Mile Island (Harrisburg), no hubiera ni un solo muerto atribuible al incidente, ni a corto ni a largo plazo, o que en Chernóbil muriesen casi exclusivamente los afectados por la explosión inicial y muchos de quienes trabajaron en primera línea para sellar los restos del reactor, a pesar del gigantesco cúmulo de negligencias y calamidades que produjeron el accidente y que guiaron las posteriores acciones de liquidación de la radiación.

Si lo comparamos con otros accidentes industriales, no es, ni de lejos, el que ha tenido un mayor precio en vidas humanas ni en posteriores secuelas para la salud de las poblaciones, y eso que fue producto de un cúmulo gigantesco de negligencias, imprudencias y torpezas inexplicables.

La historia de Chernóbil merece capítulo aparte, pero de momento centrémonos en el fin del mundo que toca esta semana y que viene de Fukushima.

Japón está muy lejos, pero no lo suficiente, porque la radiación viaja que da gusto, así que mientras llega el fin del mundo, lo suyo es ir cerrando Garoña, donde nunca ha pasado nada ni es probable que pase, para tranquilizar a la población, a la que previamente hemos asustado a base de exageraciones acientíficas y mentiras interesadas; pues aunque el fin del mundo esta semana viene de Japón, no vaya a ser que no pase nada y acabe cayendo un meteorito en Burgos, estalle el reactor y nos salgan terribles mutaciones.

Miren, miedo, lo que se dice miedo, a mi me lo producen, mucho más que los apocalipsis nucleares, los políticos que por motivos electorales decretan cierres de centrales sin motivo, o los que ordenan inspecciones oportunistas de seguridad (¿es que acaso no eran seguras antes del tsunami de Japón?), o los que nos van a hundir más en la miseria reduciendo nuestra capacidad energética en el peor momento posible simplemente porque ha habido en el otro extremo del mundo una catástrofe natural “perfecta” que ha puesto en riesgo una instalación similar.

Cerremos, pues, Garoña antes de que sea tarde. Mandemos a cientos de familias al paro y volvamos al muy seguro sistema de generar electricidad quemando carbón, gas o petróleo, que eso sí que mata, pero, por lo menos, lo notas en los bronquios y no te salen niños con ocho brazos como si fuesen peludines.Yo, como buen escéptico,  no tengo miedo a los fantasmas, pero tengo verdadero terror a la factura mensual de la luz. Eso sí que produce un terror cierto del que nada ni nadie te puede salvar.

Y mientras nosotros y nuestras empresas pagamos la luz a precio de oro, mientras nuestro país importa electricidad que no produce a los “irresponsables” de los franceses (que tienen la tontería de 23 centrales nucleares con 59 reactores) siempre nos queda el consuelo de pensar que, en el improbable caso de que el apocalipsis nuclear suceda, es porque va a venir de parte de los cabrones de nuestros vecinos, a los que también les va a pillar, sólo que mientras degustan ostras en La Rochelle, que siempre es mejor a que te pille una nube de plutonio en la cola del paro, que eso sí que es el colmo del infortunio.

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Gorostiaga tenía razón.

Cantabria es una región de cine, qué razón tenía Gorostiaga.

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Don Tristán nos ha descubierto, ¡me cago en la leche!

Que la oposición (PP) critique la gestión del gobierno regional de PRC-PSOE en políticas de empleo, al conocerse que el número de parados en Cantabria alcanza cotas nunca antes vistas, podría parecer algo normal. Pero nada más lejos de la realidad; al menos de la extraña y delirante realidad en la que vive nuestro nunca bien ponderado Director General de Trabajo y Empleo, Tristán Martínez.

Si ustedes han tenido el valor de leer y, sobre todo, la capacidad de entender, la tribuna que el citado Alto Cargo del Gobierno ha publicado hoy mismo en El Mundo de Cantabria, habrán comprobado que detrás de las críticas, aparentemente normales y comprensibles del PP, se esconde una conspiración que asola al Universo, como si de una reedición de la consabida lucha entre las fuerzas del bien y del mal se tratase, con la mala fortuna de que a él, que según nos afirma: “NO ES PARTE DEL PROBLEMA”, le ha pillado de por medio.

Según la tesis de la conspiración de Don Tristán, lo que subyace tras esta crítica a su gestión es un nuevo ataque de un ente terrorífico y maléfico que denomina “El Poder” (con mayúsculas).

“El Poder” es, según la cosmogónica visión del Director General del Gobierno, un ente que recuerda sospechosamente a Spectra, la famosa organización que buscaba con ahínco la destrucción del mundo y contra la que se afanaba, entre Martini y Martini, James Bond.

Como todo ente maligno que se precie, El Poder tiene un ejército de esbirros, conocidos como “los hijos del Poder”, y si hemos de creer a Don Tristán, yo soy uno de ellos y muchos de ustedes también, aunque no lo sepan.

Los hijos del Poder no criticamos al Director de Trabajo porque se le dispare el paro y no sepa cómo atajar el problema. Eso es sólo en apariencia. Los hijos del Poder queremos, según el Alto Cargo del gobierno socialista, sojuzgar a los hombres con arteras artimañas, como por ejemplo, dar créditos hipotecarios y esclavizarles de por vida. Si ustedes pensaban que eso quien lo hace es el Banco o la Caja de Ahorros, no van desencaminados, pues todas esas instituciones son tapaderas del Poder, para las que los “hijos del Poder” trabajamos sin descanso por puro placer (para eso somos perversos) y también  porque no nos queda otra, ya que los hijos del Poder, aunque parezca inconcebible, también tenemos que pagar una hipoteca. No sólo somos malos, sino también idiotas. Más que “Spectra” parecemos “Kaos”, la organización de malos gilipollas contra la que luchaba el Superagente 86.

El Poder es de derechas, eso está claro, como todo lo malo. No en vano otro izquierdista visionario, Fernando Trueba, nos acaba de anunciar que todas las dictaduras son de derechas, porque de izquierdas no pueden ser, ya que la izquierda, ungida por un toque divino, encarna todo lo bueno del mundo. Nada hay malo en la izquierda, pues lo que en ella es malo deja de serlo y se convierte, por arte de magia, en algo de derechas. Por mucho que Mao, Castro, Stalin o Pol Pot se pretendieran marxistas, son más de derechas que Franco, según el nuevo pensamiento de la izquierda divina. Así da gusto, es muchísimo mejor que hacer autocrítica.

Siguiendo con el escrito onírico de Don Tristán, nos cuenta en su sesudo y lírico artículo que los hijos del Poder no soportamos que los buenos (es decir, él y los suyos) hayan alcanzado el poder (con minúsculas), ni que estén intentando liberar al mundo del yugo fascista, y desnuda su alma al descubrirnos lo difícil que ha sido resistir y no caer en la fácil tentación de rendirse y creer que él pudiera tener algo de responsabilidad en lo mal que van las cosas. “YO NO SOY PARTE DEL PROBLEMA”, nos dice, así, con mayúsculas, con absoluta certeza. Toda una revelación.

La culpa no es mía, ni remotamente aunque lo parezca,- nos recuerda-,es del Poder, y de los hijos del Poder que trabajan sin descanso para que todo vaya mal y así desalojar a los buenos del gobierno. El Poder aprieta, cierra empresas para que la gente vaya al paro, esté descontenta y a Don Tristán le salgan mal las cifras de desempleados. El poder controla el capital y nos ahoga con sus préstamos envenenados, el Poder mueve a sus ejércitos (los hijos del Poder) para que con sus críticas infundadas generen malestar, señalando con el dedo a los buenos, como él, que NO SON PARTE DEL PROBLEMA.

Me encanta la nueva izquierda maniquea y un pelín ridícula, que no es culpable de nada cuando no gobierna, ni tampoco cuando gobierna. Esa izquierda que te sube la edad de jubilación o te recorta las pensiones por el bien de todos y del sistema, no como la derechona de los hijos del Poder, que cuando hace cosas de esas,no las hace por necesidad y porque “es progresista”, sino para joder a la gente, que es su designio divino.

Me encanta esta nueva izquierda que cuando rescata a la banca, con el dinero de todos, lo hace para garantizar la viabilidad del sistema financiero, no como los hijos del Poder, que si hiciéramos algo así, sin duda sería para esquilmar a los trabajadores y llevarles a la ruina, que es algo que nos pone, ¡para qué negarlo!.

Si al llegar a este punto piensan que se me ha ido la olla, y qué me he pasado de cachondeo, les pido disculpas y que no me juzguen sin antes leer la Tribuna de Don Tristán (El Mundo en Cantabria del 10 de febrero de 2011), porque lo mío es broma, pero lo suyo, lamentablemente, no lo es.

Saber que estas conspiraciones y otras cosas similares llenan los pensamientos de nuestros gobernantes es muy preocupante.

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La gran comilona

Mi suegro siempre decía que era mejor comprarme un traje que invitarme a comer. Hasta tal punto llegaba mi saque en los años mozos. No todo era gula, que buena parte era simplemente hambre, porque en los años de estudiante, en Valladolid, subsistíamos con una asignación paterna exigua, y con unos menús de colegio mayor más exiguos aún, a la par que asquerosos.

 

No era un problema exclusivamente mío, como lo prueba el que “Galerías Preciados” tuvo la feliz ocurrencia de abrir una cosa muy moderna llamada “buffet libre”, que posiblemente esté en el origen de la quiebra de la citada empresa comercial.

 

Cuando los estudiantes recibíamos la trasferencia mensual, corríamos al citado buffet a intentar batir el record guiness de ingesta simultánea de croquetas, gambas con gabardina, y otros manjares que los intrépidos camareros intentaban vanamente llevar hasta sus respectivos mostradores. Digo vanamente,  porque solían ser interceptados por grupúsculos estudiantiles rojos, no por ideología, sino por lo congestionados tras una anormal ingesta de todo lo que por ahí se mostraba y tenía pinta de ser comestible.

 

Como ven, lo que decía mi suegro no era una exageración, sino un dato absolutamente objetivo, pues era más barato, ciertamente, comprarme un traje que pagar la factura de mi comida. Cosas del hambre, que no de la gula.

 

Con los años, el desarrollo económico y los triglicéridos, he ido cambiando tales costumbres, y hoy puedo presumir de tener unos gustos bastante proletarios en lo que se refiere al comer.

 

Otros, sin embargo, han quedado marcados para siempre por el síndrome del buffet libre, sobre todo si el buffet, además de libre es gratis.

 

Que haya gente así no debería ser mayor problema, pero lo cierto es que para nuestra región lo es, ya que los afectados por tal síndrome parecen haber confluido todos ellos en el Gobierno de Cantabria y sus chiringuitos anexos.

 

El día que esta gente se vaya del gobierno, que será más pronto que tarde, será un día muy triste para cierta hostelería vip de Santander y Cantabria, que en esta época de crisis tengo la sensación de que sobrevive casi exclusivamente de los comedores y bebedores gubernamentales.

 

 

Entre la indignación y el descojono (porque la cosa, siendo seria tiene tintes de película de Berlanga) estuve el otro día analizando el libro Mayor de la contabilidad del Consejo Económico y Social de Cantabria del año 2008.

 

Para introducir el tema diré que el CES es un organismo más o menos conocido por los ciudadanos, cuya principal función, hasta hace unos años, era emitir dictámenes sobre las propuestas legislativas del Gobierno, y que de un tiempo a esta parte, a esa función secundaria, ha añadido las más trascendentes de comerse todo lo que se mueve y beberse hasta el agua de los floreros. Y, si es posible, comer y beber viajando por bellos parajes, que es como más se disfruta de la gastronomía.

 

Al menos eso se desprende de su propia contabilidad, en la que lo que abunda, (y de qué manera), son los asientos contables de comidas (bastantes más del centenar en un año) y los de bebibas (casi 6.000 euros anuales en postineros pubs de la zona noble santanderina).

 

Hay alguno al que no le han visto por casa en este tiempo, al menos a la hora de comer, y hay alguno, (que bien pudiera ser el mismo o los mismos), que han debido de llegar a casa cada tres días con cierto perjuicio.

 

Que nadie se alarme, que dichos señores no han conducido superando los índices de alcoholemia, que también la partida de alquiler de vehículo con conductor está muy bien dotada y bien agotada. Ya lo dijo Stevie Wonder. “si bebes no conduzcas, mejor que te lleve el chofer, sobre todo si el chofer, como las copas, sale gratis”.

 

Que haya triperos, bebedores y aprovechados es algo que no se puede prevenir fácilmente, pero lo peor de todo esto es que la Intervención General, ya en el 2008 realizó una auditoría en la que estos y otros vicios de fondo y forma quedaban  convenientemente puestos en evidencia.

 

Suponemos que estas auditorías llegaron a los responsables de dichos nombramientos, que en el caso del CES son los Consejeros de Industria, y como nadie hizo nada, ni nadie fue cesado, suponemos que se debe a que les pareció la cosa más normal del mundo. Vamos, lo que se hace habitualmente en sus organismos dependientes; motivo, entre otros, por el cual no sueltan los libros mayores de las empresas públicas, que harían, me temo, parecer al Presidente del CES un alumno aventajado del ascético Simeón el estilita.

 

Y es que, puestos a comerse todo lo que se mueve, (preferentemente si se mueve en la mar salada), es muchísimo mejor para la Arcas Públicas el sistema del último Consejero de Industria, Juan José Sota, que como han denunciado en Castro Urdiales, se pone las botas con los colegas, pero dejando la factura al pufo. Todo un detalle de austeridad en esta época de crisis.

 

Si todos hicieran lo mismo que el Consejero de Industria no habría que subir los impuestos. Que aprendan los demás del jefe.

 

A Revilla le gusta mucho sacar a relucir los dos famosos trajes de su homólogo valenciano Camps, para presumir de supuesta honradez, pero como hubiera dicho mi suegro, a los cántabros mejor nos saldría comprarle dos trajes a Revilla que invitar, como llevamos haciendo siete años, a tanto alto cargo a comer. La cosa no tiene color, porque son muchísimos y hay que ver cómo tragan.

 

Con lo que se han comido algunos estos años no comprábamos dos trajes, sino las fábricas de Adolfo Domínguez.

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La colilla de Revilla

Si he de creer a la prensa regional –y lo hago-, el Grupo Parlamentario Regionalista ha registrado una pregunta al Presidente Regional en la Cámara para su posterior debate.

Intento hacer memoria y creo que las iniciativas parlamentarias de este grupo, que tiene doce diputados, se cuentan con los dedos de las manos, en dos legislaturas, es decir, en siete años.

Alguno pensará que está bien que, para variar, tomen la iniciativa parlamentaria, ya que en Cantabria hay importantes problemas: más de 40.000 parados, y subiendo; la obra pública paralizada; los Presupuestos Generales del Estado, que contienen recortes para nuestra región que nos van a sumir aún más en la crisis; Valdecilla con las obras paradas y sin financiación;  cientos o miles de afectados por derribos, por la ley de costas, por la de montes; subidas de impuestos y previsiones de crecimiento preocupantes…en definitiva, un montón de problemas sobre los que hay que debatir y buscar soluciones.

Pero no, en el colmo del delirio nos encontramos que el Grupo Regionalista se ha movilizado por un tema con el que salir de su habitual letargo y tomar la iniciativa: ¿quién le pisa la colilla del puro a Revilla?.

Y sobre quién le pisa la colilla, así, como lo leen, se debatirá en un Pleno próximo. Parece psicodélico, pero es absolutamente cierto. También es cierto que es la primera vez que me avergüenza ser Diputado de esta Cámara, porque me pongo en la piel del ciudadano de la calle y sólo pensar en que treinta y nueve diputados dediquen su tiempo a abordar semejante papeleta es como para echar la persiana e irse.

Yo desconocía la costumbre de Revilla de dejar colillas de los puros en los quicios de las ventanas del Parlamento para seguir fumándolos a la salida, pero vaya por delante que me parece una cochinada considerable. Una colilla humeante y “rechupeteada”, abandonada en un quicio, invita, desde luego, a que cualquier persona con un mínimo de urbanidad la eche al suelo y la apague. Cualquiera que se encuentre algo así en el portal de su casa con seguridad lo haría. Supongo que si yo no lo he hecho es porque no lo he visto, así de sencillo.

Pero ocurre que para Revilla y su grupo parlamentario esto es asunto de estado, por tratarse de una falta de respeto a las colillas de sus habanos (que deben considerarse, desde este momento, bien de especial protección), y no se le ha ocurrido otra que mandar revisar las cintas de las cámaras de videovigilancia ubicadas en la calle (porque todo esto ha ocurrido en la calle). Movilizar un montón de empleados públicos para ver quién le apaga las colillas, revisando cintas, estaría por asegurar que es, como mínimo, algo muy irregular.

Es bochornoso y me produce vergüenza ajena que un Presidente Regional, que asiste, por lo general, a los plenos repanchingado y que se dedica en todos ellos a hacer dibujitos mientras le entra por una oreja y le sale por la otra lo que allí se debate ( paro, industria, sanidad, impuestos ) , reaccione y ponga en marcha su maquinaria parlamentaria porque alguien le ha pisado una colilla.

Una colilla que no es una colilla cualquiera, que es la colilla de Revilla que, incomprensiblemente, no estaba custodiada por las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, y claro, pasan estas cosas.

El problema de ir demasiado a La Noria y otros rosáceos espacios es que el espíritu se contagia y acaba por contaminar hasta el debate político, plagándolo de chorradas varias y morbillo marujil.

Tentado estoy de presentar otra iniciativa para su debate sobre quién se ha comido el chicle que dejé pegado en mi escaño.

La pregunta parlamentaria regionalista dice “si ha notado algún comportamiento inadecuado por parte de algún Diputado”, y yo la respondo: sí, sin duda alguna, hay un Diputado con bigote que va dejando colillas chupeteadas en las repisas del Parlamento, ¿no les parece suficientemente inadecuado?.

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¿Cómo están ustedes? Yo mal, gracias.

He tenido el blog abandonado. Lo sé; pero debo decir que llevo una temporada bastante fastidiado,  con una hernia de disco que me ha tenido postrado (nunca mejor dicho) de la cama al sofá y viceversa.

Alguno pensará que en la cama se puede escribir, lo que es cierto, pero no se trata tanto de poder como de tener ganas o la actitud conveniente, ya que cuando se está dolorido no es sencillo mantenerse en la ironía y, por el contrario, es fácil interpretar la actualidad en términos políticamente poco correctos. Vamos, que me salen las palabrotas y no es plan.

No es que ahora esté mejor, de hecho estoy peor, pero al menos la lista de espera va corriendo y veo con optimismo (fundado o infundado)  que se acerca el momento en que metan mano al dichoso disco y pueda recuperar mi habitual porte erguido, abandonando de una vez por todas el actual estado de neanderthal encorvado, que es como se suele representar a nuestros remotos ancestros en los gráficos sobre la evolución humana.

Varias veces me he puesto delante del teclado para comentar las ocurrencias de algún que otro personaje, pero he tenido que frustrar el intento al comprobar que lo que la cabeza me pedía era cagarme en los muertos del elemento de turno, lo que está muy feo.  Mira por dónde uno empieza a entender la psicología del Doctor House, y es que el dolor crónico avinagra bastante el carácter.

Se han perdido para la posteridad jocosos comentarios que, sin duda, hubieran producido determinadas manifestaciones públicas, y es que el verano ha sido prolijo en manifestaciones de ésas que hacen que se te caigan los palos del sombrajo. ¿Los idiotas, acaso, no toman vacaciones?. Parece ser que no.

Ya decía alguien que es mucho peor un tonto que un malvado, porque los tontos no descansan.

Así que nada he podido decir, sin el recurso fácil a la palabrota, sobre nuestro Presidente, a pesar de sus provocaciones (me refiero al Presidente de España, es decir, al jefe y mentor del nuestro de andar por casa). Si, ese mismo que dijo que los parados que hacen cursillos no están parados, sino trabajando por el bien del país. ¿Trabajando gratis por el bien del país?, coño, igual que los que hicieron las pirámides o el Valle de los Caídos. En mi colegio a eso los llamaban algo así como esclavos. Me he debido quedar obsoleto.

Tampoco se me ocurría nada que no fuera punible sobre la comparecencia de ese simpar líder sindical, de nombre Méndez, en ese foro llamado La Noria, (y cuyo nombre está muy bien puesto, porque cada vez que veo una entrevista mamporrera de Don Jordi, es que me dan mareos y hasta nauseas). Que te duela la pierna, desde su nacimiento, en lo alto del culo, hasta el mismísimo dedo gordo, y que te intenten explicar que hay que hacer huelga por la reforma laboral, pero no contra el gobierno que aprueba la reforma, sino contra la oposición que pasaba por ahí, los empresarios –seres malvados cuyo fin social es sacarnos los ojos- y contra el capital, que es una cosa que tiene alguna gente de esa que no paga impuestos, de verdad que incita a decir cosas de pésimo gusto.

Y como siempre anda de guardia algún torquemadilla para replicarlas torticeramente y meterte en un lío, he optado por guardar mis obscenos pensamientos para otra ocasión.

Lo mejor de la entrevista del citado líder sindical, que no puedo olvidar, fue aquello de que no pedían la dimisión de Zapatero, sino la dimisión de su actual reencarnación (¡). ( Puesto que cada reencarnación se supone que se produce en un ser más evolucionado y virtuoso que el precedente, no queremos ni imaginarnos en cuál habitaba nuestro Presidente actual, aunque he escuchado por ahí que las apuestas se decantan por una ameba o a lo sumo un protozoo).

Se trata, pues, de la primera huelga general budista que uno recuerda. Normal que saliera mal en un país donde la gente pide dimisiones en las huelgas sin entrar en disquisiciones de naturaleza mística.

Como pueden ver, la actualidad ha estado sembrada, pero uno no estaba en su mejor momento.

Mil disculpas.

Estos de abajo son los famosos Golfos Apandadores. Unos aprendices, como verán a continuación.

 

Digo esto porque acabo de leer que Revilla ya nos anuncia una subida de impuestos para “mantener las políticas sociales”. Por supuesto, ni habla de recortar los gastos no sociales (que son muchísimos), ni dará las cuentas de las empresas públicas para que veamos en qué se gasta de verdad una buena parte de nuestro dinero. No hay asomo de austeridad por ninguna parte. Es más sencillo y menos traumático seguir ordeñando la vaca famélica de la clase media.

Porque al final pagaremos más todos, ya que con incrementar el IRPF de los que ganan 70.000 euros al año a través de una nómina (que son muy poquitos) no se recauda ni para pipas. Los ricos no lo son por una nómina.

Esquilmarán a la clase media hasta que no haya nada que esquilmar. Descenderá el gasto de la gente, mermará su capacidad de ahorro, se cerrarán empresas, irá más gente al paro y se realimentará el círculo vicioso de este país, que tenía una economía de Liga de Campeones, aunque ahora juegue en la fase de descenso de la regional preferente.

¿Con esta medida conseguirán recaudar el equivalente al gigantesco pufo llamado GFB en que nos metieron, precisamente, los autores de esta reforma? Ni de lejos. 45 millones de euros (que es lo que tiraron Revilla y Agudo en ese desastre son demasiados millones). Y eso es sólo un ejemplo.

Yo no soy vidente, pero no hace falta serlo para saber que con este reforma progresista de Agudo y Revilla pagaremos todos más. Los que ganan más de 70.000 euros no deben preocuparse demasiado, más debieran preocuparse quienes ganan mucho menos, porque van a pagar también este dislate y lo van a hacer con mucha menos renta.

Lo están logrando, no cabe duda: Estamos a punto de ser un país nórdico en impuestos, magrebí en servicios y caribeño en transparencia democrática. ¿No sería esto lo de la alianza de las civilizaciones?. Me parece que sí.

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Antagonistas

Este domingo en Tele Bahía emitieron una interesante entrevista a mi profesor y amigo, Miguel Ángel García Guinea. Había estado con él y su familia el sábado anterior, en el pueblo, donde tantas veces nos reunimos para charlar, y me comentó que no estaba muy contento por el resultado, pues creía haber estado algo confuso.

Para variar no estoy de acuerdo con esa valoración, ya que “el Dire” (que es como le llamamos sus antiguos discípulos y amigos) quizás ha perdido un poco de agilidad dialéctica, pero mantiene la misma lucidez de pensamiento de siempre. ¡Ya quisiéramos llegar a su edad en sus condiciones físicas y mentales!.

La entrevista que hizo Fran Girao fue muy amena, y García Guinea se anduvo sin rodeos. Los que no le conozcan quizás piensen que El Dire ha alcanzado esa sinceridad directa y nada contemporizadora de los viejos, pero lo cierto es que no es así. Yo le conozco desde el año 1983 y siempre ha sido así.

Guinea habló muy claro sobre lo que opina de Revilla en general, y de la actuación del gobierno en relación con la agresión al patrimonio regional en el conocido caso del emplazamiento del macromolino de Vestas,  sobre el yacimiento cántabro de Celada Marlantes.

No cabe duda de que Guinea y Revilla son los perfectos antagonistas, como el día y la noche. Ya que he compartido muchísimas horas con el profesor, sé perfectamente que nuestro actual Presidente acumula aquellos defectos que más exasperan a Miguel Ángel.

En todos estos años no recuerdo haber escuchado una mentira a García Guinea, ni grande, ni pequeña. Tampoco le he visto jamás actuar de forma interesada, y mucho menos de forma deshonesta. Es un hombre extremadamente tolerante, justo,  austero y humilde. Odia la soberbia y es profundamente escéptico con los dogmas y con los hombres.

Contó en la entrevista que en un acto, en el que coincidió con Revilla, el regionalista le dijo “con el índice en alto”, que mientras él fuese presidente no se instalaría en Cantabria ni un solo molino, “ni uno sólo” (me imagino perfectamente el tono enfático de Revilla, que es el que usa habitualmente para intentar dar mayor crédito a sus habituales mentiras).

Grave error es manifestarse así ante una de esas personas (quedan muy pocas) que otorgan tanto valor a la palabra dada como a un contrato notarial. Guinea le creyó y por eso ahora se siente irremediablemente estafado.

Esto tampoco es nuevo. El Dire siempre ha sido muy incómodo para el poder. Tan incómodo como sólo lo puede ser quien es incorruptible y quien actúa guiado por sus convicciones, al margen de cualquier tipo de interés.

¿Cómo hacer que se pliegue al poder una persona sin ambiciones materiales, cuyo mayor anhelo es bañarse en un río limpio y que encuentra la máxima expresión de libertad en la comunión con la naturaleza? Posiblemente no hay manera.

Por eso ha mantenido siempre posiciones de absoluto enfrentamiento con los poderes públicos de Cantabria. Todavía recuerdo la guerra frontal que mantuvo con Juan Hormaechea a cuenta de unas oposiciones en las que coincidieron como tribunal, (y como ésa hubo muchas más y en muchos ámbitos).

Revilla ha perdido esta batalla porque su rival tiene el arma definitiva: la credibilidad. Una credibilidad ganada a pulso, durante años. Una credibilidad fuera de toda duda y reconocida en todos los círculos intelectuales de nuestra región. Una credibilidad que está por encima de credos políticos y de intereses más o menos confesables.

Pero la guerra la ganará el gobierno si no lo evitamos entre todos, porque hacen falta demasiados Quijotes para parar esta invasión de molinos que esconden tantos y tan oscuros intereses. Poderoso caballero es Don Dinero.

Así que el castro cántabro, asediado y asolado por las tropas romanas en la antigüedad, está perdiendo este nuevo y definitivo asedio de un gobierno regional que se dice regionalista, y que ha vendido los restos de su memoria por no sabemos cuántos platos de lentejas. Sorprendente paradoja.

Yo, por mi lado, me reconforto pensando que la historia tomará su venganza, y a Revilla y su obra, que tanto le importa trascender la historia, guiado como está por una ridícula soberbia, el tiempo le convertirá en una breve entrada en la Wikipedia, mientras que la obra de Guinea (que jamás ambicionó memoria alguna) seguirá viva en las futuras generaciones.

Sé que a Guinea eso le da igual, pero a mi siempre me han gustado los finales felices.

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Muera la intelectualidad traidora y viva la suegra borracha.

Como si de una reencarnación del general franquista Millán-Astray se tratase, Miguel Ángel Revilla anda estos días a la greña con eruditos y expertos de Cantabria. Sólo le ha faltado decir aquello de “muera la intelectualidad traidora” (muera la inteligencia) que el citado militar dedicó a Don Miguel de Unamuno en su célebre altercado.

El primero de los enfrentamientos lo ha tenido nuestro poco ilustrado Presidente con los historiadores García Guinea, Iglesias Gil y Bohigas Roldán, que han encabezado, recientemente, una clara oposición a ese destrozo que está suponiendo la instalación del gigantesco aerogenerador de Vestas en el entorno del principal yacimiento arqueológico de la cultura cántabra prerromana: el castro de Celada-Marlantes.

Un gobernante ignorante es siempre un peligro público, y no se puede calificar de otra forma a quien no duda en consentir una agresión semejante en el entorno de uno de nuestros principales vestigios históricos (¿no había otro lugar donde instalar el mamotreto?), ni duda en vapulear a miembros tan destacados de nuestra comunidad científica, simplemente por manifestarse contra la gubernamental burrada.

Contrasta esta actitud virulenta de Revilla, con su apoyo temerario a pintorescos investigadores americanos que vienen a Cantabria con una beca para descubrir la rueda.¿Recuerdan a Kaplan, aquel que afirmaba que el castellano nació en Valderredible y que tanta promoción recibió de Revilla?.

Está claro que dentro de este concepto chabacano de la cultura, siempre será más importante la opinión de cualquier forastero becado, (de cualificación desconocida), que la de investigadores autóctonos de larguísima trayectoria y reconocido prestigio, y que son quienes, de verdad, han hecho una enorme labor por el conocimiento y la difusión de la cultura de Cantabria; que no sólo de sobaos y anchoas vive el hombre.

Mucho me temo que Revilla, que anda a la greña con destacados miembros de la historiografía científica regional, es más adepto de esa “otra corriente” que igual se inventa una bandera con un lábaro, que nos deleita con representaciones de guerreras cántabras macizas-con bikini modelo Rachel Welch en “hace un millón de años”-, a lomos de un ancestro de Furaco.

Digo esto porque no salgo de mi asombro por las manifestaciones de Revilla, que acabo de leer, en las que dice que el molino de Vestas “no destroza nada en Valderredible” por tener a cuatro kilómetros un yacimiento “supuestamente interesante”.

Un poquito de geografía (y de historia) no le vendrían mal al Presidente. Si el molino que instala Vestas junto al yacimiento de Celada no destroza nada en Valderredible, se debe, fundamentalmente, a que está en otro municipio, el de Campoo de Enmedio; y calificar al principal yacimiento de la Cantabria prerromana como algo “supuestamente interesante” creo que clarifica bastante bien su nivel cultural, su conocimiento de la historia regional, y su interés real por nuestro patrimonio histórico.

“No podemos querer tener a la suegra borracha y la bota llena”, ha sido su principal argumento para defender la tropelía del aerogenerador de marras. En fin, otros somos de la opinión de que es mejor que la gente, sean suegros o demás parientes, se mantenga alejada de la bodega, que de lo contrario se hacen y se dicen muchas tonterías.

No contento con enfrentarse a los científicos de letras, Revilla también ha repartido las del pulpo para los de ciencias, y todo porque el Colegio Oficial de Ingenieros de Caminos ha dicho algo tan evidente como que el AVE no llegará en 2015 a Santander porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.

Por mucho que el pseudo-AVE que nos ha prometido Fomento baje de Reinosa a velocidad de tren tranvía, (porque ya me dirán ustedes qué clase de AVE es éste que va a circular por una plataforma decimonónica con más curvas y rampas que la subida de Peña Cabarga), ni aún así llegará a Santander en 2015. Si llevan siete años para mover dos papeles, ¿quién puede creerse que ahora, que no hay un duro y andan buscando financiación privada para las obras públicas, van a correr todo lo que no corrieron en su momento? Por decir algo tan evidente, los ingenieros han sido calificados por nuestro Presidente de “rescoldos de los agoreros”.

Está claro que a Revilla, como a Millán Astray, le conviene, o que muera la inteligencia, o que, al menos, nos unamos a nuestras suegras en familiar borrachera, porque hay que ser muy iluso, -o estar muy bebido- para creerse esta continua e ilimitada cantidad de patrañas con que pretende llegar a las elecciones, ahora que su riñón, afortunadamente, se lo permite.

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